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martes, 31 de marzo de 2015

REFLEXIONES SOBRE EL VOTO CATÓLICO (1)

No importa que esté demostrado científicamente que el aborto es un crimen de lesa humanidad. Por otra parte -y cínicamente- se defienden los llamados "derechos humanos" (¡a saber qué se entiende por ello: derecho a decidir el propio sexo, derecho al aborto ... derecho a lo peor, vamos!). 

Mientras tanto, la verdad acerca de las cosas parece que no importa demasiado; sólo medrar y conseguir el mayor número posible de votos ... aunque para ello haya que llamarle blanco a lo que es negro y viceversa. ¿Qué más da? Ante una sociedad adormecida como la nuestra, una sociedad claramente pagana y egoísta, que rechaza a Dios y, como consecuencia, rechaza todo aquello que suponga algún tipo de esfuerzo; una sociedad que valora -por encima de todo- el confort y la comodidad ... ¡a esta sociedad no le hables ni le pidas ningún tipo de sacrificio! El bienestar es lo único que importa. [ un "bienestar" que, por cierto, está muy mal repartido]. 

Los políticos cuentan con ello. Tienen esa baza en el bolsillo y saben perfectamente que, ante una masa cretinizada, desmemoriada y sin capacidad de crítica (¡por algo tienen la educación en su poder!), ganarán las elecciones -sin ningún género de duda- aquellos que dominen el conjunto de los medios de comunicación (todos los medios, si fuera posible). 

Una vez logrado su "triunfo" sólo resta elegir como representante a quien haya demostrado tener una mayor caradura para ganarse a la gente mediante la retórica. Es esencial que el leader hable siempre convencido de lo que dice -que represente bien su "papel"- diciéndole a la gente lo que la gente quiere oir. En ningún momento debe apelar a la sensatez o al razonamiento sino a los intereses mezquinos de las personas a las que habla ... teniendo en cuenta que es el que más grita y el que más disgustado parece (como si realmente lo estuviera) el que tiene más posibilidades de ganar: su "disgusto" -que debe parecer auténtico- tendrá como base la acusación a los otros partidos -sobre todo al partido del gobierno- a los que hará responsables de todas las calamidades que padece la nación. 

Al mismo tiempo se le hará creer a la gente que ellos son los únicos que pueden hacer frente a esos males: la gente, exaltada por esas palabras, se cargará de odio y de rencor y les votará a ellos, por más que esté suficientemente demostrado que quien les habla está profiriendo toda una sarta de mentiras; y que ellos son más corruptos que aquellos a quienes pretenden sustituir. Por desgracia, lo único que le importa a la gente, cuando está exaltada [y de conseguirlo se encargan los políticos] es encontrar un cabeza de turco, alguien a quien echar la culpa de todo lo que está pasando. Y arremeter contra él, aunque sea inocente. Ya no importa que les engañen, ni siquiera que se contradigan en lo que dicen, diciendo cosas distintas en lugares diferentes: eso es puramente anecdótico. La influencia de una minoría en las masas está muy estudiada pues cuenta, además, con el control de todos -o la mayoría- de los medios de comunicación.


Tampoco importa que los que les hablan incumplan luego lo que han prometido, incluso aunque estas promesas vengan por escrito en su programa. Una vez en el Poder, el que llegue -no importando quién sea- cambiará lo que quiera cambiar (con mayor o menor rapidez, según sea de izquierdas o de derechas), por más que sea justo lo contrario de lo que había prometido. La gente tiene mala memoria; de manera que, si eso sucede (que sucederá) todos callarán. Y si -por casualidad- hay todavía alguno que se queja, pues peor para él: ¡que se aguante y que no les hubiera votado! Pero es que hay más: la gente olvida; y cuando vengan otra vez nuevas elecciones, el sujeto en cuestión volverá a votar de nuevo a los mismos que lo engañaron, "casi" con total seguridad (según demuestra la historia) ... salvo honradas excepciones, de personas que aún piensan. Los seres humanos somos así de extraños. 

Por otra parte, me pregunto: ¿Acaso el que vota a un partido piensa (¡de verdad, de verdad!) que tal partido va a cumplir lo que ha prometido? Sinceramente, no lo creo, pero de todo hay en la viña del Señor. En realidad, no tenemos que remontarnos muy lejos en el tiempo. La historia reciente se ha encargado de demostrar que los partidos que llegan al Poder no cumplen lo que habían prometido. 

Alguien pensará que es lógico y de sentido común que así sea. Y, en cierto modo, tienen razón: debe contarse con el hecho de que quien llega al Poder puede encontrarse con una serie de datos y de circunstancias que desconocía cuando escribió su programa electoral. Por lo tanto, ante hechos nuevos, soluciones nuevas ..., que ya no coincidirán con las que habían prometido. Y estoy de acuerdo en que, efectivamente, eso es bastante frecuente que ocurra.

Ahora bien: este razonamiento no vale para todo. Hay situaciones en las que lo que se ha prometido al electorado puede cumplirse perfectamente y, sin embargo, no se lleva a efecto por cobardía. Una prueba muy reciente la tenemos en el caso del PP, un partido que aun teniendo la mayoría absoluta, ha sido incapaz de llevar adelante la reforma de la ley del aborto, a sabiendas de que muchos de sus votantes lo fueron porque pensaron que tal reforma se llevaría a cabo. Este punto estuvo clarísimo en su campaña pre-electoral. Pero ... lo que nos hemos encontrado, una vez que han llegado al Poder ... o sea, la realidad, es que no han movido ni un solo dedo. Ahí continúa-  "legal" e inamovible- el mal llamado "derecho" al aborto

Pero es que, por si aún quedara alguna duda, no hay más que leer las declaraciones de Celia Villalobos vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados y esposa de Pedro Arriola, el principal asesor de Mariano Rajoy: “Lo que no cabe en mi partido es personas que dicen no al aborto”. Así de clara fue la diputada del PP, Celia Villalobos, en un programa de televisión. Se pueden ver más noticias pinchando aquí

Es una verdadera pena que la política, que siempre se ha entendido -al menos en teoría- como un servicio al bien común, se haya quedado en lo que tenemos ahora: corrupción, corrupción y más corrupción. Y, por supuesto, a la hora de pedir responsabilidades, los malos son siempre  los otrosAunque parezca increíble, así es. Eso es lo que hay. No cabe duda de que habrá casos -¡seguro!- en los que se impartirá justicia. De lo contrario, este mundo no podría seguir adelante ... lo cual no quita para que cerremos los ojos ante las flagrantes injusticias que se están cometiendouna de ellas -la que más clama al Cielo- es la muerte de tantos inocentes en el seno de su madre; muerte oficialmente permitida por las autoridades de turno

En fin: si algo claro tenemos -para desdicha nuestra- es que hoy en día todo el que desee ser honrado lo tiene muy difícil ... y esto en cualquier profesión [probablemente siempre haya sido así, pero aquí hablamos de lo que ahora vemos y no de lo que nos han contado]. Pienso en un juez honesto, en un político insobornable, en un médico íntegro, en un profesional auténtico ... Todos saben que existen, pero son tan poco corrientes, se ven tan poco, que cualquiera que lea los adjetivos que he asignado a los sustantivos, puede echarme en cara - y posiblemente, con toda la razón del mundo- que vivo en el país de las maravillas [Tengo una eximente a mi favor; y es el hecho constatable de que -mejor que peor- el mundo ha ido saliendo adelante hasta ahora, lo que hubiera sido imposible si tales personas no hubieran existido. Habrá pocas, pero "haberlas las hay"; me atrevo a decir que más de las que pensamos ... aunque, lógicamente, no son noticia]

En todo caso -me parece a mí- puesto que cada uno es responsable de sus actos y debe dar cuenta de ellos ante Dios, sería bueno que antes de votar a un determinado partido político se lo pensara más de dos veces. Me estoy refiriendo a los que son católicos, o se consideran tales; aunque también a todo aquél que tenga buena voluntad y sentido común. Solemos actuar bajo la presión del miedo, del llamado "mal menor", porque nos gusta la seguridad. Y es normal. Es muy humano que pensemos así. Sin embargo, nuestro criterio de actuación no debería de ser ése, sino el dejarnos conducir por la verdad

Ningún partido posee toda la verdad acerca de todas las cosas, la mayoría de las cuales son discutibles. Pero hay opciones que no pueden votarse"¡No matarás!"El matar no es una opción que se pueda votar. Luego si se vota a un partido que está a favor del aborto, se está siendo cómplice en ese asesinato y, por lo tanto, un católico incurriría en excomunión "latae sententiae"; es decir, de modo automático quedaría fuera de la Iglesia. (Código de Derecho Canónica, núm 1398). Esto lo querremos ver o no, pero es la verdad, pura y dura. Claro está que alguien me dirá enseguida: ¿A quién voto entonces, si todos los partidos políticos mayoritarios están a favor del aborto? Hablaremos de ello en la próxima entrada.
(Continuará)

domingo, 29 de marzo de 2015

¿PUEDE SER LEGAL EL ABORTO?

*Sobre el aborto ya he escrito en este blog en varias ocasiones, además de los dos post anteriores, aunque no en todas como materia única sino formando parte de un conjunto. Por ejemplo aquí , aquí y aquí. Lo que pretendo en esta entrada es que el lector llegue a la conclusión, por otra parte evidente, de que ninguna ley humana puede ir contra la ley de Dios, contra la ley natural. Si tal ocurriera estaríamos ante una ley injusta, la cual ni puede ni debe ser obedecida, ya que "es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech 5, 29) 

* El Magisterio de la Iglesia repetida y definitivamente ha enseñado que el aborto siempre es gravemente inmoral [es decir, NO HAY EXCEPCIONES]. Véase Catecismo de la Iglesia Católica (CIC)  puntos 2270 a 2275.




* De los 27 puntos de la Congregación para la Doctrina de la Fe en su Declaración sobre el aborto, copio un extracto de algunos de esos puntos:

2. No se puede invocar jamás la libertad de opinión para atentar contra los derechos de los demás, muy especialmente contra el derecho a la vida.

11. El primer derecho de una persona humana es su vida. (...) No pertenece a la sociedad ni a la autoridad pública, sea cual fuere su forma, reconocer este derecho a uno y no reconocerlo a otros: toda discriminación es inicua, ya se funde sobre la raza, ya sobre el sexo, el color o la religión

12. Una discriminación fundada sobre los diversos períodos de la vida no se justifica más que otra discriminación cualquiera. El derecho a la vida permanece íntegro en un anciano, por muy reducido de capacidad que esté; un enfermo incurable no lo ha perdido. No es menos legítimo en un niño que acaba de nacer que en un hombre maduro. En realidad el respeto a la vida humana se impone desde que comienza el proceso de la generación. Desde el momento de la fecundación del óvulo, queda inaugurada una vida que no es ni la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. No llegará a ser nunca humano si no lo es ya entonces.


13. La ciencia actual, en su estado más evolucionado, no da ningún apoyo sustancial a los defensores del aborto.

20. (...) Parece que el legislador no considera ya el aborto como un crimen contra la vida humana, toda vez que en su legislación el homicidio sigue siendo siempre gravemente castigado. Es verdad que la ley no está para zanjar las opiniones o para imponer una con preferencia a otra. Pero la vida de un niño prevalece sobre todas las opiniones: no se puede invocar la libertad de pensamiento para arrebatársela.

21. La ley humana (...) no puede declarar honesto lo que sea contrario al derecho natural, pues una tal oposición basta para que una ley no sea ya ley.

22. Un cristiano no puede ni participar en una campaña de opinión en favor de semejante ley, NI DARLE SU VOTO, ni colaborar en su aplicación. Es, por ejemplo, inadmisible que médicos o enfermeros se vean en la obligación de prestar cooperación inmediata a los abortos y tengan que elegir entre la ley cristiana y su situación profesional.

* Finalmente, en la Encíclica Evangelium Vitae podemos encontrar varios párrafos de algunos puntos que ahondan acerca de la ilegalidad de las leyes que amparan el aborto provocado (ya hemos hablado sobre la gravedad del aborto y cómo incurren en excomunión todos aquellos cristianos que, de alguna manera, lo apoyan, aunque sea con su voto).
PODER DEL ESTADO DEMOCRÁTICO

19. El Estado deja de ser la « casa común » donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos. Parece que todo acontece en el más firme respeto de la legalidad, al menos cuando las leyes que permiten el aborto o la eutanasia son votadas según las, así llamadas, reglas democráticas. Pero en realidad estamos sólo ante una trágica apariencia de legalidad, donde el ideal democrático, que es verdaderamente tal cuando reconoce y tutela la dignidad de toda persona humana, es traicionado en sus mismas bases.

¿DERECHO AL ABORTO?

20. Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad: « En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo del pecado » (Jn 8, 34).

(...) En la perspectiva materialista expuesta hasta aquí, las relaciones interpersonales experimentan un grave empobrecimiento. Los primeros que sufren sus consecuencias negativas son la mujer, el niño, el enfermo o el que sufre y el anciano. (…) Se aprecia al otro no por lo que « es », sino por lo que « tiene, hace o produce ». Es la supremacía del más fuerte sobre el más débil.


59. La responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicar abortos. (...) Finalmente, no se puede minimizar el entramado de complicidades que llega a abarcar incluso a instituciones internacionales, fundaciones y asociaciones que luchan sistemáticamente por la legalización y la difusión del aborto en el mundo. En este sentido, el aborto va más allá de la responsabilidad de las personas concretas y del daño que se les provoca, asumiendo una dimensión fuertemente social: es una herida gravísima causada a la sociedad y a su cultura por quienes deberían ser sus constructores y defensores.

62. 
El Concilio Vaticano II (...) señaló que "tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos". (68)

« Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión latae sententiae » (70) es decir, automática.  [Código de Derecho Canónico num. 1398]. La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido (71): con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión.

Y continúa el papa Juan Pablo II, en modo solemne:  


Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos —que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina—, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es SIEMPRE un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal (73). 

Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia.

ABORTO Y DEMOCRACIA

70. Cuando una mayoría parlamentaria o social decreta la legitimidad de la eliminación de la vida humana aún no nacida, inclusive con ciertas condiciones, ¿acaso no adopta una decisión « tiránica » respecto al ser humano más débil e indefenso? La conciencia universal reacciona justamente ante los crímenes contra la humanidad, de los que nuestro siglo ha tenido tristes experiencias. Pero, ¿acaso estos crímenes dejarían de serlo si, en vez de haber sido cometidos por tiranos sin escrúpulo, hubieran estado legitimados por el consenso popular?

En realidad, la democracia no puede mitificarse convirtiéndola en un sustitutivo de la moralidad o en una panacea de la inmoralidad. Fundamentalmente, es un « ordenamiento » y, como tal, un instrumento y no un fin. Su carácter « moral » no es automático, sino que depende de su conformidad con la ley moral a la que, como cualquier otro comportamiento humano, debe someterse; esto es, depende de la moralidad de los fines que persigue y de los medios de que se sirve. Sin una base moral objetiva la democracia se convierte fácilmente en una palabra vacía.


CONCIENCIA , LEYES INJUSTAS y OBJECIÓN DE CONCIENCIA

72. Si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia...; más aún, en tal caso, la autoridad dejaría de ser tal y degeneraría en abuso ». (95)

Esta es una clara enseñanza de santo Tomás de Aquino, que entre otras cosas escribe: « La ley humana es tal en cuanto está conforme con la recta razón y, por lo tanto, deriva de la ley eterna. En cambio, cuando una ley está en contraste con la razón, se la denomina ley inicua; pero en este caso deja de ser ley y se convierte más bien en un acto de violencia » (96). Y añade: « Toda ley puesta por los hombres tiene razón de ley en cuanto deriva de la ley natural. Por el contrario, si contradice en cualquier cosa a la ley natural, entonces no será ley sino corrupción de la ley » (97 )

73. En el caso de una ley intrínsecamente injusta, como la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, « ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto » (98)

74. Los cristianos, como todos los hombres de buena voluntad, están llamados, por un grave deber de conciencia, a no prestar su colaboración formal a aquellas prácticas que, aun permitidas por la legislación civil, se oponen a la Ley de Dios. En efecto, desde el punto de vista moral, nunca es lícito cooperar formalmente en el mal. (...) El rechazo a participar en la ejecución de una injusticia no sólo es un deber moral, sino también un derecho humano fundamental (...) Quien recurre a la objeción de conciencia debe estar a salvo no sólo de sanciones penales, sino también de cualquier daño en el plano legal, disciplinar, económico y profesional.


89El respeto absoluto de toda vida humana inocente exige también ejercer la objeción de conciencia ante el aborto procurado y la eutanasia



José Martí

viernes, 27 de marzo de 2015

EXCOMUNIÓN Y ABORTO

Lo que se entiende por aborto está -o debe de estar- muy claro. Sobre su gravedad ya he escrito algo en la anterior entrada, citando la Encíclica Evangelium Vitae del papa Juan Pablo II. En cuanto a la EXCOMUNIÓN es un término que pocos conocen: ¿Qué es? ¿Cuándo se recae en ella? ¿Qué conlleva? ¿Cómo se puede salir de esa situación de excomulgado?, etc...


Lutero, excomulgado
Para conocer con más detalle lo que se refiere a la "excomunión" se puede acceder, por ejemplo, al Código de Derecho Canónico , en particular a alguno de los cánones del 1311 al 1399, cuyos enlaces adjunto.


LIBRO VI DE LAS SANCIONES EN LA IGLESIA

PARTE I.  DE LOS DELITOS Y PENAS EN GENERAL

TÍTULO I DEL CASTIGO DE LOS DELITOS EN GENERAL (Cann. 1311 – 1312)
TÍTULO II DE LA LEY PENAL Y DEL PRECEPTO PENAL (Cann. 1313 – 1320)
TÍTULO III DEL SUJETO PASIVO DE LAS SANCIONES PENALES (Cann. 1321 – 1330)
TÍTULO IV DE LAS PENAS Y DEMÁS CASTIGOS (Cann. 1331 – 1340)

CAPÍTULO I DE LAS CENSURAS
CAPÍTULO II DE LAS PENAS EXPIATORIAS
CAPÍTULO III DE LOS REMEDIOS PENALES Y PENITENCIAS

TÍTULO V DE LA APLICACIÓN DE LAS PENAS (Cann. 1341 – 1353)


TÍTULO VI DE LA CESACIÓN DE LAS PENAS (Cann. 1354 – 1363)


PARTE II. DE LAS PENAS PARA CADA UNO DE LOS DELITOS

TÍTULO I DE LOS DELITOS CONTRA LA RELIGIÓN Y LA UNIDAD DE LA IGLESIA (Cann. 1364 – 1369)

TÍTULO II DE LOS DELITOS CONTRA LAS AUTORIDADES ECLESIÁSTICAS Y CONTRA LA LIBERTAD DE LA IGLESIA (Cann. 1370 – 1377)


TÍTULO III DE LA USURPACIÓN DE FUNCIONES ECLESIÁSTICAS Y DE LOS DELITOS EN EL EJERCICIO DE LAS MISMAS (Cann. 1378 – 1389)


TÍTULO IV DEL CRIMEN DE FALSEDAD (Cann. 1390 – 1391)


TÍTULO V DE LOS DELITOS CONTRA OBLIGACIONES ESPECIALES (Cann. 1392 – 1396)


TÍTULO VI DE LOS DELITOS CONTRA LA VIDA Y LA LIBERTAD DEL HOMBRE (Cann. 1397 – 1399)


De todos modos, puede resultar más claro -en mi opinión- la lectura de otras páginas web, más sencillas, que traten sobre este tema, de modo expreso. Para ello puedes pinchar aquí , aquí  aquí o aquí. Y si lo que se quiere es estudiar este asunto de la excomunión con más extensión y profundidad, puede pincharse aquí. Cada cual conoce sus necesidades, así como el tiempo de que dispone.

En cualquier caso, para tener un conocimiento mínimo y seguro, he sacado unos trabajos de la Conferencia Episcopal  Española, en concreto de su Comité Episcopal para la Defensa de la Vida, que viene en forma de preguntas y respuestas; eso sí la excomunión viene referida aquí sólo al caso del aborto, que es de lo que estamos hablando ahora. He copiado los puntos 76 a 89, aunque lo relativo a la excomunión es a partir del punto 79. 

LOS CATÓLICOS ANTE EL ABORTO

76. ¿Qué entiende la Iglesia por aborto?


La Iglesia Católica entiende por aborto la muerte provocada del feto, realizada por cualquier método y en cualquier momento del embarazo desde el instante mismo de la concepción. Así ha sido declarado el 23 de mayo de 1 988 por la Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico.


77. La cuestión del aborto provocado, ¿es sólo un problema científico, político o social?

Ciertamente, no. Esta cuestión es, desde luego, un problema científico, político y social grave. Pero también es, y en gran medida, un serio problema moral para cualquiera, sea o no creyente.


78. ¿Tenemos los católicos obligaciones adicionales acerca de la cuestión del aborto, respecto de los no católicos o no creyentes?

Todo hombre y toda mujer, si no quieren negar la realidad de las cosas y defienden la vida y la dignidad humanas, han de procurar por todos los medios lícitos a su alcance que las leyes no permitan la muerte violenta de seres inocentes e indefensos. Pero los cristianos, entre los que nos contamos los católicos, sabemos que la dignidad de la persona humana tiene su más profundo fundamento en el hecho de ser hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que quiso ser hombre por amor a todos y cada uno de nosotros. 
Por eso los católicos, si vivimos nuestra fe, valoramos en toda su dimensión el drama terrible del aborto como un atentado contra esta dignidad sagrada. Más que de obligaciones adicionales, pues, habría que hablar de una más profunda y plena comprensión del valor de la persona humana, gracias a nuestra fe, como fundamento para nuestra actitud en favor de la vida, ya que sabemos que el olvido de Dios lleva con más facilidad al olvido de la dignidad humana.

79. Como católica, ¿en qué incurre una persona que realiza o consiente que le realicen un aborto?

Quien consiente y deliberadamente practica un aborto, acepta que se lo practiquen o presta una colaboración indispensable a su realización, incurre en una culpa moral y en una pena canónica, es decir, comete un pecado y un delito.


80. ¿En qué consiste la culpa moral?

La culpa moral es un pecado grave contra el valor sagrado de la vida humana. El quinto Mandamiento ordena no matar. Es un pecado excepcionalmente grave, porque la víctima es inocente e indefensa y su muerte es causada precisamente por quienes tienen una especial obligación de velar por su vida. 
Además, hay que tener en cuenta que al niño abortado se le priva del Sacramento del Bautismo.

81. ¿Qué es una pena canónica?

La pena canónica es una sanción que la Iglesia impone a algunas conductas particularmente relevantes, y que está establecida en el Código de Derecho Canónico, vigente para todos los católicos.


82. ¿En qué pena canónica incurre quien procura un aborto?

El que procura un aborto, si sabe que la Iglesia lo castiga de este modo riguroso, queda excomulgado
. El Canon 1398 dice: "Quien procura un aborto, si éste se produce, incurre en excomunión Latae sententiae". 
Por otra parte, el Canon 1041 establece que el que procura un aborto, si éste se consuma, así como los que hayan cooperado positivamente, incurre en irregularidad, que es el impedimento perpetuo para recibir órdenes sagradas.

83. ¿Qué quiere decir incurrir en excomunión?

Significa que un católico queda privado de recibir los Sacramentos mientras no le sea levantada la pena: no se puede confesar válidamente, no puede acercarse a comulgar, no se puede casar por la Iglesia, etc. El excomulgado queda también privado de desempeñar cargos en la organización de la Iglesia.


84. ¿Qué quiere decir que una excomunión es Latae sententiae?

Con esta expresión se quiere decir que el que incurre en ella queda excomulgado automáticamente, sin necesidad de que ninguna autoridad de la Iglesia lo declare para su caso concreto de manera expresa.


85. ¿Significa algo especial la frase “si éste -el aborto- se produce”?

Sí. Quiere decir que, para que se produzca la pena de excomunión, el aborto debe consumarse, es decir, el hijo ha de morir como consecuencia del aborto. Si, por cualquier circunstancia, el aborto no llega a consumarse, no se producirá la excomunión, aunque se dará el pecado.


86. En el caso del aborto, ¿quiénes incurren en la pena de excomunión?

Si se dan las condiciones que configuran la pena de excomunión, en este caso quedan excomulgados, además de la mujer que aborta voluntariamente, todos los que han prestado colaboración indispensable a que se cometa el aborto: quienes lo practican, quienes los ayudan de modo que sin esa ayuda no se hubiera producido el aborto, etc.


87. ¿Qué razón de ser tiene que el aborto está condenado por una pena canónica tan grave como es la excomunión?

La razón de ser de esta norma es proteger -también de esta manera, no sólo con la catequesis y la recta formación de la conciencia- la vida del hijo desde el instante mismo de la concepción, porque la Iglesia se da cuenta de que la frágil vida de los hijos en el seno materno depende decisivamente de la actitud de los más cercanos, que son, además, quienes tienen más directa y especial obligación de protegerla: padres, médico, etc. Luego, cuando el niño nazca, estará ya además protegido de alguna manera por la sociedad misma. 
La Iglesia ha entendido siempre que el aborto provocado es uno de los peores crímenes desde el punto de vista moral. El Concilio Vaticano II dice a este respecto: "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de proteger la vida, que se ha de llevar a cabo de un modo digno del hombre. Por ello, la vida ya concebida ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables" (Const. "Gaudium et Spes").

88. Pero ya que en los últimos años cada vez hay más Estados que permiten el aborto, ¿no habría sido un gesto de benevolencia de la Iglesia el haber mitigado las penas para los católicos que aborten?

La Iglesia pudo haber cambiado, en la última y profunda revisión del Código de Derecho Canónico culminada en 1983, la pena de excomunión que pesa sobre los que procuran conscientemente un aborto, pero no lo hizo así precisamente porque en las últimas décadas se ha producido en todo el mundo una acusada relajación de la sensibilidad de las gentes (y también de muchos creyentes) hacia este crimen. Y si bien esta mayor laxitud social, que ejerce una presión cierta sobre las conciencias, puede disminuir la gravedad del delito en algunos casos, una atenuación de la pena habría suscitado, inevitablemente, la errónea idea de que la Iglesia considera hoy el aborto provocado como menos grave que antes, cuando, evidentemente, no es así. 
La Iglesia es Madre y Maestra; como Madre, es lenta para la ira y fácil para el perdón, pero como Maestra no puede desvirtuar el depósito de la doctrina legado por Dios, y no puede decir que está bien lo que está mal, ni puede dar pie a que nadie suponga que actúa de esta manera.

89. ¿Puede suceder que alguna persona consienta o colabore en un aborto y no incurra en excomunión?

Sí. Dado que en Derecho Canónico no existe delito si no hay pecado grave, hay circunstancias en las que no se incurre en esta pena, que requiere plena imputabilidad. Por ejemplo, no quedan excomulgados los que procuran un aborto si ignoran que se castiga con la excomunión; los que no tengan conciencia de que abortar voluntariamente es pecado mortal; los que han intervenido en un aborto forzados con violencia irresistible contra su voluntad o por miedo grave; los menores de edad...; en general, los que han obrado sin plena advertencia y pleno consentimiento.

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Esta realidad de la excomunión para aquellos católicos que voten a partidos abortistas (que son prácticamente todos, como veremos en una entrada posterior) es desconocida por la inmensa mayoría de los católicos, a quienes no se les ha hablado nunca de ello.

Sería una obligación, primero de todos los sacerdotes, en sus respectivas parroquias; y luego -y sobre todo- de los obispos y del propio Sumo Pontífice, realizar esta pastoral del conocimiento de la propia doctrina; y, en el caso que estamos considerando, todo aquello que esté relacionado no sólo con lo que es el aborto en sí sino también con la pena en la que incurre cualquier católico que sea cómplice, de alguna manera, de promover el aborto en la sociedad. Dicha pena, como ya se ha dicho, es la de excomunión; y así aparece reflejado en el artículo 1398 del Código de Derecho Canónico. Una excomunión "latae sententiae", es decir, automática, sin necesidad de ninguna autoridad externa que la pronuncie. 

Dado que, además, prácticamente todos los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión, internet, etc...) son contrarios a la Iglesia, se hace necesaria la intervención directa de todos los obispos, con el Papa a la cabeza, para enseñar estas verdades a los fieles católicos, puesto que las desconocen. Tal pronunciamiento tendría, como consecuencia, su repercusión inmediata en todos los medios, que saldrían como leones dispuestos a atacar a la Iglesia. Pero bueno, ¿qué de extraño tiene que el mundo odie a los cristianos y, de modo especial, a los católicos?  ¿Acaso no se trata de anunciar la Verdad y de defender a la persona y el bien común? Pues, siendo eso así, como lo es, ¿por qué tanto miedo a manifestarse, con libertad, como lo que uno es, pese a quien pese y caiga quien caiga? 

Este silencio de los pastores, en mi opinión, no es otra cosa que cobardía y capitulación ante el mundo. Tal vez ha llegado el momento de que sean los seglares quienes den ese testimonio audaz, sin que les importe el qué dirán, del que tan esclavos son, por desgracia, algunos de nuestros pastores: ¡por ellos tenemos que pedir! De su valentía va a depender el que la verdadera Iglesia siga su camino hacia adelante, el camino del auténtico progreso que es el que se dará en la medida en que la gente conozca y ame a Jesucristo ¿Difícil? Sí. Nadie dijo nunca que ser cristiano fuera algo fácil. ¿Imposible? En absoluto; pero debemos de rezar y tener fe, pedírsela al Señor con insistencia, sin cansarnos, pues "¡todo es posible para el que cree!" (Mc 10, 23). "Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe" (1 Jn 5, 4)

miércoles, 25 de marzo de 2015

EVANGELIUM VITAE: GRAVEDAD DEL ABORTO




Hoy, solemnidad de la Anunciación del Señor, se cumplen 20 años de la encíclica EVANGELIUM VITAE del sumo Pontífice Juan Pablo II dirigida a los católicos y a todas las personas de buena voluntad. Dicha encíclica trata sobre el VALOR Y EL CARÁCTER INVIOLABLE DE LA VIDA HUMANA. La fecha elegida para su publicación es significativa, pues fue cuando la Virgen María concibió en su vientre al Hijo de Dios por obra y gracia del Espíritu Santo. Nueve meses después, el 25 de diciembre, nacería el niño Jesús. 

Puesto que la Encíclica toca bastantes temas relativos a la vida, en esta entrada me centraré tan solo en lo que se dice sobre la suma gravedad del aborto, como un crimen execrable cometido contra una persona humana inocente e indefensa; y que atenta directamente contra el quinto mandamiento de la ley de Dios: "No matarás" (Ex 20, 13) Sólo Dios, que nos ha creado y nos ha dado la vida, puede disponer de ella, como decía el santo Job, después de ser sometido por Satán a una dura prueba (pues se quedó sin hacienda y sin hijos): "Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Bendito sea el Nombre del Señor" (Job 1, 21). 


Y, sin embargo, esta gravedad del aborto se ha ido debilitando en la conciencia de muchos, labor en la que han influido mucho la mayoría de los medios de comunicación, que presentan como un progreso lo que es, claramente, un retroceso hacia etapas ya superadas de la historia de la humanidad.

Un católico jamás puede estar a favor del aborto, ni siquiera siendo cómplice votando a partidos abortistas. Según el Código de Derecho Canónico art. 1398 : "Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión, latae sententiae" . Es decir, se sitúa fuera de la Iglesia (y no tiene acceso a los sacramentos) latae sententiae (es decir, automáticamente, sin necesidad de que ninguna autoridad eclesiástica lo declare de manera expresa para su caso concreto). Si se quiere una mayor información sobre el tema pueden leerse unos trabajos del Comité Episcopal para la Defensa de la Vida, sobre el Aborto provocado (este Comité forma parte de la Conferencia Episcopal Española). Lo referente a la excomunión se encuentra en los puntos 79 a 89.

A continuación, me limito a copiar algunos puntos de la Encíclica Evangelium Vitae, del papa Juan Pablo II, firmada el 25 de marzo de 1995, hace exactamente 20 años. A veces alteraré el orden de algunos puntos. Casi siempre serán fragmentos de un punto de la EV; de ahí que se encuentren también puntos con el mismo número, pero el contenido es diferente.

GRAVEDAD DEL ABORTO

53. "Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término: nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente" (41) Con estas palabras la Instrucción Donum vitae expone el contenido central de la revelación de Dios sobre el carácter sagrado e inviolable de la vida humana.

EL ABORTO COMO CRIMEN

58. Entre todos los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. 

62. El Magisterio pontificio más reciente ha reafirmado con gran vigor esta doctrina común. En particular, Pío XI en la Encíclica Casti connubii rechazó las pretendidas justificaciones del aborto. (65) Pío XII excluyó todo aborto directo, o sea, todo acto que tienda directamente a destruir la vida humana aún no nacida, « tanto si tal destrucción se entiende como fin o sólo como medio para el fin ». ( 66 ) Juan XXIII reafirmó que la vida humana es sagrada, porque « desde que aflora, ella implica directamente la acción creadora de Dios ».(67) El Concilio Vaticano II condenó con gran severidad el aborto: « se ha de proteger la vida con el máximo cuidado desde la concepción; tanto el aborto como el infanticidio son crímenes nefandos ».(68)

DERECHO A LA VIDA DE TODOS LOS SERES HUMANOS


57. « Nada ni nadie puede autorizar la muerte de un ser humano inocente, sea feto o embrión, niño o adulto, anciano, enfermo incurable o agonizante. Nadie además puede pedir este gesto homicida para sí mismo o para otros confiados a su responsabilidad ni puede consentirlo explícita o implícitamente. Ninguna autoridad puede legítimamente imponerlo ni permitirlo » (Congregación para la Doctrina de la Fe). (52). (...) Ante la norma moral que prohíbe la eliminación directa de un ser humano inocente « no hay privilegios ni excepciones para nadie. No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra: ante las exigencias morales somos todos absolutamente iguales » (Veritatis splendor). (53)

MUERTE DE PERSONAS INOCENTES

57. Si se pone tan gran atención al respeto de toda vida, incluida la del reo y la del agresor injusto, el mandamiento « no matarás » tiene un valor absoluto cuando se refiere a la persona inocente. Tanto más si se trata de un ser humano débil e indefenso, que sólo en la fuerza absoluta del mandamiento de Dios encuentra su defensa radical frente al arbitrio y a la prepotencia ajena. (…) Por tanto, con la autoridad conferida por Cristo a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con los Obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eliminación directa y voluntaria de un ser humano inocente es siempre gravemente inmoral. Esta doctrina, fundamentada en aquella ley no escrita que cada hombre, a la luz de la razón, encuentra en el propio corazón (cf. Rm 2, 14-15), es corroborada por la Sagrada Escritura, transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. (51)

ACEPTACIÓN SOCIAL

58. Hoy, sin embargo, la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. Ante una situación tan grave, se requiere más que nunca el valor de mirar de frente a la verdad y de llamar a las cosas por su nombre, sin ceder a compromisos de conveniencia o a la tentación de autoengaño. A este propósito resuena categórico el reproche del Profeta: « ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal!; que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad » (Is 5, 20). Precisamente en el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de « interrupción del embarazo », que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: el aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.

62. Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI pudo declarar que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable.(72) Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos —que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina—, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal. (73)

Ninguna circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia.

SANCIONES DISCIPLINARES A LOS QUE FAVORECEN EL ABORTO

62. La disciplina canónica de la Iglesia, desde los primeros siglos, ha castigado con sanciones penales a quienes se manchaban con la culpa del aborto y esta praxis, con penas más o menos graves, ha sido ratificada en los diversos períodos históricos. El Código de Derecho Canónico de 1917 establecía para el aborto la pena de excomunión.( 69 ) También la nueva legislación canónica se sitúa en esta dirección cuando sanciona que « QUIEN PROCURA EL ABORTO, SI ÉSTE SE PRODUCE, INCURRE EN EXCOMUNIÓN LATAE SENTENTIAE » (70) (C.D.C nº 1398) es decir, automática. La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación el delito no se hubiera producido:(71) con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión.

OBJECIÓN DE CONCIENCIA

89. Es peculiar la responsabilidad confiada a todo el personal sanitario: médicos, farmacéuticos, enfermeros, capellanes, religiosos y religiosas, personal administrativo y voluntarios. Su profesión les exige ser custodios y servidores de la vida humana. (…) En el contexto cultural y social actual, en que la ciencia y la medicina corren el riesgo de perder su dimensión ética original, ellos pueden estar a veces fuertemente tentados de convertirse en manipuladores de la vida o incluso en agentes de muerte. Ante esta tentación, su responsabilidad ha crecido hoy enormemente y encuentra su inspiración más profunda y su apoyo más fuerte precisamente en la intrínseca e imprescindible dimensión ética de la profesión sanitaria, como ya reconocía el antiguo y siempre actual juramento de Hipócrates, según el cual se exige a cada médico el compromiso de respetar absolutamente la vida humana y su carácter sagrado. El respeto absoluto de toda vida humana inocente exige también ejercer la objeción de conciencia ante el aborto procurado y la eutanasia

MEDIOS DE COMUNICACIÓN, POLÍTICA Y PROGRESO

Los medios de comunicación social son con frecuencia cómplices de esta conjura, creando en la opinión pública una cultura que presenta el recurso a la anticoncepción, la esterilización, el aborto y la misma eutanasia como un signo de progreso y conquista de libertad, mientras muestran como enemigas de la libertad y del progreso las posiciones incondicionales a favor de la vida. (…) Está también en el plano cultural, social y político, donde presenta su aspecto más subversivo e inquietante en la tendencia, cada vez más frecuente, a interpretar estos delitos contra la vida como legítimas expresiones de la libertad individual, que deben reconocerse y ser protegidas como verdaderos y propios derechos.

NO TENER MIEDO

82.  Y, sin embargo, al anunciar este Evangelio, no debemos temer la hostilidad y la impopularidad, rechazando todo compromiso y ambigüedad que nos conformaría a la mentalidad de este mundo (cf.Rm 12, 2). Debemos estar en el mundo, pero no ser del mundo (cf. Jn 15, 19; 17, 16), con la fuerza que nos viene de Cristo, que con su muerte y resurrección ha vencido el mundo (cf. Jn 16, 33).


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Nota: El padre Jorge ha escrito un artículo en el que se puede leer (¡es una lectura amena!) hasta qué extremo de locura estamos llegando los seres humanos: no sólo los animales en extinción, sino incluso las simples mascotas han pasado a ser, para algunos, más importantes que las personas..

jueves, 19 de marzo de 2015

La teoría de los mitos y la fe (P. Alfonso Gálvez)

Hay una campaña orquestada contra la Iglesia, a nivel mundial. Y una campaña que no es sólo del mundo, que de por sí odia a la Iglesia, sino que tiene lugar también en el seno de la propia Iglesia: lo insólito, lo increíble, hecho realidad: la Iglesia perseguida por ella misma. Y se persigue precisamente a aquellos cristianos que defienden la fe de toda la vida, la que se ha ido manteniendo durante siglos, desde Jesús hasta el papa Pío XII. 

El Concilio Vaticano II estuvo muy influido por las corrientes modernistas. Y los frutos saltan a la vista. Me vienen a la mente las siguientes palabras de Jesús: "Todo reino dividido contra sí mismo será desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no subsistirá" (Mt 12, 25). La verdadera Iglesia, aquella de la que dijo Jesús que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18), se encamina de modo acelerado hacia un estado catacumbal. A los que queden, que serán cada vez menos, van dirigidas estas palabras del Señor: "No temas, mi pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros el reino" (Lc 12, 32). 

El que ama a Dios confía en Dios y, por lo tanto, cree en Él. De manera que no debemos de tener ningún miedo. Pues, según el apóstol san Juan: "Ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe" (1 Jn 5, 4). Aunque la crisis de fe que existe hoy en el mundo ha alcanzado unas dimensiones como jamás se habían producido antes, a lo largo de la historia de la Iglesia, sin embargo, estamos convencidos de que "todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios" (Rom 8, 28). 

Y ése debe de ser todo nuestro empeño: procurar amar a Jesucristo, cada día más, con todas nuestras fuerzas, haciendo lo que esté de nuestra parte ... pero, al mismo tiempo, con la confianza puesta completamente en Dios, convencidos de que Él pondrá el resto, pues "en sus manos estamos" (Josué 9, 25). De esto no nos debe de caber la menor duda: "No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros" (Jn 14, 18).

Sobre el asunto de las persecuciones que sufre hoy la Iglesia he seleccionado un párrafo de una homilía del padre Alfonso Gálvez, al que he titulado "La teoría de los mitos y la fe" y que da nombre a esta entrada del blog. Escucharlo lleva 2 minutos y 49 segundos. Merece la pena.

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miércoles, 18 de marzo de 2015

Cuidado con los falsos profetas (22) [Seguridad]

Hoy abundan los falsos profetas"Surgirán muchos falsos profetas -dice Jesús- que engañarán a muchos" (Mt 24, 11). El falso profeta piensa como el mundo y es escuchado por el mundo"Ellos son del mundo: por eso hablan cosas mundanas, y el mundo los escucha" (1 Jn 4, 5). ¿Cómo podemos distinguir un falso profeta de un verdadero profeta? Pues, como siempre, fijándonos y meditando en las palabras de Jesús. De los falsos profetas dice: Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así se comportaron sus padres con los falsos profetas" (Lc 6, 26). Un apóstol de Jesucristo debería de tener muy en cuenta esta exhortación: si todo el mundo habla bien de él, es señal inequívoca de que algo está fallando; y de que su enseñanza no está siendo la que Jesús nos enseñó.  

De ahí la necesidad de estar prevenidos y no fiarnos de todos. Así dice Jesús: "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapacesPor sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 15-16b). No en las palabras, sino en los frutos en donde debemos fijarnos "El que permanece en Mí y Yo en Él ése da mucho fruto, porque sin Mí no podéis hacer nada" (Jn 15, 5). De manera que los frutos a los que se refiere el Señor, para que no nos llamemos a engaño, consisten en permanecer en Él. No habla de los demás, sino de permanecer unidos a Él mediante un amor auténtico ... Ciertamente, ello redundará -pero siempre como consecuencia y en segundo lugar- en un amor verdadero hacia el prójimo: éste no se concibe si no está primero de por medio el Amor a Dios. Esto es muy importante, pues sólo así podremos discernir entre la verdad y la mentira con respecto a lo que el Señor entiende por "frutos".


A mí, en particular, sin entrar en juicios de ningún tipo, pero sí señalando hechos reales y contrastables, me preocupa, con relación al papa Francisco, el hecho concreto de que prácticamente todo el mundo hable bien de él ... pues vienen a mi mente -sin que pueda evitarlo- las palabras del Señor, señaladas más arriba: Ay cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así se comportaron sus padres con los falsos profetas" (Lc 6, 26). Pues, además, quienes mejor hablan del Papa son los enemigos declarados de la Iglesia: ateos, masones, agnósticos, etc.... Podemos verlo en abundantes entradas de este blog ( por ejemplo, aquí, aquí, aquí y  aquí ):  ¡Éste es el Papa que la Iglesia necesitaba! -dicen. ¡Ya iba siendo hora! ... Hora, ... ¿de qué? ... Pues, según ellos, hora de que la Iglesia se adapte ya, de una vez, al mundo en el que vive y de que no siga anclada en el pasado. De manera que las "verdades" que el mundo entiende como tales deben ser aceptadas por la Iglesia ... ¡ y sólo entonces se podrá decir que estamos ante una Iglesia moderna, una Iglesia que evoluciona teniendo en cuenta los "signos de los tiempos"! ¡Y ya no será tan perseguida!. En otras palabras: la Iglesia debe dejarse de mandangas y dedicarse sólo a los problemas de este mundo, que son los auténticos y los únicos, puesto que -en realidad- no hay otro mundo ... Todo eso de Dios y de Jesucristo, son "teorías" ya superadas, anticuadas y obsoletas, "cuentos" para viejas, que deben dejar paso a lo nuevo, al verdadero "progreso" que es el que el mundo le ofrece. Así la Iglesia se llenará de "fieles"; de lo contrario se irá quedando cada vez más sola. 

Pero, claro está: si la Iglesia se confunde con el mundo pierde su propia identidad ¿y qué novedades puede aportarle ya al mundo? Si el centro pasara a ser el hombre y su autonomía y Dios quedara relegado a un segundo o tercer plano (o incluso reducido al silencio o a la devoción privada) ... si esto ocurriera ... podríamos estar seguros de que tendríamos ante nosotros "otra realidad" que no tendría nada que ver con la verdadera Iglesia, aquella que Cristo fundó y de la que dijo que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mt 16, 18). Seguirá manteniendo -eso sí- el mismo nombre de Iglesia, para confusión de muchos cristianos- pero eso no sería ya la Iglesia de Cristo, en quien habría dejado de creer como verdadero Dios y verdadero hombre.   


El hombre ha estado empeñado, desde siempre, en sustituir a Dios y en ser "dios" él mismo, ser él -y no Dios- quien dictamine acerca de todo, de lo bueno y de lo malo. Es más: ser él el único "dios". Tal ocurrió ya con nuestros primeros padres, que cayeron en la tentación diabólica del "seréis como Dios" (Gen 3, 4). Y los hombres de hoy siguen con este mismo empeño de destronar a Dios y de ocupar ellos su lugar, dejándolo relegado al olvido o a la leyenda. ¿Cómo conseguirlo?
A mi entender, el modo "sui generis" de proceder del hombre "moderno" de hoy consiste en fabricar un "dios" humanizado que sea inteligible para el hombre, que no tenga secretos, ..., un dios de todos, que abarque a toda la humanidad ... hasta el punto de que dé lo mismo tener una religión u otra (judíos, protestantes, musulmanes, hindúes, budistas, etc ... todos estarían metidos en el mismo saco) o incluso no tener ninguna (En realidad, esto sería algo secundario porque -en realidad, de verdad- cada hombre es dios para sí mismo y, como autónomo, se dicta sus propias normas). 

Se habría llegado así una religión universal, sólo para este mundo, en la que todos seríamos "hermanos" [extraña hermandad, pues si cada uno tiene su "dios" que -en definitiva- es él mismo ¿cómo puede hablarse de un padre común a todos?]. La única verdad sería la que cada uno decidiera para sí, una "verdad" cambiante con el tiempo y que no tendría por qué coincidir con la "verdad" que los demás decidieran para ellos [Un auténtico desastre intelectual y humano, en donde el diálogo entre personas sería imposible, dado que cada palabra significaría una cosa diferente para las diferentes personas que intentan comunicarse: ¡de locura, vamos! ... Esto es todo lo que el hombre puede dar de sí cuando se dedica a jugar a ser dios. La catástrofe está asegurada al 100%]. En esta "nueva religión" -si es que se le puede llamar así- la salvación estaría asegurada para todos ... en el supuesto caso (improbable) de que tuviese algún sentido hablar de salvación, en ese nuevo modo de pensar, según el cual no existe otro mundo que éste y todo acaba con la muerte.




La norma suprema a la que tendrían que atenerse todos los miembros de esta "nueva religión" (es decir, todos los hombres) sería la de que ninguno de ellos podría pretender jamás tener, él solo, la verdad absoluta. Solamente al relativismo se le puede atribuir ese carácter de absoluto. La única verdad absoluta es que la verdad absoluta no existe se afirma aquello mismo que se niega, cayendo así en una manifiesta contradicción] 


Si bien se piensa no cabe descartar que (en el fondo y en la superficie) la verdadera razón  por la que la Iglesia Católica es tan perseguida es el hecho de que se presenta a sí misma como poseyendo toda la verdad ... algo que el mundo no le perdona, ni le perdonará nunca: ninguno está dispuesto a aceptar que le digan lo que tiene que hacer. Cualquier influencia externa es considerada como un ataque a la libertad, entendida ésta como autonomía e independencia: nadie tiene derecho a meterse en la conciencia de los demás, que es la que dictamina acerca de lo bueno y de lo malo. 


Ésta podría ser, a mi entender, una de las causas por las que la Iglesia es odiada y perseguida por el mundo, el cual hará uso de todos sus poderes -y más, si los hubiera- al objeto de destruir esa influencia "nefasta y perniciosa" (según ellos) de la Religión católica, dado que es ésta la única que se atribuye a sí misma la posesión de la verdad absoluta, lo cual es cierto. De todos modos, no deja de ser curioso el hecho comprobado de que la seguridad de un católico acerca de la verdad de su fe no es ninguna petulancia; el católico, que lo sea de verdad, no presume de nada, porque es consciente de que todo cuanto tiene le ha sido concedido como un don.

La Religión católica no es ningún invento humano. La fundación de la Iglesia no es obra de hombre, sino que es obra de Dios, encarnado en la Persona de su Hijo (Jesucristo). El origen de la Iglesia católica es divino: no hay ningún ser humano que pueda atribuirse a sí mismo el origen de la Iglesia. Tan solo Cristo es el único fundador de la Iglesia ... pero Jesucristo no es un mero hombre, sino que es hombre y es también Dios

La Resurrección de Jesucristo, por su propio poder, es prueba y garantía de su divinidad ... Esta verdad es esencial al catolicismo, hasta el punto de que si fuese negada, éste no tendría ya ningún sentido. Y podríamos decir, con san Pablo: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe, aún estamos en nuestros pecados" (1 Cor 15, 17). "Si sólo para esta vida tenemos puesta la esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres" (1 Cor 15, 19). 


Lo que ciertamente es así: ¿Qué sentido tiene jugarse la vida, y estar dispuestos a morir -si fuese preciso- por algo que es falso y que es, simplemente, producto de la invención o de la imaginación de un simple hombre como nosotros?  Desde luego, que sería completamente absurdo. Nadie se juega su vida por una utopía inexistente o por una leyenda.

Por eso la Iglesia católica no tiene parangón con el resto de religiones. En éstas el hombre se construye sus propios "dioses" (en los que realmente no cree, puesto que son obra suya). No ocurre así con la religión judía y mucho menos con la religión católica, pues en estos casos el hombre no se inventa nada. En particular, en el segundo caso, que es el que ahora nos ocupa, sucede que es Dios mismo, el Señor de todo lo creado, quien tomando nuestra "carne" se hace hombre, sin dejar de ser Dios, en la Persona Divina de Jesucristo, que asume, como propia, nuestra naturaleza humana. Aquí se aprecia, sin ninguna duda, la diferencia sustancial de la Religión católica con el resto de religiones (excepción hecha de la religión judía)  


Ya, desde sus comienzos, la Iglesia no hubiera tenido ningún "problema" (difamaciones, calumnias, injurias, persecuciones, martirios, ...) si Jesucristo hubiese entrado a formar parte del panteón de los dioses, como un dios más entre ellos. Pero no fue así. Esto es cierto también para el pueblo judío: "No tendrás otro Dios fuera de Mí" (Ex 20, 3). Pero es que ese Dios al que se hace referencia en el Antiguo Testamento es el mismo que Jesucristo anunció a los judíos, a quienes dijo: "No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirla, sino a darle cumplimiento" (Mt 5, 15). 


De ahí que el Antiguo Testamento sólo pueda entenderse bien a la luz del Nuevo Testamento. En ambos casos hablamos de un único Dios; pero ese Dios invisible se manifestó en un determinado momento de la historia, mostrándonos su Amor al tomar "carne" en la Persona de su Hijo, Jesucristo quien, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre. Y por eso pudo decir de sí mismo: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 14, 30), proclamando así su divinidad, la cual atestiguó con su Resurrección real en cuerpo y alma. Jesucristo nos dio a conocer a ese único Dios como Trinidad de Personas (y eso es algo que el pueblo judío no acepta). 


En otro momento de su existencia histórica dijo Jesús: "Yo soy la Verdad" (Jn 14, 6). Pues bien, resulta que es esta Verdad -verdad absoluta- que se identifica con el mismo Jesucristo, la que anunciaron los primeros cristianos. Hasta tal punto estaban ellos convencidos y seguros de la divinidad de Jesús -como también de su humanidad- que se sentían orgullosos y contentos de ser perseguidos e incluso de dar su vida antes que renegar de Jesucristo. Los Apóstoles, por ejemplo, a quienes se azotó por hablar en el nombre de Jesucristo, una vez que fueron soltados "se retiraron gozosos de la presencia del Sanedrín por haber sido dignos de sufrir ultrajes a causa de su Nombre" (Hech 5, 41).



Otro punto importante a tener en cuenta es el que se refiere al discurso del Pan de Vida. Después de hablar Jesús la mayoría de sus discípulos lo abandonaron. Y se quedaron solos, Él y los Doce. Entonces los interpeló y les dijo: "¿También vosotros os queréis marchar?" (Jn 6, 67). Pero Pedro le respondió:  "¿A quién iremos, Señor? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios." (Jn 6, 68-69). 


Este conocimiento de Jesús es el que, después de la venida del Espíritu Santo, les dio fuerzas a los Apóstoles para poder entregar su vida antes que renegar de Aquél a quien amaban, un Espíritu que transmitieron a todos los que se iban convirtiendo al Cristianismo. Y así continúa siendo, al día de hoy, con aquellos cristianos -¡que sigue habiéndolos todavía!- que se mantienen fieles a Jesucristo, en quien creen firmemente (¡con la seguridad absoluta que les viene de la fe que han recibido de Dios!) pese al inmenso número de dificultades y de obstáculos, de todo tipo, que tienen que afrontar.

El mundo considera como una locura esta seguridad que tiene el cristiano en Jesucristo. Pero, si a un cristiano se le priva de Jesucristo, que es su Amigo del alma y el Dios que lo ha creado, ¿qué sentido tendría su vida? El Amor en este mundo -y también en el otro- está ligado a Jesús quien, siendo Dios es también un hombre como nosotros. Si eliminamos de la vida el Amor, que es Dios encarnado en Jesucristo, ¿qué nos queda? Esta vida sería átona y gris, triste hasta el extremo; y sin ningún sentido. Eso es lo que nos quedaría si nos quitan a Jesús. Y eso es, por desgracia, lo que hoy se pretende y se está consiguiendo ya en muchos lugares del mundo.


No debemos llamarnos a engaño: la lucha actual que el mundo ha entablado contra Dios es, en realidad, una lucha contra el Amor.  "Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor(1 Jn 4, 8). Ese Amor del que tan necesitados estamos sólo se encuentra en Jesucristo. Son muchos los enemigos de Dios, los hijos del Diablo. Y, en palabras de Jesús "los hijos de este mundo son más sagaces para sus cosas que los hijos de la luz" (Lc 16, 8). Son muchos los falsos profetas que se presentan como verdaderos, pero niegan a Jesucristo, en quien no creen. Contra ellos nos previene el Señor, como ya hemos citado más arriba: "Guardaos de los falsos profetas ..." (Mt 7, 15). Lo propio del falso profeta es que ha dejado de amar a Dios, si es que pudiera decirse que alguna vez lo haya amado de verdad ... ha optado por este mundo y ha rechazado el Amor, sustituyéndolo por sucedáneos, que no son amor. Esta bella palabra "amor" se ha degradado y ha quedado reducida a sexo. Así lo entiende el mundo. Y por eso son desgraciados; pues tal amor no es búsqueda del otro, sino de sí mismo, de modo egoísta. Conduce a la soledad y al hastío de la vida. Todo lo contrario que el verdadero amor que Jesucristo vino a traernos, pero que nosotros no hemos querido aceptar.


Este mundo sólo pueden salvarlo los santos, de los cuales tan necesitado se encuentra. Por eso debemos pedir insistentemente al Señor que nos envíe esos santos que salven a su Iglesia y al mundo ... pues de lo contrario estamos perdidos. Si Él permite lo que está ocurriendo no cabe duda de que tendrá sus planes y no debemos de perder nunca nuestro amor, nuestra confianza y nuestra fe en El. Sabemos que "de Dios nadie se burla" (Gal 6, 7) y sigue siendo cierto que "todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios" (Rom 8, 28). Por lo tanto, podemos estar tranquilos en ese sentido, siempre que no nos durmamos, porque "nuestro adversario, el Diablo, ronda como león rugiente, buscando a quien devorar" (1 Pet 5, 8). 

Puesto que "la victoria que vence al mundo es nuestra fe" (1 Jn 5, 4), es preciso estar vigilantes y orar para que el Señor nos la conceda, conscientes de que nos la concederá si se lo pedimos, pues sabe que la necesitamos; y nos quiere. Nunca nos dejará solos. Y su amor por cada uno de nosotros es seguro.

Ojalá que pudiéramos decir con el apóstol san Pablo : "Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom 8, 38-39).
FIN