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viernes, 31 de octubre de 2014

El cristianismo, sin misterios, no es nada (3)

Sin embargo nos encontramos con una serie de frases y declaraciones del papa Francisco pronunciadas en diferentes ocasiones (homilías, discursos, entrevistas, etc.) que nos dejan un tanto perplejos y confundidos. Nos gustaría que no hubiesen sido pronunciadas, pero la verdad está por encima de nuestros deseos. Y no debe ser ocultada. Lo que el Papa ha dicho lo ha dicho y no podemos decir que no lo ha dicho o que quería decir otra cosa diferente de la que dijo. Eso sería faltar a la verdad. Y esto no nos lo podemos permitir, pues estaríamos actuando contra el mismo Dios, a quien amamos, y que en la Persona de su Hijo, afirmó: "Yo soy la Verdad" (Jn 14, 6). 

Transcribo a continuación sólo una pequeñísima muestra de algunas de las expresiones que ha pronunciado el Papa, en el año y medio que lleva de Pontificado, en lo que concierne básicamente a la idea de la Verdad y de su proclamación a las gentes. Tales frases -y muchas otras más, que van en la misma onda- están dando la vuelta al mundo. Y esto de modo continuado:


"El proselitismo es una solemne tontería y no tiene sentido" 

"No estoy interesado en convertir a los evangélicos al catolicismo"
- "Debemos compartir nuestra experiencia  (...)  Que aquellos que sean cristianos lo hagan con la Biblia y aquellos que sean musulmanes lo hagan con el Corán."
- "Cada uno tiene su propia idea del Bien y del Mal y debe elegir seguir el Bien y combatir el Mal como lo concibe. Bastaría eso para cambiar el mundo"
- "Los males más graves que afligen al mundo en estos tiempos son la desocupación de los jóvenes y la soledad en que se deja a los viejos""¿Es posible continuar así? -se pregunta-. Esto, pienso yo, es el problema más urgente que la Iglesia tiene ante sí", etc, etc, ...

[La negación de la existencia de una verdad absoluta es, en realidad, la negación de la divinidad de Jesucristo quien dijo de sí mismo: "YO SOY el Camino, LA VERDAD y la Vida" (Jn 14,6); en cambio, según el Papa actual si cada uno elige seguir el bien y combatir el mal COMO LO CONCIBE, eso bastaría para cambiar el mundo: ¡ésto es un disparate! y no expresa el sentir de la Iglesia de dos milenios de antigüedad. Es ciertamente preocupante que esas palabras hayan salido de la boca del papa Francisco]

Si aceptásemos estas expresiones como verdaderas, resultaría que:


1. Las misiones y el mandato de ir por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura, tal como dijo Jesucristo, habrían pasado al olvido.


2. Los católicos no podemos tener la pretensión de tener la verdad absoluta: cada uno tiene su verdad; y su idea de lo bueno y de lo malo. Aparece la conciencia individual como la regla esencial para distinguir entre el bien y el mal. Lo que dijo Jesucristo acerca de que Él es Dios y es la Verdad y que sólo sus palabras son palabras de vida eterna ... todo eso no tiene la menor importancia.




3. La rehabilitación de Lutero está a punto de llegar. Y si no al tiempo ... tal vez dentro de tres años, el 31 de octubre de 2017, fecha en la que se cumplen 500 años desde que fueron clavadas sus 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg. Éstas fueron condenadas por la bula Exsurge Domine del papa León X el 15 de junio de 1520. El Papa León X exigió que Lutero se retractara de sus tesis, pero el monje alemán, ya famoso en toda Europa, rechazó esta exigencia públicamente en la Dieta de Worms de 1521. Lutero fue excomulgado. Así se daba inicio a la Reforma protestante, que es la mayor catástrofe que ha sobrevenido a la Iglesia en toda su Historia hasta hoy, pues por primera la unidad de fe de la cristiandad quedó destruida en clara contradicción con la voluntad de su fundador: "Que todos sean uno" (Jn 17, 21). Una Reforma surgida desde el centro de la propia Iglesia y que está repercutiendo de modo negativo en la Iglesia católica actual, con la falsa noción de ecumenismo, tan extendida hoy. 


4. Amistad, comprensión y misericordia para con los enemigos de la Iglesia:  judíos, los musulmanes, los masones, los protestantes, los ateos, etc, al mismo tiempo que se ridiculiza y se ataca a los que se mantienen fieles a la Tradición de la Iglesia de toda la vida (éstos son unos intolerantes, que no se avienen a los nuevos tiempos; y para ellos sólo hay palabras duras, como si fueran todos unos fariseos que se atienen sólo a la letra y a las normas)


5. No es el pecado la causa de todos los males sino la corrupción, la cual es peor que los pecados -dice el Papa ... ¡Pero si la corrupción es un pecado! En todo caso, podría haber dicho que la corrupción es el peor de los pecados. Condena al infierno a todos los corruptos, pero sólo a ellos. El único pecado, propiamente dicho, sería el pecado social. Para todos los demás pecados 
la fórmula a seguir es: ¿Quién soy yo para juzgar?. Mientras tanto, la confusión en el pueblo cristiano cada vez es mayor, porque ésta no es la Iglesia que conocemos, ésta no es la Iglesia de siempre. Y, sin embargo, no nos podemos salir de ella, pues el papa Francisco sigue siendo el legítimo Papa, nos guste o no nos guste. Legalmente es así. Otra cosa distinta es que haya que tragarse todo lo que dice. Se impone aquí la necesidad del discernimiento, a la luz de la fe de la Iglesia. 


6. ¿Dónde aparece lo sobrenatural en los dichos papales? No se niega ningún dogma expresamente, pues eso supondría una destitución del Papa como hereje y, posiblemente, un cisma en el seno de la Iglesia. Pero la verdad es que no se habla de ellos, como si se tratase de algo sin importancia, cuando son la base de la vida de la Iglesia. Sin dogmas, la pastoral no tiene ningún sentido.


Lo que está ocurriendo es muy grave. Todo se reduce a lo natural; y lo sobrenatural y los misterios del Cristianismo brillan por su ausencia. No se habla de ellos. Y las palabras del Señor no pueden ser más claras: "Si alguno se avergüenza de Mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles" (Mc 8, 38).

(Continuará)

jueves, 30 de octubre de 2014

El Cristianismo, sin misterios, no es nada (2)

Pues bien: de todos los misterios del Cristianismo, el más misterioso -al menos para mí- es el hecho de que Dios nos amara del modo en que lo hizo (a cada uno): "Me amó y se entregó a Sí mismo por mí" (Gal 2, 20). Es realmente incomprensible este amor de Dios por nosotros, pero así es. Hago mías las palabras del salmista cuando dice: "¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él; y el hijo de Adán para que cuides de él?" (Sal 8, 5). 


Tremendo misterio éste de la Encarnación del Hijo de Dios: el mismo Dios, aquél "por quien todo fue hecho y sin el que nada se hizo de cuanto ha sido hecho" (Jn 1,3), "teniendo la forma de Dios, no consideró como presa codiciable el ser igual a Dios, sino que se anonadó a Sí mismo, tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres; y, en su condición de hombre, se humilló a Sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2, 6-8).


Se lee en el Credo que "por nosotros los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre". Se hizo realmente hombre, "probado en todo igual que nosotrosmenos en el pecado" (Heb 5, 15). 


Dos son, pues, las razones por las que se hizo hombre: Una de ellas es "nuestra salvación", la cual el era imposible debido al pecado original. Tal fue la gravedad del pecado de nuestros primeros padres, que afectó a toda la naturaleza humana, o sea, a todos sus descendientes, que somos nosotros, pues "en Adán todos murieron" (1 Cor 15, 22). Las puertas del cielo estaban cerradas para nosotros, ya que todos nacemos con el pecado original (pecado de naturaleza): un pecado, por cierto, del que podemos ser liberados por medio del bautismo, conforme a las palabras de Jesucristo: "Quien crea y sea bautizado se salvará; pero quien no crea, se condenará" (Mc 16, 16). 


La salvación es ahora posible, desde la venida de Jesucristo a este mundo. Anteriormente a su venida, los justos del Antiguo Testamento no podían entrar en el cielo, a causa del pecado de origen y se encontraban en el "seno de Abraham", un lugar semejante a lo que hoy sería el limbo. Una vez que Jesucristo ha venido a este mundo y, con su amor [manifestado hasta el extremo con la entrega total de su vida en la cruz] ha vencido al pecado, mediante la unión con Él en el Espíritu, su Victoria se hace también la nuestra. Y participamos de los méritos de Jesucristo como nuestros, todo lo cual es pura gracia y puro don, gratuito e inmerecido. 


Al ser Jesús Hijo de Dios [y Dios, por lo tanto], además de ser perfecto hombre, la participación en sus méritos se hace extensiva a toda la humanidad de todos los tiempos, también a los hombres que vivieron antes que Él; de este modo los justos del Antiguo Testamento, que se encontraban en el "seno de Abrahán", a la espera de Su venida, se encuentran ahora en el cielo gozando de la visión beatífica y el "seno de Abrahán" dejó de existir, una vez cumplido su cometido. 


Con la muerte de Jesucristo en la cruz, el pecado quedó vencido (redención objetiva). En esta muerte se puso de manifiesto el máximo amor posible, pues "nadie tiene amor más grande que el que da la vida  por sus amigos" (Jn 15,13). Desde que Jesús ha venido a este mundo y Dios se ha manifestado en Él, haciéndonos ver y entender su Voluntad, nuestra salvación sólo es posible "por Cristo, con Él y en Él", como se dice en la Santa Misa. Esta regla siempre es cierta y no admite excepciones: "Ningún otro Nombre hay bajo el Cielo por el que podamos salvarnos" (Hech 4, 12). Y esto es así hasta el punto de que "todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre" (1 Jn 2, 23). 



La prueba fetén de que Jesucristo es Dios la tenemos en su Resurrección. "Si Cristo no resucitó vana es nuestra predicación y vana también nuestra fe. Resultaríamos unos falsos testigos de Dios" (1 Cor 15, 14-15). "Si sólo para esta vida tenemos puesta la esperanza en Cristo, somos los más desgraciados de todos los hombres" (1 Cor 15, 19). "Pero no -continúa san Pablo- Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que durmieron. Porque como por un hombre vino la muerte, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Y como en Adán todos murieron, así también en Cristo todos serán vivificados" (1 Cor 15, 20-22)


Si la salvación sólo, única y exclusivamente nos puede venir de Jesucristo no se entiende, ni puede entenderse, el "diálogo" con las demás religiones. Todo verdadero diálogo se caracteriza por la búsqueda de la verdad. Pero es preciso buscar en ausencia de todo tipo de interés personal y con puro corazón. Sólo así podremos encontrar a Aquel que es la Verdad y que da sentido a toda la existencia: el único Dios verdadero. Pues bien: este Dios, que es "el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob (...) ha glorificado a su Hijo Jesús" (Hech 3, 13). "En Él [en Jesucristo] Dios cumplió lo que había anunciado de antemano por boca de todos los profetas" (Hech 3, 18). 


Los cristianos creemos en la divinidad de Jesucristo. Y esta realidad, que es fundamental para la fe de la Iglesia, no es compartida con ninguna otra religión. ¿Cómo va a ser lo mismo una religión que otra? 

[Sobre este tema ya he escrito extensamente en varias entradas de este  mismo blog . Indico sólo algunas de ellas a las que se puede acceder desde aquí directamente pinchando en cada una de las palabras anteriores subrayadas]


(Continuará)

martes, 28 de octubre de 2014

El Cristianismo, sin misterios, no es nada (1)

No debemos olvidar que cuando hablamos de la Religión católica nos estamos moviendo en el terreno de lo sobrenatural. El cristianismo entró en el mundo como una Religión llena de misterios: la Creación, el Pecado, la Encarnación, la Trinidad, Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, María como madre de Dios, la Cruz, la Resurrección real de Jesús, en cuerpo y alma, y su Ascensión a los Cielos, la Eucaristía con Cristo realmente presente bajo las especies del pan y del vino, la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo (santa y pecadora a un tiempo), la existencia real del cielo y del infierno,  etc... Evidentemente, y como misterios que son, no podemos comprenderlos

El sepulcro vacío
Lejos de rechazar al Cristianismo por sus misterios, son éstos los que lo hacen más creíble. Como está escrito: "Lo que ni ojo vio, ni oído oyó, ni llegó al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que le aman" (1 Cor 2, 9).  Además, si "nadie conoce lo que hay en Dios sino el Espíritu de Dios" (1 Cor 2, 11b) "que lo penetra todo, hasta las profundidades de Dios" (1 Cor 2, 10), "y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido" (1 Cor 2, 12)

Entonces, si tenemos su Espíritu, ¿no es lógico esperar que ese Espíritu nos enseñe lo sublime, lo grandioso, lo inconcebible, lo inexplicable, lo maravilloso, lo misterioso que hay en Dios? Y esto no lo digo yo. Son palabras de Nuestro Señor: "El Espíritu Santo que el Padre enviará en mi Nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas que os he dicho" (Jn 14, 26). Poco cuadraría a la divinidad de Jesús el habernos enseñado únicamente cosas que podíamos aprenderlas por nosotros mismos o de algún otro hombre


Los misterios son verdades que se sustraen a nuestra mirada, no porque sean oscuros en sí mismos, que no lo son, [al contrario: son verdades luminosas y sublimes] sino porque nuestros ojos no son capaces de alcanzarlos por sus propias fuerzas: nos sobrepasan. Sólo el Espíritu Santo nos puede ayudar a vislumbrar algo de estos misterios, en esta vida terrena. Y, además, lo está deseando. Pero sólo lo hará si se lo pedimos a Dios con fe. También esto nos lo dejó dicho Jesús: "si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden?" (Lc 11, 13). 

¿A qué o a quién nos estamos refiriendo cuando hablamos del Espíritu Santo? Si nos atenemos a lo que dice san Pablo: "el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado" (Rom 5, 5), es relativamente sencillo deducir que si el Espíritu Santo está en nosotros [porque gratuitamente Dios nos ha concedido ese Don que no podríamos conseguir de ninguna otra manera], es el mismo Amor de Dios el que está realmente en nosotros [cuando nos encontramos en estado de gracia]"¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (1 Cor 3, 16).

Es el conocimiento de esta sublime realidad  lo que nos hace capaces de enfrentarnos, sin miedo, a cualquier situación, por dura y difícil que sea, pues "si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?" (Rom 8, 31). "No temáis a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma; temed, ante todo, al que puede hacer perder alma y cuerpo en el infierno" (Mt 10, 28). 

Ésta es también la razón por la que podía decía san Pablo: "cuando soy débil entonces soy fuerte" (2 Cor 12, 10), lo que significa que la fuerza de Dios es en él tanto más eficaz cuanto mayor es su debilidad y su indigencia. Y en otro lugar decía: "Vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí" (Gal 2, 20). ¿No es esto un misterio? Por supuesto que lo es, en el sentido de que es incomprensible que la misma Vida de Cristo esté en el apóstol, pero se trata de un misterio de Amor. Es una maravillosa y misteriosa realidad ésta de que Dios nos quiera hasta el extremo en que lo hizo ... y en que lo sigue haciendo.
  
Por eso no nos debería extrañar demasiado la exclamación que San Pablo hace [sobre todo, la seguridad con la que hace tal exclamación] cuando les escribe a los cristianos de Roma:  "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación o la angustia, la persecución o el hambre, la desnudez, el peligro o la espada?"  (Rom 8,35), para seguir añadiendo un poco más adelante: "Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la profundidad, ni criatura alguna podrá separarnos del Amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rom 8, 38-39)
(Continuará)

sábado, 25 de octubre de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? 2ª parte (9) [Apostasía]

Tal es la razón por la que pienso que no es descabellado decir que nos hallamos en una situación de "apostasía universal" o, al menos, muy próximos a ella. ¿Coincidirá ésta con aquella "apostasía universal" de la que se habla en la Biblia, la que tendrá lugar al final de los tiempos? No podemos saberlo. Pero lo que no se puede negar es el hecho de que estamos llegando - y de modo vertiginoso - a tal situación de apostasía, a escala mundial, aunque haya todavía mucha gente empeñada en negar lo que es evidente. 

Se insiste, por activa y por pasiva, en enmendar la plana a Dios y en la negación de cualquier verdad cristiana de tipo sobrenatural; y esto hasta el extremo de negar, incluso, la misma historicidad de las Sagradas Escrituras; en particular, todos los hechos relatados en los Evangelios y en el resto del Nuevo Testamento. Según estos "entendidos" lo relatado allí fue una invención de la primitiva comunidad cristiana, pero no hechos ocurridos realmente ... por cierto, una afirmación gratuita e inventada por estos nuevos "innovadores" que no pueden demostrar absolutamente nada de lo que dicen.


[Como curiosidad que puede venir al caso, añado aquí que en el año 70 tuvo lugar la destrucción de Jerusalén, tal como estaba profetizado por Jesucristo que iba a ocurrir. ¿No es extraño que tal evento histórico no aparezca en ninguno de los Evangelios? La explicación, a mi entender, es muy sencilla; y es que los Evangelios fueron escritos anteriormente al año 70, a excepción del evangelio de san Juan. Por eso no mencionan tal hecho. Y, además, como la muerte de Cristo era muy reciente, los escritos de los Evangelios son un fiel reflejo de lo que ocurrió históricamente. En ellos se relata aquello que los apóstoles vieron, oyeron y palparon. Aquí no existe ningún invento de la comunidad primitiva, ni nada que se le parezca. La mentira siempre ha sido -y seguirá siendo- el arma que utilizan los "hijos de este mundo", aquellos que tienen por padre al Diablo, según las palabras utilizadas por el mismo Jesucristo, al responderle a los judíos que no entendían su lenguaje porque no podían oír sus palabras: "Vosotros tenéis por padre al Diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre. Él era homicida desde el principio, y no se mantenía en la verdad, porque en él no hay verdad. Cuando dice la mentira, habla de lo suyo, porque es mentiroso y padre de la mentira. Pero a Mí, que digo la verdad, no me creéis" (Jn 8, 44-45)] 

Es bastante "corriente" encontrarse hoy con "católicos" que niegan todo tipo de milagros por intervención divina así como los dogmas fundamentales de la Iglesia: la divinidad de Jesucristo, su Resurrección y Ascensión a los cielos, su Presencia real en la Eucaristía, la virginidad de María, etc. ... y siguen considerándose católicos (cuando, ciertamente, no lo son) ¿Qué formación es la que han recibido? ¿Quién les ha enseñado la doctrina? ¿Cómo puede explicarse tal anomalía? La respuesta a esta pregunta es muy difícil, porque son muchos los factores que pueden influir en ella. De todos modos, hay una razón, que es la más profunda y misteriosa de todas, y que nos sobrepasa. Está relacionada directamente con el pecado que, como decía san Pablo, es un "misterio de iniquidad" (2 Tes 2, 7) y también nos advertía, en su carta a los efesios, que "nuestra lucha no es contra la sangre o la carne, sino contra los principados y potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos que están por las regiones aéreas" (Ef 6, 12)

Es un hecho completamente actual que todo aquello que posea carácter sobrenatural es negado o silenciado [y esto ocurre también en algunos casos de altas jerarquías eclesiásticas]. Ya en el año 1972 decía el papa Pablo VI que "el humo de Satanás" se había infiltrado en la Iglesia. Hoy podemos decir que es el propio Satanás el que está infiltrado. Claro está que tal afirmación no puede ser demostrada. Pero tenemos las palabras de Jesús que, como siempre, nos sirven de guía, y de luz, en este mundo tenebroso: "Por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 16). ¿Qué frutos son los que observamos? Pues -si somos observadores- reconoceremos que el llamado modernismo se ha infiltrado en el corazón mismo de la Iglesia y amenaza con destruirla a corto plazo, si Dios mismo no interviene, de alguna manera. Recordemos que el papa San Pío X decía ya, en su encíclica "Pascendi", que la herejía modernista es la suma de todas las herejías. Y esa herejía, que conduce a la apostasía completa, es la que -de modo sibilino- se encuentra merodeando por el Vaticano.

No cabe ninguna duda de que Dios intervendrá, pues no va a consentir que su obra se deshaga y que la muerte de su propio Hijo haya sido en vano. Tenemos la seguridad de que "las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia" (Mt 16, 18) Esa es nuestra esperanza, y sabemos que no será defraudada, pero se impone el ser realistas y el llamar a las cosas por su nombre. Y vistas las cosas, tal y como están, me parece que esa intervención divina debe de estar ya a las puertas ... de modo que nos conviene estar preparados y vigilar de continuo, porque "el Diablo ronda como león rugiente buscando a quien devorar" (1 Pet 5, 8). 

Por supuesto que no podemos conocer ni el día ni la hora y sabemos, además, que "un día ante Dios es como mil años, y mil años como un día" (2 Pet 3,8).  En cualquier caso, lo que está claro es que la negación de todo lo sobrenatural así como la invención de nuevas "doctrinas", meramente humanas, que pretenden destronar a Dios y colocarse en su lugar, no puede traernos sino consecuencias nefastas, porque "de Dios nadie se ríe" (Gal 6, 7)

En fin, acabamos esta entrada con unas palabras del apóstol Judas Tadeo: "Carísimos, teniendo mucho interés en escribiros sobre nuestra común salvación, me he visto en la necesidad de hacerlo para animaros a luchar por la fe transmitida a los santos de una vez para siempre" (Jd, 3)


(Continuará)

¿Fundamentalismo cristiano? 2ª parte (8) [Fidelidad]

En su momento, Benedicto XVI habló de la "hermenéutica de la continuidad" para expresar así que la doctrina actual de la Iglesia seguía siendo la misma, antes y después del Concilio Vaticano II, pero lo que observamos que se está produciendo, realmente, es una "hermenéutica de ruptura" con la Tradición anterior.



Se utilizan una serie de expresiones ambiguas, impropias de la Iglesia, que pueden confundir y dar lugar a diferentes interpretaciones. Se ponen en tela de juicio determinados puntos de la doctrina de la Iglesia, que no pueden ser cambiados, pues son doctrina revelada.  Para poder realizar el cambio se los presenta como "avances pastorales en la "misericordia" hacia las personas, cuando  ni son avances [sino auténticos retrocesos en la comprensión de lo que es la doctrina católica] ni son pastorales [pues una pastoral que no respete la doctrina no es una verdadera pastoral] ni ejercitan la misericordia con los pecadores [no, al menos, la misericordia de la que Jesús habla en el Evangelio, que es la verdadera misericordia, la cual va siempre acompañada de la verdad y de la justicia; así como del reconocimiento de su pecado por parte del pecador]

Los que así proceden no son verdaderos pastores sino ladrones y salteadores, a quienes no les importan las ovejas (Jn 10, 8). Ahí están las palabras del Señor que son las únicas que nos pueden salvar y a las que tenemos que acudir siempre: "Yo soy la puerta [de las ovejas]; si alguno entra por Mí se salvará, y entrará y saldrá, y encontrará pastos" (Jn 10, 9). No hay otro camino para entrar en el redil si no es a través de Jesucristo y con Jesucristo.

Se utiliza hoy mucho la palabra "misericordia" como si se tratara de un nuevo descubrimiento: la "misericordina" es la pastilla eficaz para solucionar todos los problemas. Por supuesto que Dios es infinitamente Misericordioso"Dios es rico en misericordia" (Ef 2,4), pero también es infinitamente Justo. [En Dios, Misericordia y Justicia, Misericordia y Verdad son una misma cosa, pues Dios es Simple].
"Os escribo esto, hijitos -dice san Juan- para que no pequéis. Pero si alguno peca [verdad del pecado, que merece castigo, en justicia], tenemos un abogado ante el Padre, Jesucristo, el Justo. Él es propiciación por nuestros pecados, [misericordia ejercida por Dios cuando se reconocen los propios pecados, como tales pecados, ante Él, siguiéndose de ahí un auténtico arrepentimiento por haberlos cometido y una gran confianza en Dios, que nos dará su gracia para seguir luchando por serle fieles] pero no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo" (1 Jn 2, 1-2) [Todos deberían tener acceso al Mensaje salvador de Jesús, y para ello el Maestro nos necesita].

Porque así es:  el Mensaje de Jesús debería llegar al mayor número posible de personas, pero -eso sí-  sin falsear dicho Mensaje, como Palabra de Dios que es, para transmitirlo íntegramente de generación en generación hasta el final de los tiempos. Es una nota esencial de la verdadera Iglesia la fidelidad al depósito recibido. ¿Por qué queremos inventar una nueva doctrina diferente a la que ya hay y, además, seguir llamándole Iglesia Católica? Esto es algo diabólico. Si tal cosa se hiciera podemos tener la absoluta seguridad de que ya no estaríamos ante la Palabra de Dios, sino que eso sería ... ¡otra cosa!. 

La división que se está produciendo en la Iglesia entre conservadores (tradicionalistas) y progresistas (influidos por la herejía modernista) es realmente escandalosa (a mí me recuerda un poco lo que sucede entre los políticos, como si en la Iglesia se pudiera ser de izquierdas o de derechas. A este respecto, considero desafortunada la expresión del santo Padre cuando dijo aquello de "yo no he sido nunca de derechas". Esas palabras, de izquierda y derecha, no tienen -o no deberían de tener- ningún sentido en el seno de la Iglesia Católica. Desde luego no es ése el deseo de Cristo, quien cuando rogó a su Padre por sus discípulos le pidió: "Que todos sean uno: como tú, Padre, en Mí y Yo en Tí, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado(Jn 17, 21).

¡Qué lejos estamos del cumplimiento de esas palabras del Señor, que son las únicas que pueden y deben servir de guía para que la Iglesia se mantenga auténticamente fiel al Mensaje recibido!.  Por esencia la Iglesia tiene que ser conservadora, si se nos permite todavía esa expresión, en el sentido de que debe mantener sin cambio aquello que le ha sido encomendado. De no hacerlo así estaría faltando a su misión: "Timoteo,  guarda el depósito" (1 Tim 6, 20). La obligación de la Iglesia es la de transmitir íntegramente el Mensaje recibido de Jesucristo, que "es el mismo ayer y hoy y lo será siempre" (Heb 13, 8) y que dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Lc 21, 33; Mt 24, 35). 

Otra cosa diferente es lo que llamamos pastoral, que es la manera práctica de hacer llegar esas palabras a todo el mundo. Y aquí sí que es preciso hacer un buen uso de la imaginación, aquí sí que pueden haber distintos enfoques, con vistas a que la gente conozca al Señor y lo quiera, pero siempre desde la fidelidad a la doctrina. Y éste es el gran problema que tiene hoy en día planteada la Iglesia, esa falta de fidelidad a la doctrina de siempre, por una razón que yo entiendo que no puede ser otra sino la pérdida de la fe en Jesucristo como verdadero Dios y como verdadero hombre; y como el Único en quien la salvación es posible. 

Decir, por ejemplo, como dijo el papa Francisco: «los que son cristianos, con la Biblia, y los que son musulmanes, con el Corán», porque «uno solo es DIos: el mismo» ... es un grave error doctrinal, que no se atiene a verdad, desde el momento en que Dios se ha revelado en Jesucristo. Si se cree en Jesucristo, debemos creer en sus palabras. Y lo que le oímos decir es: "Quien no está conmigo, está contra Mí" (Mt 12, 30). "Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre" (1 Jn 2, 23). "Yo soy la Verdad" (Jn 14,6), etc ... Las palabras de Jesús son clarísimas. Y quieren decir lo que dicen. No admiten ninguna otra interpretación que lo que se dice en ellas, tal y como se dice. ¿A quién hacemos caso, entonces? ¿A lo que dice Jesús o a lo que dicen los demás? Esa decisión debemos de tomarla ante Dios, porque lo que está en juego es nada más y nada menos que nuestra salvación o nuestra condenación eterna. Y esto no es ningún invento mío, sino que es doctrina perenne de la Iglesia, que no puede ser modificada ni cambiada por nadie.

Así, pues, la primera regla [-y yo diría que la única, al menos en el momento actual- ] para una auténtica y eficaz pastoral es la de predicar la verdadera doctrina católica, de modo íntegro, porque la gente no conoce al Señor y, por eso mismo, es desgraciada. Esta tarea se impone hoy con más urgencia que nunca. Sin embargo, no sólo no se está actuando en este sentido, sino incluso en sentido contrario, enseñando a la gente "verdades" que no son tales y que, por supuesto, no reflejan fielmente -e incluso traicionan- la Palabra de Dios. Si hubiera que encontrar una respuesta para explicar la situación en la que se encuentra la Iglesia, tal vez habría que acudir al hecho de que muchos de los que tienen que transmitir la fe al pueblo cristiano, ellos mismos la han perdido. Y no se puede enseñar aquello que no se sabe, o mejor -en este caso- aquello que no se vive [estoy hablando en términos generales, porque me consta de que, gracias a Dios, aún quedan pastores fieles al Evangelio y a la Tradición de la Iglesia; así como también fieles católicos que los siguen, porque escuchan en ellos la verdadera palabra de Dios. La pena es que este número es cada vez menor]

Hay, hoy en día, muchísimos católicos [católicos sólo en el sentido de que fueron bautizados al poco de nacer, pero nada más] que no conocen su fe, que no conocen a Jesucristo. Entre otras cosas, aparte de su propia responsabilidad personal ante Dios, que la tienen, porque aquellos que deberían dar a conocer a Jesucristo [comenzando por la más alta Jerarquía dentro de la Iglesia] transmiten una palabra de Dios adulterada, tergiversada e incompleta; o sea, no transmiten la palabra de Dios, pues ésta sólo puede ser bien conocida si se transmite en toda su integridad. Para desdicha del pueblo cristiano esto sólo ocurre en contados casos. 

(Continuará)

¿Fundamentalismo cristiano? 2ª parte (7) [Aggiornamento]

Cuando ya estaba perfectamente claro cuál es -y ha sido siempre- la doctrina de la Iglesia, han ido apareciendo a lo largo de la segunda mitad del siglo XX -y continúan apareciendo- una serie de "innovadores" (influidos por las filosofías de Kant y de Hegel, fundamentalmente) que dicen que la Iglesia se ha quedado anticuada y rezagada con respecto al mundo moderno.  

De hecho ese fue uno de los motivos más importantes que llevó al papa Juan XXIII a la celebración del Concilio Vaticano II. [Como sabemos éste tuvo lugar en cuatro sesiones espaciadas en el tiempo, la primera de las cuales fue presidida por el propio Papa Juan XXIII el 11 octubre de 1962. Muerto Juan XXIII, continuaron el resto de sesiones con el siguiente Papa Pablo VI, dándose por concluido dicho Concilio el 8 de diciembre de 1965] . Fue allí cuando se afianzó el término "aggiornamento" -que aún se sigue utilizando- como si en esa palabra se encontrara la síntesis más completa del Vaticano II.  Su significado podría ser el de "puesta al día", o el de "adaptarse a los tiempos modernos"; pero, ¿qué significa eso exactamente? No queda suficientemente claro y se presta a interpretaciones diversas.


Es evidente que cuando el papa Juan XXIII convocó el Concilio con el fin de renovar y "aggiornare" tendría una idea clara de aquello a lo que se refería al usar esa palabra. Básicamente -al menos, así yo lo interpreto- se trataba de que la doctrina católica llegara al mayor número de personas y de modo explícito indicó que el sentido de dicho Concilio era solamente "pastoral"; que la doctrina de la Iglesia estaba clara y que no podía tocarse de ninguna de las maneras. Así se puede leer en el discurso de apertura del Concilio Vaticano II que tuvo lugar el 11 de octubre de 1962: 


El gesto del más reciente y humilde sucesor de San Pedro, que os habla, al convocar esta solemnísima asamblea, se ha propuesto afirmar, una vez más, la continuidad del Magisterio Eclesiástico, para presentarlo en forma excepcional a todos los hombres de nuestro tiempo, teniendo en cuenta las desviaciones, las exigencias y las circunstancias de la edad contemporánea (...) El supremo interés del Concilio Ecuménico es que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma cada vez más eficaz (...)


Es necesario que la Iglesia no se aparte del sacro patrimonio de la Verdad, recibido de los Padres; pero, al mismo tiempo, debe mirar a lo presente, a las nuevas condiciones y formas de vida introducidas en el mundo actual, que han abierto nuevos caminos para el apostolado católico (...). El Concilio Ecuménico XXI  [puesto que han habido veinte concilios a lo largo de la Historia de la Iglesia y éste era el que hacía veintiuno] (...) quiere transmitir pura e íntegra, sin atenuaciones ni deformaciones, la doctrina que durante veinte siglos, a pesar de dificultades y de luchas, se ha convertido en patrimonio común de los hombres; patrimonio que, si no ha sido recibido de buen grado por todos, constituye una riqueza abierta a todos los hombres de la adhesión renovada, serena y tranquila, a todas las enseñanzas de la Iglesia, en su integridad y precisión, tal como resplandecen principalmente en las actas conciliares de Trento y del Vaticano I (...)

Una cosa es la substancia de la antigua doctrina, del "depositum fidei", y otra la manera de formular su expresión; y de ello ha de tenerse gran cuenta —con paciencia, si necesario fuese— ateniéndose a las normas y exigencias de un Magisterio de carácter predominantemente pastoral (...). 
Es motivo de dolor el considerar que la mayor parte del género humano —a pesar de que los hombres todos han sido redimidos por la Sangre de Cristo— no participa aún de esa fuente de gracias divinas que se halla en la Iglesia católica


De modo que lo que no se puede hacer es intentar cambiar la Iglesia de siempre, fundada por Jesucristo, y transformarla en otra "iglesia" distinta (que ya no sería la verdadera Iglesia) con el pretexto de que la Iglesia tiene que ponerse al día, tiene que "aggiornarse": la "pastoral" ha de ser, por lo tanto, diferente de la que había sido hasta ahora.

Todo eso es cierto, bien interpretado, puesto que es misión de la Iglesia que el Mensaje de Jesús llegue a todos los hombres. También ha de pensar en el modo más efectivo de conseguirlo, que de eso se trata cuando se habla de pastoral. Lo que no puede hacerse es cambiar el Mensaje evangélico. Y lo que es aún peor: realizar ese cambio diciendo que no hay tal cambio



Con la excusa de la "nueva pastoral" y de que los cristianos tenemos que estar pendientes de los llamados "signos de los tiempos", lo que de hecho se está haciendo -aunque se quieran cerrar los ojos para no ver- es un cambio en la doctrina. Evidentemente, esto se va a negar; pero los hechos están ahí para que el que quiera ver, que vea.



(Continuará)

miércoles, 22 de octubre de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? 2ª parte (6) [Señor del mundo]

Conviene recordar, o aprender -si no se sabe- que la fidelidad de un cristiano no es a tal o cual Papa, no es a un Papa concreto, sino al Papado, instituido directamente por Jesucristo, así como también a los dogmas que se han ido definiendo a lo largo de la historia de la Iglesia, verdades que son inalterables por voluntad de su Fundador: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Te daré las llaves del Reino de los Cielos; y todo lo que ates sobre la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates sobre la tierra quedará desatado en los cielos" (Mt 16, 18-19). 


Las palabras de Jesús, como Dios que es, Señor de la Historia, son siempre actuales; no sirven sólo para una determinada época o para un lugar concreto, sino para todos los tiempos y lugares: "Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Heb 13, 8). De igual modo ocurre con los dogmas, como verdades absolutas definidas de una vez para siempre, a lo largo de la Historia de la Iglesia, verdades que no evolucionan ni se tienen que adaptar a los tiempos.


Es lo que ocurre con todos los misterios y verdades de fe, cuyo contenido no depende de la conciencia personal subjetiva de cada uno. O se aceptan y se creen (y si se está bautizado se forma, entonces, parte de la Iglesia) o no se aceptan y no se creen (en cuyo caso no se forma parte de la Iglesia, como Cuerpo Místico de Cristo). Si alguien opta por la segunda opción, debe saber que tiene siempre a su disposición el sacramento de la Penitencia, del que puede hacer uso, [si quiere]; y si se arrepiente sinceramente de su falta de fe ante un sacerdote recibe de éste la absolución, mediante la cual se le perdonan todos los pecados que haya cometido, puesto que el sacerdote actúa "in persona Christi".


[Aunque no venga expresamente al caso, creo que no está de más volver a repetir algunos puntos que pienso que no se tienen lo suficientemente claros. Citaré sólo tres:

1. No tenemos dos sino un solo Papa, que es el papa Francisco. El anterior papa Benedicto XVI ya no es Papa, aunque vista de blanco, se llame Papa emérito y aparezca junto al papa Francisco en algunas ceremonias, para mayor confusión del pueblo cristiano. Dimitió libremente como Papa (así lo expresó personalmente) y, desde ese momento, dejó de ser Papa. Vuelve a ser, otra vez, el cardenal Ratzinger. El Papado es una institución, no es un sacramento. Un sacerdote o un obispo lo es para siempre, puesto que el sacerdocio imprime carácter en el alma del sacerdote. No así la condición de Papa. Esta idea es fundamental. De igual modo que se dice: "Madre no hay más que una", se puede también decir que "Papa no hay más que uno".

2. El papa Francisco es un Papa legítimo, incluso aun cuando hubiesen habido irregularidades en su nombramiento como Papa -tal y como algunos dicen-. De ser así, ese nombramiento tendría que haber sido impugnado en su momento, lo que no se hizo. La sede de Pedro, por lo tanto, no está vacante, como erróneamente piensan los llamados sedevacantistas.

3. No se puede demostrar que estemos ante un Papa hereje. Aunque así fuese -que eso sólo Dios puede saberlo- tal afirmación tendría que ser demostrada de modo inequívoco, puesto que nadie puede juzgar al Papa, al ser la máxima autoridad en la Iglesia. Y eso pese a la infinidad de expresiones "papales" que continuamente aparecen en los medios y que darían pie para pensar así. Dado el lenguaje usado y las circunstancias en que lo ha hecho, el Papa siempre podría argumentar que se ha interpretado mal lo que él dijo; no puede afirmarse, con rotundidad, que estemos en presencia de un papa hereje. Para ello, o bien tendría que ser el propio Papa quien reconociera formal y públicamente su herejía, o bien tendría que expresarse de tal manera que negase alguna verdad de fe, de modo explícito. Si tal evento se produjera  -lo que, evidentemente, no va a ocurrir- sólo entonces ipso facto quedaría depuesto como Papa. ]

(Continuará)

¿Fundamentalismo cristiano? 2ª parte (5) [Señor del mundo]

Como acabamos de ver, el Señor habla de la necesidad de la conversión como algo esencial para poder recibir su Mensaje y deja como misión a Pedro y a los apóstoles la de ir por todo el mundo enseñando a las gentes todo cuanto Él les ha enseñado a ellos así como la de bautizarlos para que pasen a formar parte del Reino de Dios, sin esperar nada a cambio: "Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis" (Mt 10, 8). Él es nuestra recompensa: "He aquí que vengo pronto, y conmigo mi recompensa, para dar a cada uno conforme a sus obras" (Ap 22, 12) 


Aunque las palabras de Jesús son claras, ante posibles interpretaciones erróneas (que, como sabemos por la Historia, siempre han tenido lugar), la Iglesia Jerárquica es -y ha sido siempre- la fiel depositaria del mensaje recibido y de su correcta interpretación. Evidentemente, nos referimos a la Iglesia de siempre, aquella que es Una, Santa, Católica y Apostólica

Ya sabemos que las dos fuentes de la Revelación de las que un católico debe de alimentarse son las Sagradas Escrituras y la Tradición. Ésos son los buenos pastos que las ovejas del rebaño de Cristo esperan de sus pastores Recordemos algunas recomendaciones del apóstol Pablo, en este sentido, cuando le decía a Timoteo:  "Tú persevera en lo que has aprendido y creído, sabiendo de quiénes lo aprendiste, y que desde la infancia conoces las Sagradas Escrituras, que pueden instruirte en orden a la salvación por medio de la fe que está en Cristo Jesús. Pues toda Escritura es divinamente inspirada, y es también útil para enseñar, para rebatir, para corregir, ... (2 Tim 3, 14-16). Y en otra parte añade: "hermanos, manteneos firmes y guardad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de palabra o por carta" (2 Tes 2, 15)

La Iglesia tiene, pues, una doble misión, recibida de Jesucristo. En primer lugar -y esto está recibido como un mandato- debe extenderse por todo el mundo, proclamando el Evangelio a todas las gentes y bautizándolas (Mt 28, 19); por una razón muy sencilla, cual es la de que "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim 2, 4), lo que únicamente será posible si lo conocen a Él y lo aman, pues sólo Él ha podido decir: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por Mí(Jn 14, 6). 

La fe no es un asunto privado, algo que deba quedar relegado al campo de los sentimientos personales, ya que afecta a la salvación entera del género humano. Y para esta salvación no es lo mismo profesar una religión u otra, si nos atenemos a las palabras contenidas en el Nuevo Testamento: "Uno solo es Dios y uno solo es también el mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre, que se entregó a sí mismo en redención por todos" (1 Tim 2, 5-6). 

¿Para qué, si no, se hizo hombre el Hijo de Dios? ¿Qué sentido habría tenido su venida al mundo? El mundo cambiará [a mejor] en la medida en que la gente conozca y ame a Jesucristo. Y ésta es una de las misiones de la Iglesia. De ahí las importantes palabras de san Pablo a los romanos: "No os acomodéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, de modo que podáis discernir cuál es la voluntad de Dios; esto es, lo bueno, lo agradable, lo perfecto" (Rom 12, 2)

En segundo lugar, es fundamental que la Palabra de Dios llegue íntegra a los que van a recibirla, sin ser adulterada, tergiversada, escamoteada o modificada; sin añadir y sin quitar nada de lo que en ella se contiene. El autor de las Sagradas Escrituras es el Espíritu Santo, que inspiró a aquellos que las escribieron, de manera tal que no erraran en nada de lo que escribiesen.  No son simples palabras pronunciadas por cualquiera. : "Mis palabras -decía Jesús- son Espíritu y Vida" (Jn 6, 63). "El cielo y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán" (Mt 24, 35). 

De ahí la enorme importancia de las traducciones que se hagan de la Sagrada Escritura a los diferentes idiomas: es preciso que transmitan, con la mayor fidelidad posible, los escritos originales para que el mensaje del Jesús que se predique a la gente sea lo más parecido al auténtico mensaje de Jesús. En la medida en la que esto sea así sus efectos serán los esperados, pues "la palabra de Dios es viva y eficaz y más cortante que una espada de doble filo; entra hasta la división del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y descubre los sentimientos y pensamientos del corazón. No hay ante ella criatura invisible, sino que todo está desnudo y patente a los ojos de Aquel a quien hemos de rendir cuentas" (Heb 4, 12-13)
(Continuará)

martes, 21 de octubre de 2014

No hay confusión cuando todo está claro (P. Alfonso Gálvez)


Como colofón de los acontecimientos que últimamente están sacudiendo a la Iglesia, y por si aún fuera poco, el borrador provisional de las conclusiones de las primeras deliberaciones del Sínodo de la Familia, ha servido de detonante para provocar una conmoción en el mundo católico.

Y tal como sucede cuando se trata de analizar las situaciones difíciles —y más aún cuando se pretende encontrar soluciones—, lo primero que se impone es el uso de la serenidad de juicio. En casos semejantes, el nerviosismo y los sentimientos precipitados son malos consejeros. En éste concretamente, y puesto que se trata de algo tan grave como la situación de la Iglesia y la salvación de las almas, es necesario además echar mano de la Fe, como única garantía de alcanzar la solución adecuada. La cual siempre es clara y siempre está ahí, al alcance de quienes quieran aprovecharse de ella. De ahí el título de este artículo, tal como ahora vamos a tratar de justificarlo.


En atención a la claridad de la exposición, vamos a intentar poner un poco de orden entre la multiforme diversidad del mundo católico de hoy. Hay muchas clases de católicos (creyentes practicantes, creyentes no practicantes, indiferentes o despreocupados, verdaderamente preocupados, tradicionalistas, neocatólicos, progresistas, miembros de reconocidas y poderosas Organizaciones, afiliados a Movimientos carismáticos o Neocatecumenales, etc, etc.), aunque aquí los vamos a reducir a dos grandes grupos: los preocupados por su Iglesia, y aquellos otros que, aunque se llaman o se consideran católicos, les importa un comino lo que suceda en Ella. Con ello conseguiremos dos importantes objetivos: el de fijar con claridad nuestra exposición…, y el de evitar volvernos locos.

Consideremos en primer lugar el grupo más numeroso. El cual, como todo el mundo ya habrá adivinado, es el de los indiferentes. Grupo por lo demás extremadamente curioso, dado que la Humanidad lleva ya siglos mofándose del avestruz (injustamente por cierto, puesto que este animal no hace lo que le atribuyen) por aquello de la teoría del avestruz, por la que todo el mundo anda convencido de que el ave esconde la cabeza cuando ve llegar al cazador, creyendo que de ese modo conjura el peligro. Cuando lo gracioso del caso es que eso es precisamente lo que hacen hoy tantos millones de católicos: mirar para otro lado y aquí no pasa nada.

Sin embargo, también para este grupo —y especialmente para él— vale lo dicho arriba de que todo está claro. Para lo cual, trataremos de explicarnos:

En el Cristianismo (y aquí quedan comprendidos todos los bautizados) no existe la actitud de la indiferencia ante la Fe. O se cree o no se cree. Bajo ningún concepto es admitida la opción de lo que algunos llamarían una vía intermedia o un tertium quid. No hay sino dos únicas salidas: la de la Salvación y la de la Condenación. Y ambas para toda la Eternidad.

Acerca de quién lo haya establecido así, o de quién lo haya afirmado sin posibilidad alguna de ser contradecido…, es nada menos que el mismísimo Jesucristo. No ha sido ningún Papa o Cardenal, ni ningún teólogo famoso, ni filósofo alguno por más que haya sido esclarecido, proclamado y trompeteado. Ha sido Jesucristo, y precisamente Él, quien dijo de Sí mismo que sus palabras no pasarían jamás:

Quien no está conmigo, está contra Mí. Y quien no recoge conmigo, desparrama (Mt 12:30; Lc 11:23).

Claro que siempre existe la posibilidad de no creer, o no hacer caso de tales palabras. Cada cual es libre de apostar por lo que quiera, aunque no estaría de más darse cuenta de lo que está en juego. El Infierno está lleno de infelices que lamentarán para siempre haber sido malos apostadores.

Aquí no vale la indiferencia ni el yo no sabía. Quien no se preocupa de lo que está sucediendo en la Iglesia, posee todos los indicios de estar predestinado a la condenación eterna.

Y ahora vamos brevemente a los del primer grupo: los preocupados por su Iglesia, de los cuales muchos se sienten confundidos, escandalizados, y sin saber qué hacer si acaso las cosas siguen así (o incluso llegan a más, como es bastante probable).

A lo que habría que decir que no hay motivo alguno para sentirse confundidos. Y ni siquiera desorientados ante posibles graves decisiones a tomar, acerca de las cuales es mejor ni siquiera hablar. Pues también aquí las cosas están extremadamente claras:

Ante la gravedad de la situación, algunos han intentado sin éxito concluir que Papa Francisco no es verdadero Papa, puesto que el procedimiento de elección no fue legítimo o al menos no estuvo claro. De lo que han concluido en excentricidades como la del sedevacantismo y demás. Sin embargo está suficientemente claro que el Pontífice actual fue legítima y válidamente elegido, por lo que no caben dudas al respecto. No hay sedevacantismo.

Sin embargo, si la situación llegara a configurarse de tal manera como para ser calificada de especialísima gravedad, hasta el punto de que pudiera considerarse la obligación de declarar al Papa como ilegítimo, tal cosa sólo sería posible en el caso de que el Pontífice incurriera en formal, clara y flagrante herejía. Puesto que cualquier hereje, sea quien sea, queda ipso facto excluido de la Iglesia. Y por lo que hace al Papa, perdería automáticamente toda su jurisdicción. Así pues, sólo en el caso de herejía o de voluntaria renuncia podría un Papa legítimo dejar de ser Papa.

Por supuesto que tal declaración de herejía no sería cosa fácil. Y ningún católico, o grupo particular de católicos, podría declararla por su cuenta. Yo no estoy cualificado para determinar las condiciones que serían necesarias para ello. Pero todo el mundo sabe que el Espíritu Santo vela por su Iglesia y que, en caso de necesidad, es seguro que dispondría de manera que las cosas quedaran suficientemente claras.

Y nadie debe hacerse ilusiones en cuanto a una feliz reposición del Papa Emérito Benedicto XVI. Pues no hay tal Emérito desde el momento en que no hay tal Papa. En la Iglesia no pueden existir dos Papas simultáneamente, lo que supondría atentar contra su misma Constitución, tal como fue dispuesta por su divino Fundador. Benedicto XVI dejó de ser Papa desde el momento en que, libre y voluntariamente (según él mismo expresó), firmó su renuncia. Y no deja de ser penoso y lamentable que persona tan respetable, como quien fue el Papa Benedicto XVI, se preste ahora con su ambiguo comportamiento a engendrar nuevas confusiones entre los fieles.

Pero, y aquí está el punto práctico y verdaderamente importante: ¿Qué hacer en el entretanto, si acaso se quisiera imponer a los católicos amantes de su Fe doctrinas claramente contrarias a ella? La respuesta está clara y ya fue dada con bastante antelación. Hela aquí:

Me sorprende que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo para seguir otro evangelio. Aunque no es que haya otro, sino que hay algunos que os inquietan y quieren cambiar el Evangelio de Cristo. Pero aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os anunciásemos un evangelio diferente del que os hemos predicado, ¡sea anatema! Y como os lo que acabamos de decir, ahora os lo repito: si alguno os anuncia un evangelio diferente del que habéis recibido, ¡sea anatema!

Hasta aquí, San Pablo a los Gálatas (1: 6–9). Pero por si alguien conserva todavía alguna duda, oigamos ahora al Evangelista San Juan:

Todo el que se sale de la doctrina de Cristo, y no permanece en ella, no posee a Dios. Quien permanece en la doctrina, ése posee al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no transmite esta doctrina no le recibáis en casa ni le saludéis; pues quien le saluda se hace cómplice de sus malas obras. (Segunda Carta, 9–11).

Y creo que después de esto, nada queda por añadir sino la necesidad de que todo católico, ante la presente situación, se encomiende con confianza a la protección de la Virgen María. En la seguridad de que esa confianza no puede fallar.

Por último, como consigna definitiva que lo resume todo, repitamos lo que solía decir Jesucristo: Quien pueda entender, que entienda.

Padre Alfonso Gálvez