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domingo, 31 de agosto de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? (22) [Hechos]

Transcribo aquí, de nuevo, las palabras del papa Francisco en la entrevista que concedió al periodista Henrique Cymerman el pasado 13 de Junio de 2014 [para no perder el hilo acerca del tema del que se está hablando] 

"Las tres religiones tenemos nuestros grupos fundamentalistas, pequeños en relación con todo el resto. Pero un grupo fundamentalista, su estructuraaunque no mate a nadie, aunque no le pegue a nadie, ... , es violentaLa estructura mental del fundamentalismo es violencia en nombre de Dios. Es violenta. O sea, el saludo que judíos, islámicos y cristianos nos damos es un saludo de aliento, un saludo de cercanía. Ustedes dicen "shalom" [el periodista que lo entrevista es judío], los árabes dicen "salaam"; nosotros decimos, a veces, paz, ¿cómo te va? Buenos días ... cosas de cercanía. El saludo del fundamentalista es ... ¡a ver dónde te puedo pegar! ... al menos ideológicamente. No es un saludo que acerqueEl fundamentalismo defiende. Y ya le digo ... Los cristianos tenemos grupos fundamentalistas también".


Si se ha leido todo lo dicho hasta ahora pienso que hay, al menos, dos puntos que deben de estar muy claros: el primero es que solamente puede hablarse de violencia contra los demás en los casos del Islam y del Judaísmo, una violencia que no se refiere, en realidad, ni a los árabes ni a los judíos, sino a lo que ellos consideran sus libros sagrados, el Corán para los árabes y el Talmud para los judíos. Estos libros "sagrados" encierran, en sí mismos, la violencia. Y esto es así hasta el punto de que aquellos musulmanes que sigan el Corán, al pie de la letra, o bien aquellos judíos que se tomen en serio el Talmud, esos son los auténticamente violentos. A ellos se les puede aplicar, perfectamente, las palabras del papa Francisco, cuando dice que "la estructura mental del fundamentalismo es violenta". De hecho, los musulmanes fieles al Corán están claramente a favor de la "guerra santa" y de la "muerte a los infieles" (o sea, a todos aquellos que no comparten su religión) y lo están poniendo en práctica [A Dios gracias, al igual que hay católicos que no viven su fe (¡por desgracia!) también hay musulmanes que no viven la suya (¡y es un alivio!)].

El segundo punto es que las expresiones usadas por el Papa cuando dice, primero, que "las tres religiones tenemos nuestros grupos fundamentalistas" y luego, con una claridad que no deja lugar a dudas, que "los cristianos tenemos grupos fundamentalistas también" hay que decir que eso es falso, de toda falsedad: 

- Por supuesto que es absolutamente falso en cuanto al contenido del Nuevo Testamento, que es el mensaje por excelencia del Amor de Dios a los hombres. 

- Pero es que, además, en su correcta aplicación por parte de los cristianos, que se mantienen fieles a la Tradición de la Iglesia, es igualmente falso. Y hablo de estos cristianos porque, en realidad, de verdad, son los únicos a los que se les puede llamar así. Y es a ellos [¡precisamente a ellos!] a quienes se dirige el papa de modo expreso, con palabras duras, tachándolos de hipócritas, de cristianos "tristes", con cara de pepinillo avinagrado, etc... Ya he comentado algo sobre esto, en varias ocasiones, y en particular en la entrada anterior, hablando de la Evangelii Gaudium

A estos cristianos, a los que creen en lo sobrenatural y en la historicidad de los Evangelios, y creen, con sencillez, lo que siempre ha dicho la Iglesia, es decir, creen en Jesucristo como verdadero Dios y como verdadero hombre, realmente presente en la Eucaristía, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, concebido virginalmente por María [a la que nos dejó como madre]; a estos cristianos que, precisamente porque creen todo esto, están dispuestos a dar su vida por amor a Jesucristo [¡muchos, de hecho, ya la han dado!] ... a estos cristianos [¡cristianos auténticos!], se les tacha de fundamentalistas ... ¡esto es algo inconcebible! [No creo que nadie estuviera dispuesto a dar su vida por una "fraternidad universal", inventada por el propio hombre ... por ejemplo]


Por supuesto que estas cosas no se dicen con la claridad con la que yo hablo aquí, porque eso sería alarmante, y escandaloso. Es más, se negaría tajantemente que esto sea así ... Pues bien: olvidémonos de las palabras y acudamos a los hechos, porque éstos no engañan. 


- Partimos de un "hecho": el papa Francisco ha dicho que existen grupos de cristianos fundamentalistas. Como no dice, de modo expreso, a qué cristianos se refiere, vamos a intentar averiguarlo fijándonos en los hechos, como digo [En entradas anteriores hablé de la vía de los hechos  Puede ser una referencia ... pero hay muchos hechos más. Enuncio unos cuantos y pongo un enlace, o bien de mis propios escritos, o bien de algún episodio nuevo encontrado en Internet]


- Es un hecho cuáles son las preferencias del papa Francisco y su misericordia "selectiva". 




- Es un hecho que el Papa actúa con "misericordia" cuando se trata de situaciones claramente anormales y que doctrinalmente no se pueden permitir



Misioneros de Francisco:
 Capillas en las Villas donde conviven Política y Religión
- Es un hecho la cobardía con relación a la proclamación del Evangelio en toda su integridad. 
- Es un hecho que vivir y dejar vivir es una consigna antievangélica y que ha sido pronunciada por nuestro papa. 
- Es un hecho que se está canonizando " a toda prisa" a todos los papas posteriores al Concilio Vaticano II (desde el papa Juan XXIII, que lo comenzó, hasta el último Papa fallecido Juan Pablo II, aunque haya habido que saltarse las reglas existentes para que pueda darse esa canonización. Sin embargo, no se ha hecho igual con el insigne papa Pío XII, cuyo proceso de beatificación, además, se cerró. ¿Por qué?) 
- Es un hecho que el Papa ha dicho que "cada uno tiene su propia idea del bien y del mal y debe elegir seguir el bien y combatir el mal como lo concibe [no dice según la recta conciencia, lo que da pie al relativismo doctrinal y moral]. Bastaría eso -dice- para cambiar el mundo" 
- Es un hecho que cada vez son más los cristianos que desconocen su fe, porque no se les predica. Y la palabra que oyen no es la Palabra de Dios, porque cada vez es mayor el número de malos pastores, de modo que hay cada vez más "católicos" que creen serlo, cuando no lo son, en realidad
- Es un hecho que son muchos los católicos para quienes lo que el Papa diga "va a misa", y no saben discernir la verdad del error. 
- Es un hecho el levantamiento de la suspensión a divinis del  sacerdote y excanciller nicaragüense Miguel D'Escoto Brockmann, que dijo -entre otras cosas-, después de conocer esta noticia, que el líder cubano Fidel Castro es un elegido de Dios para transmitir el mensaje del Espíritu Santo en América Latina.
- Y es un hecho que, por las razones que sean, que desconozco, el papa Francisco no comulga con la Tradición de la Iglesia ... Como dice el padre Alfonso Gálvez: Hay una sincera y abierta simpatía hacia los judíos y musulmanes, a quienes gustosamente llama hermanos; aunque tal sentimiento vaya acompañado, por inexplicable paradoja, de una extraña repulsa hacia los católicos que se empeñan en ser fieles a la Tradición de la Iglesia [Ensayo Pedro Romano, p.34


Como se ve, los hechos cantan. Seguiremos hablando sobre este tema del "fundamentalismo cristiano"
(Continuará)

sábado, 30 de agosto de 2014

La gran mentira del Islam [Ortiz de Zárate]

Este artículo puede leerse completo pinchando aquí

De entre las muchas mentiras de las que el Islam se puede disfrazar, hay dos fundamentales, a saber, que el Islam es una religión, y, en segundo lugar, que el auténtico Islam se opone a toda clase de violencia. 


Estas dos mentiras se introdujeron en el campo católico a raíz de dos documentos del Concilio Vaticano II : Lumen Gentium y, especialmente, Nostra Aetate. En ellos, los Padres Conciliares dieron por supuesto que el Islam es una religión y enfatizaron aquellos elementos del Islam que parecen corresponderse o estar más cerca de las creencias y prácticas del Cristianismo. Todos los papas posteriores al Concilio, desde Pablo VI hasta Francisco, han seguido esta misma línea.

- Respecto a la primera de las mentiras, que el Islam sea una auténtica religión, hemos de decir lo siguiente:

El Islam no es una revelación hecha por Dios a los hombres. Dios se ha revelado sólo una vez al hombre. Primero, parcialmente, en el Antiguo Testamento; luego, total y completamente, en el Nuevo Testamento a través de su Hijo Jesucristo. "Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque en Él fueron creadas todas las cosas en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: Todo fue creado por Él y para Él. Él existe con anterioridad a todo y todo tiene en Él su consistencia" (Col 1, 15-17)

"Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien instituyó heredero de todo y por quien hizo 
también el Universo,  el cual, siendo resplandor de su gloria e impronta de su sustancia, y el que sostiene todo con su palabra poderosa, después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas" (Heb 1: 1-3).


El Corán, el libro sagrado del Islam, es una amalgama mal hecha que mezcla a placer textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, así como de los evangelios apócrifos, a los cuales añade nuevos preceptos inventados por quienes quiera que fueran los autores o compiladores del Corán. Y como dijo el erudito emperador bizantino Manuel II Paleólogo a un persa culto en un diálogo mantenido en 1391 acerca del tema religión, razón y la guerra santa:

“Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba”.

En cuanto a Mahoma, el supuesto visionario que recibió unas revelaciones del Arcángel Gabriel que luego se traducirían en el contenido del Corán, su existencia es puesta en duda hoy en día por arabistas serios. Y lo mismo pasa con Alá, el dios del Islam, cuyo origen es un tanto oscuro.

Por lo demás, si seguimos la pista de la vida privada del Mahoma que aparece en las fuentes originales del Islam, observamos que vivió para satisfacer sus deseos carnales. Mahoma se casó oficialmente con doce mujeres; una de ellas tenía seis años y él tenía cincuenta y uno. Se casó con la mujer de su hijastro. Practicó, además, el matrimonio de placer o temporal con cincuenta y cinco mujeres. Y hemos de tener en cuenta que Mahoma, como presunto fundador del Islam, es un ejemplo a imitar. Así como el buen cristiano es el que imita a Jesucristo, el buen musulmán es el que imita a Mahoma. Solo este hecho basta para desacreditar al Islam como auténtica religión. Igualmente ha de tenerse en cuenta aquí lo que se dice después sobre la actividad guerrera y asesina de Mahoma.


La segunda de las mentiras con respecto al Islam la podemos encontrar en el número 253 de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, en donde el Papa Francisco dice explícitamente:

“…El afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia“.

Sin embargo, los hechos desmienten tamaña falsedad. Mahoma mató y ordenó matar a trece personas; además, organizó, participó y luchó en ochenta y ocho batallas en menos de diez años desde el año 622 hasta su muerte en el año 632. El Islam, desde su mismo principio, fue propagado por “el filo de la espada”. La historia del Islam está repleta de violencia y guerra, desde su nacimiento hasta el día presente:


- Cuando los musulmanes invadieron España, se necesitaron siete siglos para expulsarlos.
- Los turcos otomanos masacraron a más de dos millones de armenios entre los años 1915-1916, un hecho todavía ignorado por muchos en el mundo occidental
- En el Sudán más de dos millones de cristianos han sido aniquilados y muchos más vendidos como esclavos
- En Indonesia, los musulmanes han matado a más de 300.000 católicos desde 1975, hasta hoy
- El genocidio y la persecución actual de los cristianos en Irak, Irán, Egipto, Pakistán, Nigeria…en el nombre del Islam y los musulmanes, claman justicia por parte de todos.


- Tanto el Corán como los hadizes (los dichos, hechos y actos de Mahoma) enseñan que los musulmanes deben destruir las vidas y las propiedades de aquellos que no aceptan el Islam.

- El Islam es un régimen cuyas leyes son crueles hacia las poblaciones sometidas a él, ya que prevén la desigualdad de derechos, discriminaciones y castigos brutales y degradantes.

- Por otra parte, es una ideología que justifica, en el nombre de “Alá” su Dios, la persecución de los no musulmanes a “judíos y cristianos”, apoyando sus enseñanzas con las palabras del Corán:

“Creyentes; No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos. Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío” (Sura 5:51).

- El Islam, o Mahoma, ordenan a sus seguidores ser enemigos de las otras religiones y tratarlos como tales, combatiendo contra ellos hasta la conversión. Si no lo hacen se les condena a la esclavitud o a la muerte. 


En el Corán leemos:

“¡Que no crean los infieles que van a escapar! ¡No podrán! ¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Alá y vuestro y a otros fuera de ellos, que no conocéis pero que Alá conoce!” (Sura 8:59-60).

El Corán, es cierto, contiene pasajes donde dice que no hay obligación en religión, que no se deben dañar los árboles, matar niños, mujeres y ancianos…etc. Como, por ejemplo,

“No hay coacción en religión” (Sura 2:256).

“Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. Y ¿vas tú a forzar a los hombres a que sean creyentes?” (Sura 10:99).

Lo que ocurre es que los versículos del Corán pertenecen a dos períodos:

- 1. Algunos versículos fueron transmitidos en la Meca, desde el año 612 a 622. Durante su estancia en la Meca, Mahoma y sus seguidores eran minoría y muy débiles. Por eso los versículos del Corán en esta etapa hablan de cosas muy poéticas –de paz, convivencia, de alabanzas y lindas historias—en ciento veinticuatro versículos.

- 2. Otros versículos fueron transmitidos en Medina, desde el año 622 a 632. Mahoma fue nombrado en Al Medina Jefe de Estado y líder religioso; tuvo muchos seguidores, formó un ejército, se hizo muy fuerte y endureció sus enseñanzas.

Existe un dicho en el Islam conocido como “Al Nasj wa Al Mensuj” que se puede traducir como “los versículos del Corán que abrogan y son abrogados”. Por este procedimiento, los versículos del Corán medineses abrogaron los mecanos. Todos los versículos que hablan del dialogo y la convivencia con otras religiones fueron trasmitidos en la primera etapa de Mahoma cuando todavía era débil con pocos seguidores. Todos ellos, sin embargo, fueron abrogados por los versículos divulgados después, cuando Mahoma se hizo fuerte y tuvo muchos seguidores. Fue entonces cuando anunció versículos violentos, como este:

“Cuando hayan transcurrido los meses sagrados, matad a los asociados dondequiera que les encontréis. ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes! Pero si se arrepienten, hacen la azalá y dan el azaque, entonces ¡dejadles en paz! Alá es indulgente, misericordioso. Pelead contra aquellos que no creen…aunque sean Pueblo del Libro, hasta que estén dispuestos a pagar el tributo en reconocimiento de su estado de sumisión” (Sura 9:5,29).

Por último, recordemos que en la sociedad musulmana en general y árabe en particular un cristiano recibe todos los apoyos y coacciones posibles para su conversión al Islam, tanto laborales como sociales. Por el contrario, los musulmanes que se convierten al cristianismo deben de vivir escondidos para evitar el rechazo social de sus familias. Incluso existe la posibilidad de asesinarlos.

Ortiz de Zárate

miércoles, 27 de agosto de 2014

Reivindicar la belleza del matrimonio cristiano [Robert. Spaemann]

Un buen artículo sobre un tema de candente actualidad, tomado de ACEPRENSA, que resume un escrito del filósofo Robert Spaemann



Para el pensador alemán resultan alarmantes las cifras de rupturas matrimoniales de las sociedades occidentales, pero mayor preocupación suscita la mentalidad divorcista que ha prendido entre los católicos. También entre los creyentes el matrimonio ha dejado de considerarse “una realidad nueva e independiente que se encuentra por encima de la individualidad de los esposos” y que no puede ser disuelta ni por la voluntad de los cónyuges, “ni por la decisión de un sínodo o del Papa”.

No rendirse a la corriente dominante

Esta visión del matrimonio choca con ciertos valores actuales, pero no hay que olvidar que tradicionalmente el mensaje cristiano ha contrastado con los modos de vida predominantes. También hoy la Iglesia, “lo quiera o no, se está convirtiendo en una contracultura” y su futuro dependerá de su fidelidad a las enseñanzas del Evangelio, con independencia de lo aceptado socialmente.

Estas reflexiones responden a la polémica sobre la situación de los católicos divorciados y vueltos a casar y la publicación de la intervención del cardenal Kasper en el Consistorio Extraordinario, convocado por el Papa Francisco para preparar el próximo Sínodo de la Familia. Para Spaemann, un cambio en la postura de la Iglesia sobre este tema supondría “una capitulación a la ideología secular”.

Aceptar de alguna manera el segundo matrimonio de un divorciado no solo está en contradicción con la doctrina evangélica; significaría transformar “el concubinato adúltero en una unión aceptable bendecida por la Iglesia en nombre de Dios”. En tal caso, la respuesta a un pecado –el adulterio– no sería ya la contrición y el perdón, sino una nueva unión, como si el paso del tiempo enmendara en cierto modo la ofensa de la ruptura.

Este modo de pensar, que se ha extendido también en el seno de la Iglesia, está basado en un profundo error. “El tiempo de por sí no es creativo. Su mero transcurrir no restaura la inocencia perdida”. Del mismo modo, recuerda Spaemann, la responsabilidad por el pecado no se limita a confesar la culpa: hay una exigencia de reparación, el compromiso a regularizar una situación anómala o de llevar una vida de continencia.

Apoyar a las víctimas

Eso no supone discriminación ni una falta de caridad con quienes han iniciado una nueva unión: “apoyar a nuestros hermanos cristianos que se han vuelo a casar, mostrarles nuestra comprensión y asegurarles la solidaridad de la comunidad es un deber de misericordia”. Pero esa atención no obliga a rebajar sus deberes; además, “admitirles a la comunión sin contrición y sin regularizar su situación sería una ofensa contra la Eucaristía”.

En cualquier caso, a Spaemann le resulta extraño que en las discusiones sobre este tema no se hayan tenido en cuenta a las víctimas, cuando justamente se ha achacado a la Iglesia que en los casos de abusos sexuales no les prestara suficiente atención. “¿Ha hablado alguien sobre la mujer que ha sido abandonada por su marido, o sobre sus hijos?”, pregunta.

Si los divorciados y vueltos a casar pudieran recibir la comunión, las víctimas de la ruptura matrimonial de algún modo entenderían “que la Iglesia acepta y bendice una nueva unión”, añadiendo al drama de la ruptura un nuevo agravio. ¿No es de justicia que la Iglesia también se preocupe por ellas?

La belleza del matrimonio cristiano


Es doloroso percatarse de que muchos católicos contraen matrimonio sin estar convencidos de su indisolubilidad. Se casan sin conocer las implicaciones del sacramento. La culpa de ello, en gran parte, es de la propia Iglesia: “La preparación al matrimonio cristiano muchas veces no presta a las parejas comprometidas una imagen clara de las responsabilidades que asumen. Si lo hiciera, muchos decidirían no casarse por la Iglesia. Para otros muchos, sin embargo, una buena preparación matrimonial les serviría para decidir su conversión”.

En lugar de buscar alternativas al criterio tradicional o disminuir las responsabilidades que comporta el compromiso conyugal, Spaemann cree necesario promover el atractivo de la concepción cristiana del matrimonio. Pero la belleza de la vida matrimonial solo puede brillar cuando se presentan también sus exigencias, sin diluirlas ni rebajarlas; de otro modo, desaparecería.

“Hay un inmenso atractivo en la idea de que la unión de un hombre y una mujer está ‘escrita en el cielo’, que perdura en lo alto, y que nada puede destruirla, que permanece ‘tanto en la salud como en la enfermedad’. Esta convicción es una maravillosa y estimulante fuente de fortaleza y gozo para aquellos esposos que se enfrentan a crisis matrimoniales y que buscan encender de nuevo su viejo amor

martes, 26 de agosto de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? (21) [Evangelii Gaudium]

Con ser importante, lo más triste -con relación al papa Francisco- es que, en lo que se refiere a sus dichos y hechos, no se trata sólo de algunas expresiones desafortunadas pronunciadas "en un determinado momento", sin haber pasado previamente por el tamiz de la reflexión. Tampoco se trata de lo que aparece en algunas entrevistas del Papa, cuyo contenido a veces se manipula (¡o no!); ni siquiera estoy pensando en el contenido de ciertas homilías (¡no todas, por supuesto!) predicadas en la Iglesia de Santa Marta de las que, a veces, se queda uno algo confuso. No, no es sólo eso, que también. Pero el problema es más grave, porque -y esto sí que ha sido meditado detenidamente- en la misma exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" habla el Papa de los que considera "fundamentalistas cristianos", es decir, de aquellos que se mantienen en la Tradición de la Iglesia y no se abren a las corrientes modernistas (como ya lo hemos demostrado en entradas anteriores) como de personas muy peligrosas que "buscan sus propios intereses y no los de Jesús" (Fil 2,21). [Lógicamente, en su exhortación apostólica no utiliza la palabra "fundamentalista" para referirse a ellos, pero queda claro que así es, por todo lo que lleva hablado hasta ahora, con relación a los que consideran que la fidelidad a la Tradición de la Iglesia es fundamental para su supervivencia. No insisto más en este punto del que se ha hablado ya extensamente]

Utiliza aquí el Papa una nueva expresión ["mundanidad espiritual" ] para los que así son y así piensan. Según el papa Francisco esta "mundanidad espiritual" "está relacionada con el cuidado de la apariencia (...) y por fuera todo parece correcto, pero -llega a afirmar- si invadiera la Iglesia sería infinitamente más desastrosa que cualquiera otra mundanidad simplemente moral" moral" (punto 93)

Más adelante, sigue con su acusación y dice que "esta mundanidad es un neopelagianismo autorreferencial y prometeico de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros  (¿?) por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico del pasado. Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario (¿?), donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar". (punto 94)


"Quien ha caído en esta mundanidad -sigue diciendo el papa- (...) descalifica a quien lo cuestione, destaca constantemente los errores ajenos y se obsesiona por la apariencia (...) Es una tremenda corrupción con apariencia de bien" (punto 97).


La verdad es que, por más vueltas que le doy, no acabo de salir de mi asombro, pero eso es lo que hay. Pienso que ésta es una prueba a la que Dios quiere someternos [a los que somos católicos por la gracia de Dios] para purificarnos, porque la verdad es que lo necesitamos ... ¡y mucho! Afortunadamente, sabemos que "todas las cosas contribuyen al bien de los que aman a Dios" (Rom 8, 28). No obstante, haciendo uso de mi derecho a pensar, y partiendo de la premisa de que todo lo que aparte de la verdad aparta también de Jesucristo [pues Él es la Verdad] sintiéndome uno de esos cristianos "tristes" a los que tanto se refiere el papa Francisco, continuamente, cuando habla de los que defienden la Tradición de la Iglesia de siempre, a los que -para más INRI, y contradiciéndose- llama también "fundamentalistas", con el debido respeto a la persona y a la figura del Papa, pero consciente, también, de que la Religión que profeso no es la religión de un determinado papa sino aquella que se mantiene fiel a TODO el depósito recibido, me atrevo a realizar algunas reflexiones sobre lo dicho por el papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium, con relación a aquéllos que según él- padecen de la terrible enfermedad a la que llama "mundanidad espiritual", enfermedad que consiste básicamente en la hipocresía, que el Papa "supone" que se da en todos los que actúan conforme a la Tradición.


No dudo de que habrá casos concretos en los que así suceda, pero cada vez son menos, dado el ambiente de mundanidad "no espiritual" en el que estamos inmersos.

Pensando en que estas reflexiones pueden servir a alguno que se encuentre en la misma o parecida situación a la mía, paso ya a exponerlas: 

- Si yo voy a Misa no es porque confíe en mis propias fuerzas, sino porque me veo muy pobre y muy poca cosa y necesito de la fuerza de Dios que se hace realmente presente en la Eucaristía. No creo que eso sea ser un neopelagiano autorreferncial y prometeico... [expresión que se las trae] ... vamos, ¡digo yo!


- Tampoco me siento superior a nadie (¡Dios me libre!). Más bien es lo contrario, porque soy consciente de mis pecados y de que debo trabajar mucho más para ser fiel a Dios, poniendo en Él toda mi confianza y no fiándome de mí mismo: ¡sin Jesucristo estaría perdido! ... y mi vida no tendría ningún sentido.


- ¿Triste o anestesiado? ...¡Pero si lo único que me da alegría es el contacto con el Señor en la oración; y eso es lo que me lleva a vibrar de ilusión en mi relación con los demás, cuando sale Jesús a relucir! ¿De dónde, si no, iba a sacar las fuerzas para vivir cristianamente en medio de un mundo pagano como éste en el que nos encontramos?


¿Hipócritas que sólo cuidan la apariencia? ¿Por qué? ¿Se da por sentado, sin conocer a una persona, que si ésta va a misa es por aparentar y por cumplir? ¿No es eso emitir un juicio negativo y faltar contra la caridad? ¿No está eso en contradicción con esa idea de misericordia, tan pregonada por el santo Padre? [... por ejemplo, cuando decía: Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? ... Entonces ... ¿misericordia para los gay, a los que se supone buena voluntad; y ataque inmisericorde para los que van a misa y a los que se supone que lo hacen por aparentar? Esa misericordia SELECTIVA no es buena]. 


¿Por qué no pensar -como así suele ser en la mayoría de los casos -y hoy más que nunca- que las personas que van a Misa lo hacen para que su amor a Jesús no decaiga, sino que vaya a más, porque Él está allí realmente presente y ellos necesitan estar con Él, porque es ese amor lo único que les puede dar fortaleza para no avergonzarse de Jesús ante los demás?


¿Que buscan sus intereses y no los de Jesús? [Y, además, cita el Nuevo Testamento, aplicándoles a ellos esas palabras ... ¡si eso no es juzgar!...]. Vamos a ver: Si yo voy a Misa y hago oración, por el mero hecho de hacer esto no significa que busque mis intereses sino los Suyos ... ¡pues los intereses de Jesús somos nosotros!. Jesús está interesado en mí, sencillamente porque me quiere. Y yo sé que Él desea también mi cariño y mi amor y que esté a Su lado, junto a Él, en el sacrificio de la Misa y en la oración. 


Él -y sólo Él- es la causa de que yo pueda querer luego a los demás. Si no fuera por Jesús los demás me importarían un pimiento: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado" (Jn 13,34). Si yo no conozco a Jesús porque no trato con Él en la oración y, por lo tanto,no estoy enamorado de Él, ¿qué amor verdadero voy a manifestar por los demás? ¿Cómo voy a conducirlos hacia Jesús para que puedan ser realmente felices, ya en esta vida, si primero no soy yo feliz, por haberme encontrado con el Señor gracias a la oración y a la Misa, fundamentalmente? 


¿Cierto estilo católico del pasado? ¿Qué significa eso?. Yo sé que  "Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Heb 13,8). 
Jesucristo es Dios y sus palabras son actuales (no son del pasado): son de hoy, de ahora, de este mismo momento en el que estoy escribiendo. ¿Qué sentido tiene hablar de pasado ... o de estilos del pasado? ¿A qué estilos se refiere? ¿Y, en realidad, qué importan los estilos, por muy del pasado que sean, si esos estilos nos conducen al único y verdadero Dios, manifestado en Jesucristo, que de eso es de lo que se trata y no de otra cosa? Todo lo que lleva hacia Él supone progreso y todo lo que separa de Él retroceso. En Él la humanidad ha llegado a su perfección. Avanzaremos, en todos los sentidos, si nos abrimos a sus palabras y seguimos sus pasos; y retrocederemos hacia los tiempos más remotos y más oscuros de la antigüedad, si no queremos oír su voz y lo rechazamos. ¿Tan difícil es entender esto? ... Muy faltos andamos de fe y muy necesitados de ella. 




- ¿Supuesta seguridad doctrinal? ...¡No es supuesta! ¡Es real! ¿Acaso es orgullo estar seguros de algo? Si yo no estoy seguro del amor de Dios, si yo no estoy convencido de que Jesús "me amó y se entregó a Sí mismo por mí" (Gal 2,20), si no estoy seguro de que Jesucristo resucitó y de que yo también resucitaré, para estar siempre con Él, si le soy fiel en esta vida, entonces mi vida sería absurda. Y diría, con San Pablo, que "soy el más miserable de todos los hombres" (1 Cor 15,19). ¿O es que pensamos que existe alguien que esté dispuesto a dar su vida, si es necesario, por una suposición, por una supuesta seguridad doctrinal? 


Si yo estoy convencido, con convencimiento real, por pura gracia de Dios, de que Jesucristo es Dios y de que no hay salvación fuera de Él, ¿soy, por ello, un fundamentalista?  Estar seguro de algo... ¿es fundamentalismo? ¿Es fundamentalista aquel que ve un pato y dice: esto es un pato? ¿Lo es aquel que dice que 2 + 2 = 4?  Porque no se entiende la fe sin esa seguridad absoluta que proviene de Dios. ¿Cómo podemos llamar a esto elitismo narcisista y autoritario? Ni es elitismo, porque el amor de Dios está abierto a todos los que lo deseen, ni es narcisista, porque su interés es Jesús, ni es autoritario, porque respeta la libertad, como el mismo Jesús la respeta.


Ciertamente, cualquier cristiano con un mínimo de sentido común y que conozca las verdades elementales de su fe, debería darse cuenta de que el Papa está cometiendo graves errores en esas afirmaciones; y que estas cosas que dice no están en consonancia con el sentir de la Iglesia de veinte siglos ni con el mandato y el ejemplo de Jesucristo, el Fundador de la Iglesia Católica. 

Cuando Jesús comenzó su vida pública, sus primeras palabras, aquéllas que indicaban el sentido y la misión de su Vida, fueron: "Convertíos, porque está al llegar el Reino de los Cielos" (Mt 4,17). Y sus últimas palabras, una vez resucitado, antes de ascender a los cielos, fueron: "Se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues,  y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28, 18-20). 


Ésta es la misión que Dios, en la Persona de su Hijo, Jesucristo, encomienda a sus discípulos; una misión en la que deben consumir toda su existencia. Por todas partes aparece la idea de conversión de la gente, idea que Él predicó durante el tiempo que vivió entre nosotros, una conversión que supone arrepentimiento sincero de los pecados cometidos y un volverse hacia Él como la ÚNICA solución posible que tienen los hombres para salvarse. "En ningún otro hay salvación" (Hech 4,12). Solamente Jesucristo ha podido decir: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14,6), porque siendo un hombre como nosotros es también verdadero Dios. 
(Continuará)

lunes, 25 de agosto de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? (20) [Discernimiento]

Esto decía San Pablo:  "En cuanto a mí, poco me importa ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano. Ni siquiera yo mismo me juzgo. Pues aunque en nada me remuerde la conciencia, no por eso quedo justificado. Quien me juzga es el Señor. Por tanto, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor: Él iluminará lo oculto de las tinieblas y pondrá de manifiesto las intenciones de los corazones" (1 Cor 4, 3-5) 

Con relación al papa Francisco yo no soy quién para juzgarle, ni a él ni a nadie. Pero como decía en la entrada "Misericordia y verdad"  si bien es cierto que no se puede juzgar nunca a las personas concretas, no es menos cierto que sí se puede -y, a veces, se debe- emitir un juicio con relación a hechos concretos o a determinados comentarios. De no ser así ni siquiera podríamos hablar, pues cualquier frase es ya un juicio. Esto es del sentido común más elemental. Hay una diferencia esencial entre "juzgar" acerca de hechos o acciones, lo que es necesario, y "juzgar" a una determinada persona, lo que no debe hacerse nunca. San Agustín lo expresaba diciendo que "tenemos que odiar el pecado, pero amar al pecador"

Continuando con los dichos y hechos de nuestro papa, lo preocupante (al menos a mí me preocupa) es que ya no se trata de que sus dichos y sus hechos se interpreten de una manera o de otra, que es lo que viene ocurriendo hasta ahora. Los hay a quienes todo lo que diga el papa les parece bien, puesto que lo ha dicho el papa; y también los hay a quienes todo les parece mal, por la misma razón. En ambos casos se comete un error. Cada vez que el papa haga o diga algo, en los comentarios que se hagan al respecto, nuestra referencia no puede ser "porque lo ha dicho el papa". Si Dios nos ha concedido una inteligencia es para que la usemos, de modo que la pregunta que un cristiano, un católico, debe hacerse cuando habla o actúa el papa es si sus palabras o sus acciones están en conformidad con la doctrina de la Iglesia de veinte siglos, portadora y transmisora de la única verdad, que se encuentra en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La referencia que debemos tomar es Jesucristo fielmente interpretado por la Iglesia de siempre


Analizando los dichos y hechos del papa Francisco, en el año y medio que lleva de pontificado, nos encontramos con que todos son coherentes ... lo que, en principio, es bueno. Sin embargo dejaría de serlo si se pudiera demostrar que el contenido de algunos de esos dichos y hechos no coincide con lo que siempre ha dicho la Iglesia. No debemos olvidar que la Iglesia no la hacen los papas. Fue fundada por Jesucristo. Pedro y sus sucesores -los papas- han recibido un depósito, y este depósito tienen la obligación grave de mantenerlo íntegro, sin quitar ni añadir nada, por una razón muy sencilla; y es que la realidad a la que se refiere este depósito es Palabra de Dios. Como tal, está por encima del tiempo y del espacio; esta Palabra posee una perenne actualidad y puede -y debe- ser siempre aplicada en todo momento y lugar.



Sabemos muy bien que "Jesucristo es el mismo, ayer y hoy y lo será siempre" (Heb 13, 8) Por lo tanto, no es la Iglesia la que debe acomodarse a los criterios del mundo, que son contrarios a Dios, sino que es el mundo el que debe transformarse, de modo que todos seamos uno en Cristo Jesús, conforme a las palabras de San Pablo A LOS CRISTIANOS de Galacia: "No hay judío ni griego, no hay hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gal 3, 28). Y éste fue precisamente el deseo de Jesús poco antes de morir, con relación A SUS DISCÍPULOS, tal y como queda reflejado en la oración sacerdotal de la última cena, en la que Jesús le rogaba a su Padre: "Que todos sean uno: como tú, Padre, en Mí y Yo en Tí. Que también ellos sean uno en nosotros, PARA QUE EL MUNDO CREA que Tú me has enviado" (Jn 17,21)

Siendo esto así, la pregunta que nos hacemos, como cristianos que somos por la gracia de Dios, es si estas verdadescontenidas en las Sagradas Escrituras y fielmente interpretadas por la Iglesia durante veinte siglos ... y que son indiscutibles, al tratarse de la palabra de Dios, han sido tergiversadas o cambiadas en la Iglesia del momento actual. Si así fuese (¡evidentemente debería de estar demostrado de manera que no diese lugar a dudas!) entonces, con todo el dolor de nuestro corazón y de nuestra alma, nos veríamos obligados a mantenernos fieles a la Iglesia de siempre, que es la única verdadera, pues "es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech 5, 29). 

Y aunque los que representan a la Iglesia lo hacen legítimamente -esto no se pone en duda- habría que pedir por ellos para que volvieran a la verdadera Iglesia, a la cual representan (conforme a derecho), pero de la que, de hecho, se han apartado, al haberse acomodado al mundo. Esto no lo digo yo; lo dice el apóstol Santiago [y lo dijo también Jesucristo]:  "Quien desee hacerse amigo del mundo se convierte en enemigo de Dios" (Sant 4,4). No podemos ignorar esta realidad y mirar para otro lado, como si se tratara de algo que no va con nosotros. Todos los cristianos estamos llamados a ser luz del mundo: "Vosotros sois la luz del mundo" (Mt 5, 14). Por eso, debemos dar testimonio de Jesucristo, con nuestra vida, para salvar a la Iglesia, que es su Cuerpo Místico, del que todos los cristianos formamos parte. 


Y si nos encontramos con falsos pastores, como -de hecho- suele ocurrir, por desgracia, no debemos consentir que nos engañen, y tenemos la grave obligación de atender a las consignas que nos dio nuestro Maestro cuando dijo: "Mirad que nadie os engañe. Pues muchos vendrán en mi Nombre diciendo: 'Yo soy el Cristo', y engañarán a muchos" (Mt 24, 4-5). Y más adelante: "Si alguien os dice: 'Mirad, el Cristo está aquí o allá', NO LO CREÁIS. Porque surgirán falsos cristos y falsos profetas, y harán grandes signos y prodigios para engañar, si fuera posible, incluso a los mismos elegidos" (Mt 24, 23-24).  Para que no quede ninguna duda respecto a cómo debe ser nuestra actuación, y para que permanezcamos siempre alerta nos dice: "Mirad que os lo he avisado" (Mt 24,25)


¿Qué debemos hacer, entonces, ante tanta confusión? ... dado que "surgirán falsos profetas que engañarán a muchos" (Mt 24,11). Pues bien. Esto dice el Señor:  "Vigilad y orad para no caer en tentación" (Mt 26, 41). Y no tener miedo, pensando en las palabras de Jesús: "En el mundo tendréis tribulación. Pero confiad: Yo he vencido al mundo" (Jn 16, 33). Es muy importante que pongamos en El toda nuestra confianza, pues  "al crecer la maldad, se enfriará la caridad de muchos"Pues bien -nos dice el Señor-: "Cuando comiencen a suceder estas cosas, erguíos y levantad la cabeza porque se aproxima vuestra redención (Lc 21,28). 

Palabras muy consoladoras, como todas las que provienen de la boca de nuestro Maestro: "Vosotros sois mis amigos" (Jn 15, 14). Jesús es nuestro amigo y no permitirá que nos ocurra nada que nos pueda separar de Él: "¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada?" (Rom 8, 35).  "En todas estas cosas vencemos con creces gracias a Aquel que nos amó. Porque estoy convencido de qu ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las cosas presentes, ni las futuras, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios, que está en Cristo Jesús, Señor Nuestro" (Rom 8, 37-39). 


Pongamos la barca de la Iglesia en manos del Señor y pidámosle fervientemente por ella para que se mantenga firme en su Palabra y no se deje arrastrar por los nuevos movimientos modernistas que quieren cambiar su Iglesia por otra "Iglesia" que ya no sería la suya, y esto incluso aun cuando su Vicario en la Tierra hubiese sido legítimamente constituido como tal. 

No tenemos otro camino: "Yo soy el Camino" -decía Jesús. "Nadie va al Padre sino es a través de Mí" (Jn 14, 6). Si queremos salvarnos sigamos los consejos que nos da san Pablo, cuando escribe a los colosenses: "Así como acogisteis a Cristo Jesús, el Señor, caminad en Él, arraigados y edificados sobre Él, permaneciendo fuertes en la fe, tal como aprendisteis, y manifestando generosamente vuestro agradecimiento" (Col 2, 6-7), pues  "en cuanto al fundamento nadie puede poner otro distinto del que está puesto, que es Jesucristo (1 Cor 3, 11). Además,  tenemos la seguridad (porque Jesús nos lo ha dicho) de que "quien persevere hasta el fin, ése se salvará" (Mt 24, 11-13). Por eso, le pedimos con confianza que nos conceda la gracia de la perseverancia final para que podamos estar siempre junto a Él, a su lado, en mutua reciprocidad de amor, por eternidad de eternidades.


 (Continuará)

viernes, 22 de agosto de 2014

Misericordia y Verdad


"Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados" (Lc 6, 36-37) "...Con la medida que midáis seréis medidos vosotros" (Lc 6, 38). Una misericordia que se extiende a todos, incluso a los enemigos: "Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos y pecadores" (Mt 5, 44-45).

Todo esto son palabras de Jesucristo, que no son cuestionables, pues son palabra de Dios. Escribo estas citas porque pienso que debe quedar muy claro que existe una enorme diferencia entre "juzgar" sobre determinados hechos y realidades y "juzgar" acerca de una persona concreta. Aunque se utilice la misma palabra, se trata de ideas diferentes. 


[Lo propio sería que a dos conceptos distintos les correspondieran dos palabras distintas, pero no es ése el caso en nuestro idioma. El contexto es el que nos dará el sentido en el que estamos usando esa palabra de juzgar].

Nadie puede "juzgar" a una persona (ya hemos oído lo que dice Jesús) pero sí se puede -y se debe- "juzgar" acerca de los hechos, para poder discernir lo que está bien de lo que está mal. Así es como actuaba Jesús. Por ejemplo, a los judíos que iban a lapidar a una mujer por haber cometido adulterio, les dijo: "Aquel que de vosotros esté sin pecado que le arroje la piedra el primero" (Jn 8,7). "Al oír estas palabras se fueron marchando uno tras otro, comenzando por los más ancianos, y se quedó solo con la mujer, que estaba delante (...). Jesús le dijo: "Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te condenó?" Ella contestó: "Ninguno, Señor". Jesús le dijo: "Tampoco Yo te condeno. Vete y no peques más" (Jn 8, 9-11). 



Jamás nadie en el mundo ha pronunciado (ni jamás podrá pronunciar) estas palabras que dijo Jesús a los fariseos: "¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?" (Jn 9,46). Y se callaron, porque sabían que decía verdad. Y es que Él es el Justo entre los justos y el Santo entre los santos: Él es Dios. Y, sin embargo, siendo Dios, como lo era, por puro Amor a nosotros, se hizo "semejante a los hombres; y, en su condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil 2,7-8), y "fue probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado" (Heb 4,15).


Jesús llama a las cosas por su nombre: "Yo soy la verdad" (Jn 14,6). "Todo el que es de la verdad escucha mi voz" (Jn 18, 37). "Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?" (Jn 9,46b). En este caso, la verdad era que la mujer había pecado cometiendo adulterio; y Jesús, en quien no cabe la mentira, no excusa su pecado, sino que le dice: "no peques más" (Jn 8,11). 


El pecado nunca es justificable. Claro que Jesús va mucho más allá: Él ve el corazón de esta mujer; y conoce que está arrepentida (no necesita de sus palabras para saberlo). Jesús ama al pecador y no desea otra cosa que perdonarle. Pero odia el pecado, porque conoce la inmensa gravedad del pecado; sabe que es un "misterio de iniquidad" (2 Tes 2,7) y una tremenda ofensa a Dios; es algo cuya perversidad somos incapaces de imaginar. 


El pecado es la única causa de todos los males que hay en el mundo: hace mucho daño a las personas. Démosle importancia y mucha. No olvidemos que fue el pecado de Adán la causa de la venida de Dios al mundo en la Persona de su Hijo, para redimirnos y hacer posible nuestra entrada en el cielo, de modo que pudiéramos estar junto a Él. Hasta ese extremo llegó el amor que Dios nos tenía y nos tiene: un amor que sólo espera de nosotros -de cada uno- ser correspondido de la misma manera. 

Ya conocemos la expresión "amor con amor se paga". Dios desea nuestro amor y por eso nos ha creado libres; sin libertad no puede haber amor. Y así, aunque salir del pecado sea, sin duda, lo mejor para nosotros, Dios no nos podrá perdonar si no ponemos de nuestra parte. No es que Él no pueda hacerlo (en principio claro que podría, puesto que Dios todo lo puede) ... pero una vez que nos ha creado del modo en que lo ha hecho, es decir, libres ... porque así lo ha querido ...  en cierto modo se ha hecho impotente. Y así resulta que requiere de nuestra colaboración, es decir, de nuestra respuesta amorosa a su Amor como condición necesaria para nuestra salvación.


El perdón supone la vuelta a Dios, que es Amor. Y como el amor no puede imponerse, Jesús pone sólo una condición para poder perdonarnos, y es ésta: el pecador debe reconocer su pecado como tal pecado, y arrepentirse de él, con el propósito firme de no volver a pecar más, por una parte; pero, sobre todo, con la confianza completamente puesta  en Dios, manifestado en Cristo Jesús, sabiendo que no debemos preocuparnos demasiado pues, como dice San Pablo "Dios no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación os dará la fuerza para que podáis superarla" (1 cor 10, 13). 


Es una verdad de fe, fundamental para nuestra existencia conocer que "Dios, que es rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, aunque estábamos muertos por el pecado, nos dio vida en Cristo" (Ef 2, 4-5). Sin embargo, Él mismo se ata las manos para darnos esa Vida que, libremente, debemos desear y pedírsela, con la seguridad -eso sí- de que nos la concederá si se la pedimos con fe. Es cierto que tener la Vida de Dios en nosotros es algo que nadie puede conseguir con sus solas fuerzas, es pura gracia: "Sin Mí nada podéis hacer" (Jn 15,5). Pero es igualmente cierto que si queremos (es decir, si queremos a Jesús) entonces con Él lo podemos todo: "Todo lo puedo en Aquél que me conforta" (Fil 4,13). 


[Podríamos decir que, con relación a nuestra salvación todo depende de Dios, pues todo es Gracia, pero también todo depende de nosotros, pues hemos sido creados libres para aceptar o rechazar esa Gracia que se nos ofrece y que no se nos puede imponer]


En fin, como digo, hasta tal punto esto es así que Dios no nos podría perdonar si nosotros no quisiéramos ser perdonados. Éstas son sus palabras: "Todo pecado y blasfemia se perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada (...) ni en este mundo ni en el venidero" (Mt 12, 31-32). 


¿Qué significa esto? Pues ya lo hemos visto: Dios nos ha creado libres para que, haciendo uso de nuestra libertad, lo amemos con amor verdadero. El amor verdadero requiere de un yo y un tú que mutuamente "se dicen" su amor. Puesto que son notas esenciales del amor la libertad y la reciprocidad amorosa entre los que se aman, faltando alguna de ellas, tal amor no podría darse. 


La conclusión salta a la vista: El Espíritu Santo es Amor. Un pecado contra el Espíritu es un pecado contra el Amor, es el rechazo del Amor. El que peca contra el Espíritu Santo y peca, por lo tanto, contra el Amor, es aquél que no quiere saber absolutamente nada  del Amor que Dios le tiene. 


Dios insiste una y otra vez, continuamente, a cada instante, porque nada desea más que recuperar el amor de esta "oveja perdida", a la que dice: "Dame a ver tu rostro, hazme oír tu voz, que tu voz es suave y es amable tu rostro" (Cant 2,14b). Tenemos infinidad de oportunidades para volvernos a Él: cada día es una nueva oportunidad de volver a empezar. 


Nunca es demasiado tarde, mientras vivamos. Pero es preciso ser generosos y responder lo más pronto posible y sin condiciones. De lo contrario nuestro corazón se puede ir endureciendo con el paso del tiempo. Y aunque en teoría es posible la conversión, cada vez se hace más difícil ... y, en verdad, casi imposible, excepto si ocurre algún milagro de por medio, como sucedió en el caso de San Pablo... pero eso no es lo normal. 


De modo que es preciso hacer silencio en nuestro interior, para poder escucharle y darle una respuesta. Él está a la puerta de nuestro corazón, llamándonos de modo insistente y continuo: "He aquí que estoy a la puerta y llamo. Si alguno escucha mi voz y abre la puerta Yo entraré a él y cenaré con él y él cenará conmigo" (Ap 3,20)

martes, 19 de agosto de 2014

¿Fundamentalismo cristiano? (19) [Concilio Vaticano II]

No deja de ser curioso -y preocupante- que estos cristianos "tristes" a los que se refiere el papa Francisco son precisamente aquellos mismos cristianos de los que habla cuando dice en su entrevista que hay también grupos cristianos fundamentalistas. Estos "fundamentalistas" serían los que podríamos llamar "malos católicos" (mundanos, espiritualmente hablando, según el papa Francisco; y muy peligrosos). Como claro ejemplo de malos católicos-desde esta perspectiva- estarían los Franciscanos de la Inmaculada y todos aquellos que siguen manteniéndose fieles a la Tradición multisecular de la Iglesia, aquellos que hacen oración ante el Sagrario y participan en el santo sacrificio de la Misa y creen que Jesús está realmente presente en la hostia consagrada; en fin los "malos católicos" serían aquellos que, contra viento y marea, han permanecido fieles, durante toda su vida, a las verdades establecidas como dogmas en la Iglesia de siempre, porque han visto en ello la voluntad de su Fundador, Jesucristo, a quien aman sobre todas las cosas.

Y los "buenos católicos", siempre según esta "ideología", serían aquellos que dicen amén a todo lo que el Papa diga o le parece que ha querido decir, simplemente porque son palabras del Papa, como si el Papa fuese Dios. Esto es lo que podríamos llamar "papolatría". Se olvida así algo que es esencial y que todo cristiano debe de conocer, a saber: no pertenecemos a la Iglesia de un determinado Papa sino a la Iglesia fundada por Jesucristo. [El Papa, como persona humana que es, cuando no habla ex cathedra, puede equivocarse. Y hasta ahora nunca ha hablado ex cathedra]. Un cristiano tiene la obligación de conocer bien los fundamentos de su fe. Y no olvidar que, sea quien sea el que lo diga, si alguien (aunque fuera un ángel del cielo) predica un Evangelio distinto del que se nos ha transmitido en la Sagrada Escritura, debe ser considerado como anatema (o sea, maldito), según nos dice el apóstol Pablo en la epístola a los Gálatas, capítulo 1, versículos del 6 al 10

Así pues: se diga lo que se diga, la opción por la Verdad, o sea, la opción por Jesucristo, es lo único que tiene que preocupar verdaderamente a un católico que se precie de tal. ¡Eso sí, no por un Cristo a la carta, sino por Jesucristo fielmente interpretado por la Tradición de la Iglesia de veinte siglos! Nadie se puede permitir el lujo de interpretar a su gusto el Evangelio [como ocurre en el caso de los protestantes, para quienes cuenta la sola Escritura]. La institución del Papado es un dogma de fe y nos da una seguridad absoluta acerca de la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras, en lo que tienen de esencial con vistas a nuestra salvación. Si perdemos esto de vista, entonces lo hemos perdido todo.

[¡No debemos confundir el Papado con lo que un determinado Papa diga en un determinado momento, por muy Papa que sea! Un Papa que negara, "de alguna manera", algo de lo establecido anteriormente como doctrina segura, tendría que ser cuestionado en su fe por el conjunto de obispos y cardenales que componen la Iglesia ... pues se trataría de un Papa "hereje",  lo que es una contradicción; en ese caso tendría que ser depuesto. No estoy diciendo que ése sea el caso del papa Francisco [tampoco estoy diciendo que no lo sea]. Es un tema muy delicado, porque habría que demostrar de un modo que no diera lugar a dudas de que eso es así. E incluso, supuesto el caso de que se demostrase, el Papa siempre podría decir que no se había interpretado bien lo que dijo; o podría perfectamente retractarse de ello. En ambos casos no perdería su cargo. En fin, este tema merecería un estudio aparte]


Curiosamente se sigue diciendo, usando la expresión hermenéutica de la continuidad, debida al anterior Papa Benedicto XVI que, con las reformas que se están haciendo hoy en la Iglesia - y con las que se pretenden hacer - no se quiere romper con el pasado, sino que hay continuidad. La Iglesia sigue siendo la misma pero adaptada a los tiempos modernos. Esto es la teoría. La realidad lo desmiente. Los hechos que hoy en día se están produciendo indican más bien ruptura que continuidad, con relación a la estructura de la Iglesia de veinte siglos ... ¡como si la Iglesia hubiera comenzado hace cincuenta años, a raíz del Concilio Vaticano II!. Siempre se habla del Concilio, como sinónimo del Concilio Vaticano II (y sólo de ese Concilio y no de los veinte Concilios anteriores), y del espíritu del Concilio (que nadie sabe en qué consiste), porque un espíritu puede ser bueno y puede ser malo [excepto, claro está, si estamos hablando del Espíritu Santo, pero éste "sopla donde quiere y oyes su voz pero no sabes de dónde viene ni adónde va" (Jn 3,8)]. Queda claro que ese Espíritu no se deja agarrar por nadie, sino que es libre y siempre va unido a Jesús: "El Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor hay libertad" (2 Cor 3, 17). Recordemos también que Jesucristo dijo de sí mismo: "Yo soy la Verdad" (Jn 14, 6) y también: "La Verdad os hará libres" (Jn 8,32). En la unión con el Señor Jesús (que es la Verdad) unión posible por el Espíritu Santo, Espíritu del Padre y del Hijo, encontramos nuestra auténtica libertad: una libertad que va unida siempre a la Verdad, que es Jesús, y una libertad que nos es dada porque estando con Jesús tenemos su mismo Espíritu en nosotros, por pura gracia. 


Y, sin embargo, p
arece como que si se contradice algo (¡no estoy diciendo que se contradiga todo, tan solo algunos puntos!) de lo que fue aprobado en el Concilio, se estuviese, por ello mismo, actuando en contra de la Iglesia, lo que es absolutamente falso. El Espíritu Santo va siempre de la mano de Jesús. Todo lo que nos oculta a Jesús, nos oculta también su Espíritu. Y nos hace esclavos (aun cuando sea el mismo Concilio Vaticano II)


Y de hecho ocurre que dicho Concilio, que pretende imponerse como si fuese Palabra de Dios, inspirada directamente por el Espíritu Santo, contiene -sin embargo- una serie de puntos de dudosa ortodoxia [entre ellos la colegialidad, la libertad religiosa, el ecumenismo y el diálogo interreligioso; aunque no son los únicos]. Por eso mismo no podía nacer con vistas a dar definiciones de tipo dogmático, lo que sí ocurrió con los veinte Concilios anteriores. En teoría nació como un concilio meramente pastoral, en sus intenciones. Y efectivamente no ha definido nada de modo dogmático. Lo extraño del caso es que siendo eso así, como lo es, ¿a cuento de qué esa obsesión en querer imponer a los cristianos una visión tan estrecha de lo que es la Iglesia, reduciéndola a lo que se dice en el Concilio Vaticano II? [máxime cuando dicho Concilio, como digo, tiene algunos puntos muy discutibles desde un punto de vista ortodoxo] La Iglesia es mucho más que eso. Y es el Espíritu Santo (el auténtico, el Espíritu de Jesús) el que la anima y no el "espíritu" del Concilio. 

Del Concilio Vaticano II hay que tomar como absolutamente cierto aquello que está en conformidad con lo que se dijo en los Concilios anteriores, que sí nacieron como dogmáticos. Y, ante la menor duda, un católico debe ir a lo seguro, o sea, a lo definido dogmáticamente por la Iglesia de siempre. De ese modo, aunque sea tachado de "fundamentalista" o de "cristiano triste", puede tener la conciencia tranquila de que está cumpliendo con lo que Dios quiere. Su único "fundamentalismo" (del que puede sentirse orgulloso) consiste en que intenta hacer realidad en su vida las palabras de la Escritura que dicen que: "en cuanto al FUNDAMENTO nadie puede poner otro distinto del que está puesto, que es JESUCRISTO" (1 Cor 3, 11). Bendito fundamentalismo éste, que no se caracteriza precisamente por ningún tipo de violencia 
contra los demás, ni ideológica ni física, (en contra de las afirmaciones del Papa Francisco, en este sentido)




Estamos llegando a una situación límite, en la cual serán muy pocos  los católicos que lo sean de verdad ... y desde luego, no lo serán aquellos que siguiendo doctrinas "oficiales" de la Iglesia, se dejen engañar 
[Digo con toda idea, "se dejen engañar" porque no debemos olvidar que sólo será engañado el que quiera serlo]- por los dichos y retóricas de una inmensidad de "falsos pastores" que surgirán apareciendo como portadores de la auténtica palabra de Dios, cuando serán, en verdad, "lobos disfrazados de ovejas", "ladrones y salteadores", a quienes no les importan en absoluto las ovejas: el "mensaje" que "prediquen" será meramente humano y la figura y la realidad de Jesús quedará relegada a su mínima expresión. 

En esa "nueva doctrina" ya no habrá lugar para nuestro gran Amigo y nuestro Único verdadero Amigo, que es Jesucristo. Las palabras que oiremos serán palabras de hombres, pensadas por hombres y para los hombres. Para dar impresión de continuidad nos encontraremos con el nombre de Jesucristo, pronunciado de vez en cuando, pero este Cristo no será ahora el Cristo real, aquél que formó parte de nuestra historia y que se manifestó como verdadero hombre, y también como verdadero Dios. Será simplemente un Cristo simbólico y lo esencial, en esta "nueva religión" (por llamarla de algún modo) será la solidaridad (¿?) entre los hombres. Cualquier viso de sobrenaturalidad será considerado como peligroso y tachado como sospechoso de "mundanidad espiritual".


Me viene a la mente la escena en la que María Magdalena fue al sepulcro, muy temprano, en la madrugada del domingo, y se encontró con que la piedra del sepulcro estaba quitada. Se quedó fuera, llorando junto al sepulcro. Y cuando dos ángeles, vestidos de blanco, le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?", ella contestó: "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto" (Jn 20, 13). La situación actual por la que atravesamos es muy parecida: Nos han quitado al Señor y no sabemos dónde se encuentra. 


Pues bien: ante tantas pruebas como nos esperan, es fundamental tener las ideas muy claras, y pedirle a Dios que nos conceda una fe sincera y auténtica pues, como dijo el mismo Jesús: "llega la hora en que todo el que os dé muerte pensará que hace un servicio a Dios" (Jn 16,2). Los católicos auténticos serán considerados como "malos", "retrógrados", etc... y serán perseguidos por los que se considerarán a sí mismos "buenos católicos, "progres", "puestos al día", "en conformidad con los tiempos actuales", etc... y, además, como poseyendo la verdad, engañando así a miles y miles de católicos, que prestarán oído a sus fábulas, ... pues la  "verdad" que prediquen no será la Verdad (con mayúsculas), que es Cristo. El número de los que conozcan de veras a Jesús será muy limitado, reducido a unos pocos, muy pocos, aquellos que no se avergüencen del Nombre de Jesús, como Dios y hombre verdadero.


Cuando eso ocurra -y ya está ocurriendo en algunos lugares- hagámonos el propósito de grabar en nuestra mente y en nuestro corazón estas hermosas palabras de Jesús, que están dirigidas a cada uno de nosotros, para que no tengamos miedo. Decía Jesús [y sus palabras tienen siempre actualidad]: "Cuando comiencen a suceder estas cosas, erguíos y LEVANTAD LA CABEZA porque está cerca vuestra redención" (Lc 21, 28). Y estas otras: "Vosotros ahora tenéis tristeza, pero OS VOLVERÉ A VER Y SE OS ALEGRARÁ EL CORAZÓN Y NADIE PODRÁ QUITAROS VUESTRA ALEGRÍA" (Jn 16,22)

(Continuará)