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miércoles, 2 de abril de 2025

El PP y la teoría del caballo muerto: un partido irreconocible que sigue engañando a su electorado

 ADELANTE ESPAÑA

La Teoría del Caballo Muerto es una metáfora utilizada para ilustrar la tendencia de personas, empresas o gobiernos a seguir invirtiendo esfuerzo, tiempo y recursos en algo que claramente ha fracasado. Si un caballo está muerto, lo lógico sería desmontar y buscar otra solución. Sin embargo, en la práctica, muchos optan por estrategias inútiles: comprar un látigo más fuerte, cambiar al jinete o decretar que el caballo sigue vivo.

Este concepto es aplicable a múltiples ámbitos, desde la política hasta la gestión empresarial. En política, se ve cuando los gobiernos insisten en modelos fracasados –otro día hablaremos de la Constitución Española– creyendo que con pequeñas modificaciones podrán hacerlos funcionar, ignorando las señales de su inviabilidad.

La lección clave de esta teoría es que reconocer el fracaso a tiempo permite redirigir esfuerzos hacia soluciones viables. Sin embargo, la naturaleza humana y la burocracia tienden a resistirse al cambio, prolongando la ilusión de que el ‘caballo muerto’ aún puede avanzar. En última instancia, el éxito depende de la capacidad de adaptación y la voluntad de abandonar lo que ya no funciona.

La Teoría del Caballo Muerto describe con precisión la situación actual del Partido Popular (PP) y la reacción de su electorado ante su evidente transformación.

En sus inicios, el PP – y antes, Alianza Popular– se presentaba como defensor de la familia, la vida, la unidad de España y el orden social, oponiéndose, al menos, teóricamente a las imposiciones ideológicas de la izquierda. Así lo entendió su electorado. Sin embargo, hoy su deriva es evidente: ha asumido la ideología de género, se pliega a la inmigración masiva sin control, permite la islamización progresiva de la nación y asume los postulados de la izquierda en aborto, eutanasia y divorcio. Pero el problema no es solo el partido, sino un electorado que insiste en ‘cambiar de montura’, dándole nuevas oportunidades y esperando que vuelva a ser lo que fue.

El PP es, en la actualidad, un partido rendido ante la izquierda. En las últimas décadas ha cedido terreno en las mismas políticas que en su día decía combatir. La implantación de las leyes de ideología de género, antes exclusivas de la izquierda, ha sido normalizada por el PP en varias comunidades autónomas, a menudo con más firmeza que los propios partidos izquierdistas.

En temas como la familia, la vida o la educación, el PP ya no representa los principios que decía defender. En aborto y eutanasia, ha aceptado legislaciones de la izquierda sin intentar revertirlas. Donde antes hablaba de derogar leyes injustas, ahora se refugia en el ‘consenso’ con la izquierda. No solo las asume, sino que las hace suyas sin el menor rubor. Otro claro ejemplo de cómo se siguen dando latigazos a un caballo muerto en un intento absurdo de hacerlo andar.

Otro punto clave en la transformación del PP es su postura respecto a la inmigración. En lugar de plantear políticas responsables y ordenadas, ha asumido el discurso buenista que promueve la inmigración masiva sin control, con consecuencias evidentes en muchos barrios de España: aumento de la delincuencia, inseguridad, intolerancia religiosa y problemas de convivencia. Pero el PP prefiere ignorarlo para evitar ser tildado de ‘ultraderechista’ por la izquierda mediática.

La islamización de España es otro fenómeno que el PP ha decidido no solo obviar sino promover. Donde antes defendía los valores cristianos y la identidad nacional, ahora se pliega al multiculturalismo de la izquierda, aceptando la imposición de costumbres y valores ajenos a nuestra cultura sin resistencia alguna.

La reacción de su electorado: seguir votando al caballo muerto. Pese a esta deriva evidente, muchos votantes del PP siguen aferrados a la esperanza de que, con un cambio de liderazgo, el partido recuperará su esencia. Como en la Teoría del Caballo Muerto, en vez de desmontar y buscar una alternativa real, optan por estrategias inútiles: cambian de jinete (hoy Feijóo por Casado, mañana será Ayuso…), renuevan el nombre del mismo programa o se conforman con ‘al menos no es el PSOE’.»

Cada elección, miles de votantes desilusionados le dan una «última oportunidad» al PP, convencidos de que esta vez será diferente. Sin embargo, los resultados son siempre los mismos: promesas vacías en campaña y concesiones a la izquierda una vez en el poder. Mientras tanto, la izquierda sigue avanzando y el PP se convierte en una mera gestora del legado socialista, sin intención real de cambiar el rumbo de la nación.

Si algo nos enseña la Teoría del Caballo Muerto, es que seguir apostando por una opción fracasada solo prolonga el problema. El PP ha demostrado una y otra vez que ha abandonado sus principios. Su electorado debe decidir si sigue autoengañándose o busca una alternativa real que represente sus valores. La fidelidad ciega a un partido que ha traicionado su esencia no es una estrategia política inteligente, sino un obstáculo para el cambio necesario.

Los votantes conservadores tienen la responsabilidad de no dejarse arrastrar por la nostalgia y actuar en consecuencia. Si el objetivo es recuperar la defensa de la familia, la vida y la unidad de España, la solución no está en seguir votando a un partido sometido al discurso izquierdista. Es el momento de desmontar, aceptar que ese caballo está muerto y apostar por una opción que realmente defienda estos principios. Y en la actualidad, hay varias opciones, parlamentarias y extraparlamentarias, que pueden ser alternativas.

El cambio no se logrará con una «nueva cara» dentro del mismo partido. Se logrará con un nuevo proyecto que tenga el valor de enfrentarse a la izquierda sin complejos, sin buscar la aprobación de sus medios y sin traicionar los valores que millones de españoles esperan ver defendidos. Y para ello, lo primero es dejar de intentar resucitar lo que ya no tiene vida.

Continúa la sangría de fieles (y contribuyentes) de la Iglesia católica en Alemania



La mala noticia ha caído como una ducha fría la semana pasada. La Conferencia de Obispos Catòlicos Alemanes ha publicado su informe anual correspondiente al año 2024 en el que constata que 321.611 fieles han abandonado la Iglesia católica. Se confirma de este modo la hemorragia de fieles que ya se experimentaba en años anteriores.

En Roma, la noticia ha causado profunda preocupación, pues tiene lugar en momentos de difícil diálogo entre la Santa Sede y el episcopado alemán. Por otra parte, al descender el número de fieles desciende también la contribución económica que la Iglesia en Alemania puede ofrecer a la Santa Sede, la más importante en Europa.

El fenómeno de las apostasías

El fenómeno de las apostasías de la Iglesia católica se contabiliza con precisión año tras año, pues depende del número de personas que se dan de baja en el registro oficial de las iglesias. De este modo, quedan exentas de pagar el impuesto religioso.

Si bien la sangría del año 2024 ha sido muy dolorosa, es inferior a la de los dos últimos años. En 2023, 402.694 personas abandonaron la Iglesia católica, mientras que en 2022 fueron 520.000. Según estas cifras, en la actualidad, la Iglesia cuenta en el país con 19,8 millones de católicos, el 23,7 % de la población alemana.

En Alemania, el impuesto religioso (Kirchensteuer) constituye un tributo que el Estado cobra a los miembros registrados de determinadas comunidades religiosas, principalmente la Iglesia católica y las iglesias protestantes (luteranas y reformadas), aunque también lo pueden recaudar otras confesiones reconocidas oficialmente.

El impuesto religioso

El impuesto religioso en Alemania corresponde al 8 o el 9 por ciento del impuesto sobre la renta (IRPF). Solo lo pagan quienes están registrados como miembros de una iglesia oficialmente reconocida. Por ejemplo, si una persona paga 10.000 euros de impuesto sobre la renta al año, pagará entre 800 y 900 € de impuesto religioso adicional, si está registrada como miembro de una iglesia.

El impuesto lo recauda el Estado alemán a través del sistema fiscal, y luego lo transfiere a la iglesia correspondiente, quedándose con una pequeña comisión. Este mecanismo se introdujo en 1919 con el objetivo de garantizar la independencia financiera de la Iglesia con respecto al Estado.

Para dejar de pagar el impuesto es necesario apostatar oficialmente de la fe. El trámite se realiza en la oficina local de registro civil o el juzgado (dependiendo del estado). Tras la renuncia, se deja de ser oficialmente miembro de la iglesia. Puede tener consecuencias religiosas (por ejemplo, no poder casarse por la iglesia o no recibir algunos sacramentos).

Secularización y escándalos

El elevado número de apostasías de los últimos años tiene lugar a causa de una compleja serie de causas, entre las que destaca el proceso de secularización que se vive en el país. A esta crisis se le unió el impacto, en 2018 de la publicación por parte de la Conferencia Episcopal Alemana de un devastador informe sobre los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.

Otros números fundamentales de la vida de la Iglesia católica en Alemania son negativos: en el último año ha descendido el número de bautismos: en 2024 fueron 116.222, mientras que en 2023 se habían celebrado 131.245. Los matrimonios en la iglesia fueron 22.504, mientras que en el año anterior habían sido 27.565. Como nota positiva, 4.743 creyentes fueron readmitidos en la Iglesia; en 2023 habían sido 4.127.

Para tratar de responder a esta sangría de fieles, el 1 de diciembre de 2019 la Iglesia emprendió el así llamado Camino sinodal, una asamblea formada por obispos, órdenes religiosas, comunidades y laicos representantes del Comité Central de Católicos Alemanes.

Las propuestas del Camino sinodal

En las votaciones de sus asambleas Camino sinodal ha reivindicado entre otras reformas la ordenación sacerdotal de mujeres, una mayor influencia de los laicos en la elección de los obispos, una ceremonia pública de bendición de parejas homosexuales, la reforma de las enseñanzas en materia de ética sexual en del Catecismo de la Iglesia Católica, la posibilidad de ordenar a sacerdotes casados.

Tanto representantes de la Curia Romana como el mismo Papa Francisco han intervenido en varias ocasiones para explicar que esta asamblea de laicos, clérigos y religiosos no tiene el poder para cambiar las enseñanzas de la Iglesia de manera autónoma.

Homologar a la Iglesia católica con la protestante

En junio de 2022 el Papa Francisco, en una entrevista publicada por la “Civiltà Cattolica” explicó que el Camino sinodal alemán, tal y como está organizado, corre el riesgo de homologar a la Iglesia católica con la protestante, dado que acaba asumiendo sus mismos postulados.

“Ya hay una muy buena Iglesia evangélica en Alemania. No necesitamos dos”, explicó el Papa, repitiendo el consejo que ya había dado a monseñor Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.

Problemas similares para la Iglesia Evangélica

La preocupación del Vaticano parece ser confirmada por los números. La adopción de un modelo de Iglesia como el de la protestante no reduce el número de las apostasías. De hecho, la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD) está viviendo el mismo fenómeno. En 2024, aproximadamente 345.000 protestantes abandonaron formalmente la iglesia. El número de los cristianos evangélicos en el país ha descendido a unos 18 millones.

El constante descenso de fieles implica también menos ingresos para la Iglesia alemana, una de las mayores contribuyentes a nivel económico con la Santa Sede. En 2023, los ingresos de las 27 diócesis alemanas ascendieron a 6.510 millones de euros, prácticamente 330 millones de euros menos, es decir, un 5% en comparación con 2022.

Convocan una concentración a las puertas de la Conferencia Episcopal Española



La actuación de la Conferencia Episcopal Española sigue dejando mucho que desear según la opinión de diversas organización y fieles que han decidido dar un paso adelante.

La Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos ha organizado para este jueves 3 de abril una concentración a las puertas de la Conferencia Episcopal Española para pedir a los obispos que defiendan la cruz.

La convocatoria está cogiendo fuerza especialmente a través de redes sociales y no se descarta que otros colectivos y organizaciones se sumen a esta concentración cuya previsión es que desborde la calle Añastro, lugar en donde se encuentra la Conferencia Episcopal.

Este acto tendrá lugar tras la concentración espontánea de varias decenas de personas que tuvo lugar el lunes a las puertas de la Conferencia Episcopal en el día en el que dio comienzo la Asamblea Plenaria de los obispos españoles. La convocatoria del jueves, a las 19 horas, tiene intención de reunir a varios cientos de personas para mostrar a los obispos el enfado de los fieles por ceder ante el Gobierno y acceder a la resignificación de parte de la Basílica del Valle de los Caídos.



No poner la X es ayudar a la Iglesia en sus necesidades



Decía el Papa que quiere una Iglesia pobre y para los pobres. Pues bien, ¡pongámonos a ello! Es Cuaresma, tiempo de conversión, y uno no puede convertirse mientras esté aferrado a sus seguridades materiales.

Si el pánico a perder privilegios y rentas públicas paraliza a nuestros pastores, hagámosles un favor: quitémoselo. Arranquémosles esa muleta en la que llevan años apoyándose para no caminar. Para no pastorear. Para no hablar. Para no molestar.

Porque no es caridad dejar que nuestros obispos vivan esclavizados por el temor. ¿Qué clase de amor sería el que consiente que un alma consagrada permanezca prisionera del miedo a perder la paguita? Si el dinero de la casilla de la Renta es la mordaza con la que se ahoga la voz profética, entonces marcar esa cruz es colaborar con el verdugo.

No nos engañemos: la mayoría de nuestros obispos no callan por prudencia evangélica, sino por pura supervivencia institucional. El dogma no es la fe de la Iglesia, sino la financiación autonómica. Y los mártires no dan votos en las subvenciones.

Así que este año, cuando rellenes tu declaración, no te líes. Esa crucecita, la de la Iglesia, déjala en blanco. Porque el quinto mandamiento de la Iglesia es ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Y hoy su necesidad más urgente es que la desposeamos, que la aligeremos, que la liberemos del chantaje institucional. Para ver si, en la indigencia, se acuerdan de Cristo. El que no tenía dónde reclinar la cabeza. El que murió en la pobreza más absoluta y en el silencio más escandaloso.

Queremos obispos que griten el Evangelio, no gerentes de fundación. Pastores, no contables. Mártires, no becarios del BOE. Si el miedo al hambre les ha hecho mudos, entonces ayunemos todos juntos. Porque a lo mejor, sin renta, sin subvención, sin voz en el Consejo Asesor del Ministerio de Igualdad, nuestros obispos redescubren que su fuerza está en la Cruz, no en la casilla.

Ayudar a la Iglesia hoy es empobrecerla. Porque sólo así, desnuda de todo, volverá a ser esposa de Cristo. Y no concubina del poder.

Jaime Gurpegui

Los monjes del Valle de los Caídos no están de acuerdo con el pacto de la Santa Sede con el Gobierno



El periódico La Razón publicaba esta mañana del 1 de abril una noticia en la que se afirma que los monjes del Valle aprueban el acuerdo del Vaticano y Moncloa, pero según ha podido saber InfoVaticana la información es falsa.

La noticia, firmada por José Beltrán quien también escribe para la revista progre Vida Nueva, asegura que los monjes del Valle de los Caídos se sienten «salvados» gracias al acuerdo al que han llegado el Gobierno de España y la Santa Sede que implicará la resignificación de parte de la basílica aunque se mantendrá la sacralidad del templo y a la comunidad benedictina que reza a diario por la reconciliación de todos los españoles.

Fuentes cercanas a la abadía -y muy bien informadas- desmienten taxativamente a InfoVaticana que los monjes estén de acuerdo con el acuerdo al que ha llegado el Vaticano con el Gobierno del socialista Pedro Sánchez. «Los monjes no están de acuerdo. Tragan y acatan lo que hay porque no les queda otra pero no están de acuerdo con ello», asegura una fuente conocedora de cómo se ha gestado todo este asunto.

Además, no dudan en señalar que ese artículo de La Razón «no es verdad y tratan de manipular a los monjes». Por otro lado, en medio de esta fuerte controversia por la situación en la que se encuentra el Valle y tras el polémico y discutido cese de Santiago Cantera como prior del Valle de los Caídos, esta fuente nos confirma que los monjes tratan de animar a la gente a llevar las cosas con paz pero remarca que «una cosa es eso y otra estar de acuerdo ya que no se les ha tenido en cuenta».

En ese sentido, resaltan que «ellos no han hecho declaraciones ni comunicados más allá del nombramiento del nuevo prior» y vuelven a reiterar la falsedad de los tres trienios como excusa para relevar a Cantera como ya explicó este medio hace una semana.

Por otro lado, esta fuente muy cercana a los monjes subraya que aunque el cardenal de Madrid es el señalado por muchos y sobre quien están lloviendo los palos en estos últimos días, no sería él la figura más controvertida en toda esta historia. Esta misma fuente que ha seguido de cerca el proceso, asegura a este medio «más culpa tiene secretaria de Estado del Vaticano que Cobo. Él paró un poco los pies a Roma consciente de muchas cosas».

De este modo, el mayor artífice de todo este desaguisado no sería otro que el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede quien llegó a barajar en un primer momento la opción de contentar al ministro Bolaños y desacralizar la basílica del Valle de los Caídos.

martes, 1 de abril de 2025

ACERCA DEL VALLE DE LOS CAIDOS (VARIOS ENLACES)



Santiago Cantera, sacerdote católico defiende el VALLE DE LOS CAÍDOS, la cruz mas grande del mundo


DURACIÓN 8:12 MINUTOS



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Santiago Cantera, 
DEFENESTRADO como abad del Valle de los Caídos


Duración 3:48 minutos


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No vendáis el valle por treinta monedas de plata. El Rosario de Ferraz a los obispos

DURACIÓN 4:08 MINUTOS


El discurso de Amorós en defensa de España que enardeció a los 500 espectadores de un acto de NEOS


DURACIÓN 19:11 MINUTOS

UN FARO EN LA TORMENTA: MANUEL ACOSTA EN EL TORO TV



DURACIÓN 14:07 MINUTOS

Carla Toscano propone en Madrid condenar la masacre de cristianos y Almeida SE NIEGA



DURACIÓN 2:53 MINUTOS

Decenas de personas se concentran a las puertas de la Conferencia Episcopal para protestar por la colaboración de los obispos con la resignificación del Valle de los Caídos



Desde primera hora de la mañana, un pequeño grupo de personas se ha concentrado en Añastro a las puertas de la Conferencia Episcopal Española.

En un acontecimiento casi sin precedentes, varias decenas de fieles se han agolpado para protestar delante de los obispos por su silencio o por su colaboración con el Gobierno de España para pactar la resignificación del Valle de los Caídos.

Al grito de cobardes y traidores, los manifestantes han mostrado su enfado con los obispos que iban llegando a la sede de la Conferencia Episcopal Española. Entre los carteles que se han podido ver, destacaba uno señalando a la presidente de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y al cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo, quien ha sido el interlocutor entre la Santa Sede y el Gobierno.

Además, en los aledaños de Añastro han aparecido unas pintadas contra los obispos, a quienes acusan de vender a Cristo por 30 monedas y no defender el Valle de los Caídos.


Dentro de la Plenaria, ni el presidente Luis Argüello ni el nuncio en su mensaje de despedida, han hecho mención a la problemática del Valle de los Caídos. A la salida de los obispos del lugar de la Plenaria donde tienen lugar los discursos y debates, le han preguntado al cardenal Cobo por la protesta a las puertas de la CEE. El arzobispo de Madrid se ha pronunciado al respecto y ha dicho estar «perplejo» ante la situación.

Cabe señalar que el arzobispo de Madrid ha sido señalado estos días por haber servido en bandeja al ministro Bolaños la cabeza del prior Santiago Cantera y por avalar la resignificación del Valle de los Caídos aunque traten de resaltar que la Basílica seguirá con el culto, que la cruz se mantendrá y que no se expulsarán a los benedictinos. Pero muchos fieles han dictado sentencia y señalan directamente al purpurado de Madrid.

Javier Arias

Fe y papolatría: misión del Papa en la Tradición católica. Entrevista a monseñor Schneider



Aurelio Porfiri: 

Buenos días a todos, y bienvenidos al podcast de Liturgia e musica sacra. Les habla Aurelio Porfiri. Hoy vamos a conversar con monseñor Athanasius Schneider, al que ya conocen. El punto de partida de nuestra charla de hoy va a ser la nueva edición que he preparado del Catecismo de la fe católica del padre Enrico Zoffoli. Monseñor Schneider ha escrito una presentación para dicho texto. Gracias, monseñor Schneider por su participación. 

Me gustaría empezar con una pregunta algo provocadora: algunas veces, cuando Vuestra Excelencia aparece en un video, sea conmigo o con otro, observo que hay mucha gente que lo insulta, porque dice que V.E. no ha entendido bien la cuestión del Papa en general, todas esas cosas que ya conocemos bien, ¿No le parece que en realidad la ignorancia de esas personas nos indicaría que el Catecismo es cada vez más necesario, porque en el fondo, lo que V.E. hace no es otra cosa que defender la Fe católica, y defender lógicamente el honor, la honra del Santo Padre, aunque sabemos bien que V.E. no siempre está de acuerdo con las posturas del Sumo Pontífice. Pero está claro que V.E. lo reconoce como el Sucesor de San Pedro. Entonces, ¿cuál es su parecer? ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Monseñor Schneider: 

Yo diría que en los últimos siglos en la vida de la Iglesia ha surgido algo que no es saludable. Porque también es posible pecar por exceso, y por el contrario, la verdad y la virtud están en el término medio. En la mesura. En el equilibrio. Y ese equilibrio, en lo que se refiere a la persona del Papa, al ministerio petrino, se ha descompensado de una manera verdaderamente excesiva. Me gustaría decir que una veneración semejante del Papa y de su ministerio no se corresponde con lo que Dios le encomendó a San Pedro. Porque se ha llegado a un punto en que poco menos que se ha divinizado al Papa, a la persona del Papa. No hay que convertir a nadie en un dios. En teoría no, claro, pero en la práctica, y si tenemos en cuenta, no la teoría sino la realidad en los últimos siglos de la vida de la Iglesia, cada una de las palabras que dice el Papa a lo largo del día se ha vuelto infalible. Esto es una parodia del dogma católico de la infalibilidad pontificia. 

Y luego, una vez más no en teoría sino en la práctica, ciertamente se considera al Papa como amo y señor de la Fe, amo y señor de la Tradición. Pero eso es lo contrario de lo que ha dicho el Concilio. El documento Dei Verbum declara que el Magisterio de la Iglesia, en primer lugar y empezando por el Papa, no están por encima de la Palabra de Dios, ya sea escrita o transmitida por la Tradición, sino por debajo de la Palabra escrita de Dios y por debajo de la Tradición, para servirla con fidelidad y transmitirla sin alterar nada, en su integridad, y custodiarla y defenderla. Eso es lo que dice el Concilio. 

Recordemos que el Papa no es otra cosa que Vicarius Christi, no Sucessor Christi. No es sucesor, sino Vicario. Administrador. Los mismos Apóstoles: en el prefacio de la Misa de los Apóstoles hay una expresión muy hermosa y muy precisa. Dice la Iglesia en ese texto que los Apóstoles son simplemente pastores vicarios. Para que nos hagamos una idea: los Apóstoles no son pastores en un sentido amplio, sino pastores vicarios, dice la Iglesia. De Dios, de Cristo. Porque todos los demás son vicarios. Los Apóstoles son vicarios de Cristo. San Pedro y todos los demás. Y tenemos que ser conscientes de ello. De que el Papa es el Siervo, el Vicario, el ministro de la Verdad de Cristo. Si alguna vez o en alguna circunstancia hace algún gesto o afirma algo que sea evidentemente ambiguo, es lo contrario de lo que le exige el ministerio petrino. 

Y si los obispos lo vemos, no podemos hacer la vista gorda. No volvamos a caer en una papolatría, en una divinización del Papa, poniéndolo en el lugar de Cristo y dando prioridad al servicio de una persona, por muy papa que sea, sobre el de Cristo. Por esa razón, estas advertencias –por supuesto, con reverencia, con respeto– los mismos obispos se la tienen que hacer al Papa de vez en cuando –aunque es raro; han sido pocas veces en la historia de la Iglesia, si bien pasa en estos tiempos–, tenemos que hacerlo. Es nuestro deber de obispos, porque no somos empleados sino hermanos del Papa, del Colegio Apostólico. Estamos por debajo de él, pero somos hermanos. Y lo hacemos, debemos hacerlo con amor sobrenatural al cargo petrino y a la persona del Papa, así como con reverencia, con respeto. Pero con claridad sin caer en, cómo diría yo, sofismas ni adulaciones. No sería digno.

Aurelio Porfiri: 

Permítame que le haga una pregunta un poquito más provocadora: dice que no conviene caer en papolatrías, y está bien; es más que comprensible. Pero para V.E. una cosa así, ¿la diría también con un papa como Pío X o Pío XII, o sea con un pontífice que tal vez parecería mejor alineado con cierto concepto de la Iglesia? ¿Considera que también en ese caso habría que evitar caer en el error de la papolatría?

Monseñor Schneider:

¡Claro! Porque la papolatría en sí no es buena. Porque es un exceso. Todo lo que es excesivo no se ajusta a la verdad, no contribuye a la verdad. Los excesos no ayudan. Desfiguran el cometido del Papa. Y así, aun los papas buenos pueden ponerse en el centro y Cristo ya no estaría tan a la vista. 

Por ejemplo, el primer pontífice, San Pedro, dio ejemplo de ello, y creo que todos los papas. Cuando fue a casa de Cornelio y luego vino el Espíritu Santo, y predicó. Se postraron a los pies de San Pedro para venerarlo. Y él se lo prohibió. Les dijo: «No, yo sólo soy un hombre; no debéis postraros ante mí». No digo que si alguna vez alguien siente devoción pueda hacerlo, pero sería la excepción de la regla.

Este ejemplo de San Pedro tiene un importante valor simbólico porque un buen papa, incluso un santo, cuanta más autoridad ejerce en la Iglesia, más tentaciones hay de divinizarlo, lo cual no es saludable. Por eso, los pontífices tienen que tener mucho cuidado con todas estas formas de atraer tanta atención hacia su persona. Es preferible ser más modesto para que ante todo estén en el centro Cristo, la liturgia, la adoración, la sacralidad, la integridad de la doctrina, poner a buenos sacerdotes, obispos y cardenales en la Iglesia, y defender también la Iglesia de las herejías, tantas cosas como hace un papa, pero no debe cultivar lo que no es necesario y contribuye al culto de la personalidad. Por supuesto que debemos tratarlo con gestos normales de reverencia por el cargo que ejerce, pero moderadamente.

Aurelio Porfiri: 

Excelencia, he hablado con algunos obispos y cardenales que, no es que no estén de acuerdo usted en cuanto a que es necesario manifestar al Papa su perplejidad ante ciertos gestos o acciones, pero dicen que esa perplejidad hay que manifestarla en privado y no públicamente. ¿Qué opina de esto?

Monseñor Schneider: 

¡No! Porque es público. Claro que se puede hacer en privado, pero si no se consigue, si se ve que no sirve de nada, tenemos el deber de hacerlo públicamente con miras a la salud de las almas, de los fieles, de toda la Iglesia. Dice el Concilio que todo obispo, miembro del colegio episcopal, tiene también el deber de preocuparse por el bien de toda la Iglesia, no sólo de su grey o su diócesis. Ha sido así desde el principio de la Iglesia. Dios lo permitió concretamente en Antioquía. 

San Pablo, que era lo que hoy en día llamaríamos miembro del colegio episcopal, subordinado a San Pedro, lo amonestó en público, no en privado. Porque San Pedro había hecho cosas ambiguas que socavaban la pureza de la fe en aquel tiempo en lo relativo a ritos antiguos judeocristianos y los cristianos nuevos recién convertidos procedentes del paganismo y que no debían observar esos ritos por decisión de los Apóstoles y del concilio. Con todo, más tarde, San Agustín y Santo Tomás de Aquino dijeron que el Espíritu Santo permitió aquel incidente de Antioquía para enseñar a toda la Iglesia que se puede, y no sólo se puede, sino que a veces un súbdito debe amonestar públicamente a su superior, aunque sea la máxima autoridad de la Iglesia cuando está en juego la pureza de la fe íntegra, del bien total de la Iglesia. Son cosas que han dicho santos, y pertenecen enteramente a la Tradición católica.

Aurelio Porfiri: 

Para terminar, Excelencia, me gustaría mencionar otra vez en concreto el Catecismo de la fe católica del P. Zoffoli. V.E. también ha publicado un catecismo, y quisiera preguntarle. ¿Qué importancia tiene el Catecismo en nuestros tiempos, un buen catecismo? ¿Cuál es a su juicio la necesidad actual de contar con un instrumento semejante?

Monseñor Schneider: 

Es esencial conocer la Fe para el cristiano. En los tiempos que corren es urgentísimo, es evidente, que vivimos en medio de tanta gente en la Iglesia que tienen una gran ignorancia de los conceptos básicos de la Fe católica. San Pablo dijo que no podemos invocar a Dios si no lo conocemos. Dijo también que no podemos correr si no avanzamos hacia la meta, que cómo vamos a combatir si no tenemos claro a quién; es imposible. ¿Cómo vamos a dar la vida por Cristo? Nadie da la vida por una vaguedad, por algo ambiguo. Yo doy la vida por algo que es verdad, y verdad no humana, sino divina. 

Por eso, las últimas palabras de Cristo en este mundo fueron ni más ni menos una solemne orden divina a los Apóstoles, a toda la Iglesia, «Id y enseñad, docete, a todos los pueblos. Docete, doctrina; enseñad; enseñanza. Es un deber solemne señalado por Dios. Y debemos hacerlo por amor, porque no se puede amar si no se conoce. Pues el amor presupone el conocimiento. Cuanto más se conoce algo o a alguien, más se lo quiere. Por eso, considero que publicar un catecismo es un gesto eminente de amor a los fieles para ayudarlos, para que conozcan mejor y de forma segura las verdades de Dios, y puedan así amarlo más, y así vivir más íntimamente con Cristo y alcanzar así la vida eterna.

Aurelio Porfiri: 

Gracias por sus palabras, Excelencia.


(Traducido por Bruno de la Inmaculada)

Prohibido prohibir en el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (Bruno Moreno)



En un artículo publicado hace dos días, Alejandro Bermúdez afirmaba que “el Vaticano abre las puertas al cambio de sexo”. Con ello se refería a que el cardenal Víctor Manuel Fernández intentó recientemente convertir en “doctrina” una “controvertida conferencia que dio en Alemania sobre cambio de sexo”.

Desgraciadamente, el artículo describía lo que en efecto ha sucedido. El cardenal Fernández ha publicado como documento oficial del Dicasterio para la Doctrina de la Fe una conferencia que pronunció en el país germánico, en la que repetía la doctrina de la Iglesia de que las operaciones del llamado “cambio de sexo” no están permitidas moralmente, pero, como novedad, introducía una excepción: el caso de “fuertes disforias que pueden llevar a una existencia insoportable o incluso al suicidio”. Es decir, cambiarse de sexo es inmoral a no ser que lo desees mucho, mucho, mucho de verdad. Puro sentimentalismo. Como si el hecho de que uno desee mucho pecar hiciera que el pecado fuese menos malo o incluso bueno.

Este tipo de “excepción” recuerda poderosamente a aquella otra que dice que está mal que un hombre se acueste con una mujer que no es su esposa excepto si se quieren mucho de verdad o a la idea de que abortar es malo excepto si a la madre le supone un daño psicológico el embarazo o a tantas otras excusas igualmente burdas. Ver que todo un Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe se rebaja a usar esas argumentaciones produce un cierto sonrojo. ¿Qué pensaran tantos buenos sacerdotes que se han pasado la vida explicando a la gente que esas excusas son solo un triste intento de engañarse a uno mismo?

La explicación que da el propio cardenal es sencilla: la “regla general” de la Iglesia no excluye que existan “casos fuera de la norma”, como los mencionados anteriormente. Esta forma de argumentar no debería sorprendernos, porque proviene directamente de Amoris Laetitia, en la que se negó expresamente la existencia de actos intrínsecamente malos (es decir, que siempre son inmorales), contra lo enseñado por San Juan Pablo II (cf. Veritatis Splendor), por Benedicto XVI y por toda la moral de la Iglesia anterior, incluida la Palabra de Dios (cf. por ejemplo, los mandamientos de la Ley de Dios).

Como todos recordarán, la negación de la existencia de actos intrínsecamente malos dio inmediatamente lugar a la admisión a la Comunión de adúlteros sin propósito de la enmienda en diócesis de todo el mundo, incluidos la diócesis de Roma y el propio Vaticano. Asimismo, hizo que los numerosos obispos que habían rechazado públicamente la indisolubilidad del matrimonio durante los Sínodos de las Familias no fueran corregidos por ello. La misma argumentación hace entendible que, aunque el aborto en principio sea gravemente inmoral, el Papa pudiera elogiar a la más conocida abortista italiana como “una de las grandes de Italia hoy en día” o que desautorizara a los obispos que, con toda la razón del mundo, querían negar la comunión al presidente Biden, a la vez “católico” y furibundamente abortista. Antes de Amoris Laetitia, habría sido inimaginable que los miembros de la Pontificia Academia por la Vida defendieran los grandes errores modernos en ese ámbito, pero ahora hay miembros abortistas o favorables a la eutanasia o los anticonceptivos, porque no hay actos intrínsecamente malos y a veces eutanasiar a un enfermo o abortar a un niño puede ser algo bueno y la Voluntad de Dios. El mismo razonamiento se puede observar en Fiducia Supplicans, el documento vaticano en que se promovía la bendición de parejas del mismo sexo.

Las aplicaciones locales o de facto de obispos individuales y del mismo Papa son innumerables, pero podemos destacar la última en hacerse pública, ya que se refiere al tema que hoy tratamos: Monseñor Stowe, obispo de Lexington (Kentucky), lleva años apoyando y aprobando las pretensiones de una mujer que, tras someterse a una operación de cambio de sexo, pretende ser el primer ermitaño transgénero y se dedica a defender la integración de otras personas transgénero en la vida religiosa. El Papa, por su parte, recibió amablemente a la mujer y a unos cuantos de sus compañeros, que se presentaron ante el Pontífice como personas “transgénero” sin que él les corrigiera en lo más mínimo, y, como era previsible, salieron de la audiencia más convencidos que nunca de que el cambio de sexo es algo bueno y querido por Dios.

Así, las aplicaciones de Amoris Laetitia se van llevando a cabo poco a poco, en casos extremos o en cuestiones agradables para el mundo, de forma confusa o “pastoralmente", pero inevitablemente el gravísimo error de que no hay actos intrínsecamente malos va acabando con toda la moral. Es la grieta en el dique, que, si no se repara inmediatamente, va causando más y más grietas hasta que el dique entero se desploma. En efecto, aplicado a cualquier pecado, desde el divorcio hasta las relaciones del mismo sexo, pero también el robo, el asesinato, la explotación de los pobres o la pederastia, obliga a reconocer que no podemos decir que eso sea necesariamente malo. Quizá lo sea, pero, probablemente, si lo deseas mucho, mucho, mucho, a fin de cuentas resulte admisible. Frente a los pecados más horribles, lo único que puede decir la Iglesia desde Amoris Laetitia es “depende”, “quizá sea lo que Dios quiere” o “¿quién soy yo para juzgar?”.

Se ha extendido así entre mulititud de clérigos, teólogos y obispos la idea de que la ley de Dios, en lugar de ser perfecta y descanso del alma, en realidad es una pesada carga de la que debemos librarnos. En un curioso brote de neofariseísmo, la función de la Teología Moral y el Magisterio parece ser única y exclusivamente la búsqueda de trucos, excusas y argucias para no tener que cumplir las obligaciones morales que no nos gusten. Como decía Gómez Dávila, se pregonan derechos para poder violar deberes.

Nos encontramos ante el triunfo en la Iglesia de la moral adolescente, basada en el sentimentalismo desbocado, la ausencia de responsabilidad y eslóganes tontorrones como “prohibido prohibir”, “nadie puede decirme lo que tengo que hacer” y “mi caso es especial y no se parece al de nadie más”. Ierusalem desolata est. O, dicho en lengua vernácula, ¡qué bajo hemos caído!

Por desgracia, ante esta gravísima situación de destrucción de la moral católica, la mayoría de los responsables de alzar la voz guardan silencio. Por eso los demás nos vemos en la obligación de hablar, con respeto pero también con firmeza, para defender la fe que nos ha salvado y nos está salvando. Si estos callan, gritarán las piedras.

Recemos mucho por la Iglesia, por el Papa, por el cardenal Fernández y por todos los que, teniendo la obligación de hablar, prefieren callar, para que Dios los ilumine. Y confiemos en que, a pesar de todo, Cristo sigue guiando a su Iglesia y sus palabras no pasarán.

Bruno Moreno

Julio Ariza califica de "cobarde" la posición de los obispos en el Valle de los Caídos



Duración 5:54 minutos

miércoles, 26 de marzo de 2025

Monseñor Lefebvre, 34 años después: el profeta incomprendido de nuestro tiempo



Ayer, 25 de marzo, la Iglesia recordó —aunque en muchos ámbitos aún en voz baja— el 34º aniversario del fallecimiento de Monseñor Marcel Lefebvre, arzobispo católico, misionero, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y, sin duda, una de las voces más proféticas del siglo XX.

Cuando en plena tormenta posconciliar todo parecía derrumbarse —la liturgia, la fe, la formación sacerdotal, la moral—, Monseñor Lefebvre se mantuvo firme en la Tradición de la Iglesia, no por nostalgia, sino por convicción. Fue testigo de primera línea del Concilio Vaticano II, y no tardó en advertir los peligros de ambigüedades doctrinales que abrían las puertas al modernismo. No calló, y por ello fue señalado.

Muchos lo acusaron de desobediencia cuando, en 1988, consagró cuatro obispos sin mandato pontificio. Pero quienes lo conocieron de cerca saben que fue un acto doloroso, no de rebeldía, sino de supervivencia: la Tradición no podía morir. Lo hizo “para preservar el sacerdocio católico y el sacrificio de la Misa”, como él mismo declaró. Le costó una excomunión declarada por Roma… pero el tiempo le fue dando la razón.

En 2009, Benedicto XVI —con gran sabiduría y caridad pastoral— levantó la excomunión a los obispos consagrados por Lefebvre, reconociendo implícitamente que la situación era más compleja de lo que algunos querían admitir. El propio Papa alemán reconoció que lo que movía a la FSSPX no era la herejía, sino un apego firme y legítimo a la Tradición. Años antes, ya había liberalizado la Misa tradicional con Summorum Pontificum, rehabilitando la liturgia que Lefebvre jamás quiso abandonar.

Hoy, su legado está más vivo que nunca: miles de fieles, familias, vocaciones, seminarios florecientes… ¿No será este el fruto de un árbol bueno? Quienes en su tiempo lo tildaron de cismático callan hoy ante el derrumbe doctrinal y litúrgico que él denunció con claridad profética hace más de cinco décadas.

Monseñor Lefebvre murió el 25 de marzo de 1991, en la fiesta de la Anunciación. Tal vez no sea casual: él también dijo “fiat” a una misión que no pidió, pero que aceptó por amor a Cristo y a su Iglesia.

A 34 años de su partida, muchos ya no dudan en decirlo abiertamente: Monseñor Lefebvre fue un visionario, un obispo fiel que prefirió ser malinterpretado antes que traicionar lo recibido. La historia aún le debe justicia.

Jaime Gurpegui

RETIROS ESPIRITUALES



Hace algunos días incluí un comentario en una entrada anterior que decía: “Estoy de acuerdo con usted: cuidado con los retiros espirituales, sobre todo si son ignacianos. Vade retro!”. Recibí como respuesta un par de acotaciones de lectores del blog que muy enfáticamente me advertían acerca de los riesgos de mi condenación eterna por expresarme de ese modo. He pensado por eso mismo que vendría bien exponer cuál es mi opinión sobre el tema.

Da la impresión que mucha gente conservadora o tradicionalista considera que los retiros espirituales son indispensables para la salvación eterna. Y es falso. En primer lugar, porque la Iglesia en ninguno de sus preceptos nos manda hacer retiros y porque tampoco lo mandan los mandamientos. Por otro lado, tenemos una buena cantidad de santos que nunca hicieron retiros espirituales y, sin embargo, alcanzaron la salvación. Ya demasiado tenemos con diez mandamientos y cinco preceptos que cumplir para que nos quieren añadir otros. Se trata de un caso análogo al de muchos que están deseando que el Papa se dedique a definir dogmas anualmente, y cuantos más dogmas tengamos mejor… como si creer fuera cosa fácil, y como si no fuera ya suficiente con lo que proclamamos en el Símbolo de la fe.

Que los retiros espirituales no sean obligatorios no significan que no sean recomendables. Claro que lo son, y creo que todo buen cristiano debería procurar dedicar algunos días al año, o algunas horas al día, a retirarse espiritualmente. Y aquí entra a tallar otra cuestión que tiene que ver con el tipo de retiro espiritual que se trata.

Si nos referimos a lo que podemos denominar retiros espirituales estructurados (en los que el “ejercitante” recibe varias prédicas por día por parte de un sacerdote y sobre las cuales debe meditar), hay que decir que son una invención moderna. No conozco los datos históricos concretos —y si alguien los tiene le agradeceré que nos los pase— de cuándo comenzaron, pero se me hace que no será antes de los siglos XIV o XV. Es decir, apenas si ocupan un cuarto de toda la historia de la Iglesia.

Por cierto que anteriormente existían los retiros espirituales, pero no del modo estructurado o moderno: consistían, simplemente, en que el cristiano se retiraba algunos días a un monasterio y allí, siguiendo los oficios litúrgicos y bajo la guía ocasional de algún monje, hacía su retiro. Era un modo mucho más natural y libre de retirarse del mundo, porque tampoco tiene mucho sentido alejarse de los ruidos seculares para caer presa de los ruidos, y de las peroratas, clericales. Y este tipo de retiros se dio a lo largo de toda la primera etapa de la cristiandad. Cuenta Paladio en su Historia láusica, que Evagrio Póntico, cuando dejó Constantinopla, se retiró a un monasterio en Jerusalén donde tomó la decisión de retirarse el desierto egipcio. Y cuenta el amigo y biógrafo de San Elredo que éste se retiró al monasterio de Rieval mientras era funcionario de la corte del rey David I de Escocia, y fue allí donde decidió hacerse cistercience. Es decir, la historia nos dice que un santo del siglo IV y otro del siglo XII hacían retiros espirituales no estructurados: simplemente, se retiraban a un monasterio.

¿Todos los que hacían retiros encontraban allí la vocación religiosa? No; lo que ocurre es que nos han llegado los datos históricos de aquellos que no solamente tomaban estado de vida religioso sino que, además, sobresalían en él. Esto no implica, sin embargo, que los seglares acudieran en masa a los monasterios para retirarse. Tengamos presente que se trataba de una época en la que se respiraba la cultura cristiana y donde, quien más, quien menos, cumplían sus deberes religiosos. Por otro lado, la vida de las ciudades —que eran de dimensiones reducidas— y de los pueblos y villorrios, estaba regida por la liturgia que actuaba como una suerte de retiro permanente. Sin pretender idealizar, lo que quiero decir es que la necesidad de retirarse del mundo es mucho mayor hoy que en la Edad Media. O mejor, pongámoslo del revés: El hombre contemporáneo está más alienado en las cosas del mundo que lo que lo estaba el hombre medieval.

Que todos los monasterios tuvieran hospedería y que San Benito dedique unas cuantas páginas de su Regla a hablar de los huéspedes, está indicando que era función importantísima de los monjes recibir a los peregrinos. Muchos acudirían simplemente como una posta en un largo viaje, otros porque no tenían donde ir y otros porque necesitan retirarse. Y el retirarse consistía fundamentalmente en participar en los oficios monásticos. Recordemos que pocos eran los laicos que sabían leer y, quienes sabían, no siempre tenían acceso a los libros porque eran extremadamente costosos, por lo que tampoco se trataba de un retiro dedicado a leer las Escrituras o los sermones de San Agustín. Para eso habrá que esperar a la imprenta. Retirarse era dedicar tiempo a Dios participando de su culto en la liturgia y en el corazón.

Estos son, en mi opinión, los mejores y más fructíferos retiros espirituales: buscar un monasterio, hospedarse allí tres o cuatro días, participar de los oficios, tener algún buen monje a mano para hablar si resulta necesario y, ahora que todos sabemos leer y tenemos fácil acceso a los libros, llevarse la Biblia y un par de buenos libros de autores espirituales, y dedicar tiempo a la lectura sosegada y receptiva a la voz del Espíritu que sopla en la brisa monástica. Esto es un retiro tradicional, o un retiro tal como lo entendió la tradición de quince siglos de la Iglesia.

Aquí, claro, hay un elemento fundamental para tener en cuenta, y es que no todos están preparados para este tipo de retiros. Es necesario que la persona tenga un cierto camino recorrido en la vida espiritual para que esos días de apartamiento le sirvan de algo. Si largamos a alguien inmerso en el mundo a un monasterio con cuatro o cinco libros y el horario de las horas canónicas, lo más probable es que pierda el tiempo. Como decían los Padres del Desierto, en las soledades monásticas la distracciones y ataques de los demonios no vienen de las cosas, que son muy pocas, sino de los pensamientos. El pobre hombre no hará más que aburrirse y distraerse durante sus días de retiro. Por eso mismo, en estos casos quizás sea conveniente recurrir a los retiros estructurados. Y esto suele ser un problema porque estos retiros pueden ser no ya una pérdida de tiempo, sino un verdadero peligro para la fe o para la psicología de quien los hace.

No es necesario aclarar que, si el retiro lo predica un cura progresista, no servirá absolutamente de nada más que aprender algo de sociología barata y derechos humanos en liquidación. Todo permanecerá en la horizontalidad de lo humano a lo que esta gente ha reducido la religión. Y por eso serán muchos los que dirán: “Que haga un ignaciano, que tienen éxito garantizado”. Pero yo no estaré de acuerdo.

Reconozco que tengo tirria a los ejercicios ignacianos aunque creo que no es una aversión injustificada. Hice muchos durante muchos años: de una semana e, incluso, de mes: jamás me sirvieron de nada; más aún, en la mayor parte de los casos me hicieron daño. Seguramente se debió a mis defectos. Sin embargo, cuando descubrí para mi sorpresa que habían otra clase de retiros que no eran ignacianos —y que eran sistemáticamente invisibilizados muchos sacerdotes—, e hice uno de ellos, en este caso predicado por un sacerdote del Opus De, fue un bálsamo y un enorme alivio espiritual. Y de allí en más, siempre fue así. Por eso, tengo muchas reservas con respecto a la actitud de muchos que creen que arriando a la gente a hacer ejercicios ignacianos lograrán indefectiblemente un bien. En todo caso, restrinjo mi reserva: una cosa es ser arriados por el Santo Cura Brochero y otra por un curita cualquiera. Recuerdo que en mi época de juventud, en ciertas diócesis que pasaban por conservadoras, se predicaban varias tandas de ejercicios por año, para varones y para mujeres, y lo más asombroso de todo es que los predicadores eran buenos muchachitos con dos años, o dos meses, de ordenados. ¡Qué disparate! Un joven de 24 años es un joven de 24 años por más cura que sea y por más libreto ignaciano que tenga en las manos y, por eso, es un mono con navaja. Todos sabemos que el ambiente que se crea en los retiros generalmente deja a la persona muy vulnerable a nivel emotivo y, por eso mismo, con muchas posibilidades de ser manipulada, aunque sea con la mejor de las intenciones del predicador. ¿De qué otra manera se explican si no, la carrada de “vocaciones” que sacaban los sacerdotes de ciertos institutos religiosos argentinos sino por la manipulación lisa y llana que el fundador y sus secuaces ejercían sobre los pobres jóvenes que se avecinaban?

Por eso —y esta es mi opinión y no es más que eso—, digo que el mejor retiro y más acorde a la tradición, es retirarse a un monasterio. Si por un motivo u otro se considera conveniente embarcarse en un retiro estructurado, mirar bien qué tipo de retiro se busca, y esto se sabrá de acuerdo a la espiritualidad de cada uno porque es bueno saber que la escuela ignaciana es sólo una de tantas escuelas de la espiritualidad católica. Y, sobre todo, quién lo predica. Insisto, aquí es donde reside el peligro del que hablaba en mi comentario que dio pie a esta entrada. Aún cuando el predicador tenga la mejor de las intenciones, es capaz de hacer mucho daño. Se necesita un abba, es decir, un padre. Y abba se hace, no se nace, ni se consigue con la sola imposición de manos.

Escolio 1: Un dato que vale la pena recordar. Más de una vez escuché decir que la Santísima Virgen era la que habían inspirado a San Ignacio de Loyola los Ejercicios Espirituales en la cueva de Manresa. Lo cierto es que, si hubo inspirador, fue García de Cisneros, abad de Monserrat. Está claro que el libro de los Ejercicios es una buena copia o adaptación si se quiere (los jesuitas lo llaman “recreación”) del Ejercitatorio de vida espiritual, escrito por Cisneros, y mediado por un resumen previo, realizado por un monje anónimo de la misma abadía de Monserrat, llamado Compendio breve de ejercicios espirituales. Concretamente, lo de San Ignacio es el resumen de un resumen. Y esto no va, claro, en su desmedro. Era una práctica muy habitual aprovechar lo que otros habían escrito, y eso no significaba ni plagio ni deshonestidad. Pero lo cierto es que los ejercicios ignacianos, de “ignacianos” tienen menos de lo que se cree.

[Este artículo fue publicado originalmente el el 11 de mayo de 2017]

WANDERER

martes, 25 de marzo de 2025

La democracia como 'pérdida de tiempo': el PSOE asume una consigna de los totalitarios


La ministra portavoz del gobierno, la socialista Pilar Alegría, 
en la rueda de prensa celebrada este martes 25 de marzo en La Moncloa.

España está contemplando como su gobierno recorre, cada vez con más descaro, el camino que nos aleja del sistema democrático.



Los signos de autoritarismo del gobierno de Pedro Sánchez

El gobierno de Pedro Sánchez, una coalición de socialistas del PSOE y los comunistas de Sumar, empezó a recorrer ese camino con su intento de controlar el Poder Judicial, su ataques a derechos constitucionales (como los que hizo confinando ilegalmente a los españoles durante la pandemia), su concesión de privilegios penales a sus aliados (los más escandalosos han sido los recogidos en la amnistía otorgada a los líderes del golpe separatista de 2017) y su colonización política de toda clase de instituciones (convirtiendo el Estado en una agencia de colocación de militantes y simparizantes socialistas).

A la lista de actitudes antidemocráticas de este gobierno hay que añadir sus ataques a la libertad de información (copiando las recetas del dictador Vladimir Putin para controlar a los medios de comunicación), su falta de transparencia (tenemos el gobierno más opaco que ha habido en España en casi medio siglo de democracia) y su constante desprecio a la labor de control del Parlamento, en el cual Sánchez y sus ministros se dedican sistemáticamente a contestar cualquier pregunta de la oposición con ataques a sus rivales y sin ofrecer ninguna explicación, además de ser el gobierno que más decretos ha aprobado en el actual régimen democrático, recurriendo de forma cotidiana a un mecanismo que la Constitución limita a casos de "extraordinaria y urgente necesidad".

El partido de Pedro Sánchez perdió las últimas elecciones generales

Esto no lo está haciendo un gobierno con mayoría absoluta: es un gobierno de un partido que perdió las últimas elecciones generales y que compró su permanencia en el poder haciendo toda clase de concesiones ilegales a sus socios separatistas, endosando a los españoles la cada vez más abultada factura que deja el afán de Sánchez por aferrarse al poder a cualquier precio. Lo que está pasando en España no es algo nuevo en la historia: es un caso típico de creencia en la idea de que todo vale en política y de desprecio a los contrapesos democráticos, dos ingredientes que nunca faltan en aquellos países sometidos a una deriva autoritaria.

El gobierno dice que presentar los presupuestos es «perder el tiempo»

Hoy mismo hemos visto la última exhibición de falta de respeto a la democracia por parte de este gobierno. En una rueda de prensa en el palacio de La Moncloa, la portavoz del gobierno, la ministra Pilar Alegría, ha dado a entender que el gobierno no presentará los presupuestos "para no perder el tiempo", ya que carece de los apoyos necesarios para poder aprobarlos. Esto es una violación del Artículo 134 de la Constitución, que señala la obligación del gobierno de presentar los Presupuestos Generales del Estado con carácter anual.

Hay que señalar que los presupuestos llevan prorrogados desde 2023 por la incapacidad del gobierno para obtener los apoyos necesarios para aprobar unos nuevos. La diferencia este año es que el gobierno ya ni siquiera se quiere esforzar por cumplir su deber de presentarlos. Pretender gobernar al margen del Parlamento, a pesar de estar en minoría, y para ello asume una de las consignas habituales de los totalitarios, que consiste en presentar la democracia como una "pérdida de tiempo", frente a la cual el modelo autoritario se autorretrata a sí mismo como un ejemplo de eficacia y ahorro.

Deben convocarse unas nuevas elecciones y que los españoles decidan

No debemos tolerar esto. Que el gobierno deba rendir cuentas ante el Parlamento no es una pérdida de tiempo: es uno de los pilares de la democracia, un sistema de gobierno que podrá tener muchos defectos, pero que es mucho mejor que todas las alternativas conocidas. Quienes presentan la democracia como una pérdida de tiempo son los que pretenden gobernar como en una dictadura, que es precisamente lo que Sánchez y su gobierno están haciendo en España.

Ante esa deriva autoritaria, los españoles debemos pedir con más fuerza e insistencia la convocatoria de nuevas elecciones. Si el gobierno carece de los apoyos necesarios para gobernar, la alternativa no debe ser que Sánchez ejerza el cargo como si fuese un dictador. España es una democracia y si el gobierno no puede cumplir sus deberes, debe renunciar y dar paso a que los españoles elijan uno nuevo. Lo contrario es instalarnos en un modelo político que es muy del gusto de los socialistas (basta con ver lo ocurrido en Venezuela) pero que debería provocar el rechazo de todos los demócratas.

ELENTIR

El Papa regresó a Santa Marta. Una buena noticia



Puede parecer raro que en este blog consideremos que es una buena noticia, más aún, una muy buena noticia que el Papa Francisco haya regresado a Santa Marta, aunque allí le espere una larga convalecencia de la que no sabemos cómo y cuándo saldrá.

Lo cierto es que en el Vaticano las cosas se han complicado mucho más de lo que nadie podía esperar, y la afirmación del cardenal Víctor Fernández sobre que el pontífice “tendrá que aprender a hablar nuevamente”, no debe tomarse como propia de un deslenguado. Creo que fue el modo de advertir indirectamente que Francisco estaba perdiendo control del gobierno de la Iglesia: un anciano que apenas si balbucea no puede tomar las decisiones que día a día se publican. Y el cardenal regalón del pontífice está como loco porque no es él quien le presenta los documentos para firmar, como hizo durante mucho tiempo, sino otros. ¿Quiénes son esos otros? Todos coinciden en que es el cardenal Parolín. La presencia del Papa en Santa Marta quebrará el aislamiento y, como se comenta, es probable que interponga entre él y el avispero que lo rodeará, alguien de extrema confianza que le cuide las espaldas, y la firma. Se dice que ni siquiera sería un cardenal.

Pero más allá de este hecho, que veremos cómo termina y cuánto tiempo dura, lo cierto es que, si el Papa moría de esta enfermedad, el cónclave iba a ser mucho más complicado y peligroso para la Iglesia que lo previsto. El cardenal que más chances tiene de ser elegido en estos momentos es Pietro Parolin. Como buen italiano, ha sabido hacer una carrera prolija y bien diseñada, con buenos modales y tejiendo alianzas con todos los grupos de la Iglesia, excepto con los tradicionalistas a los que considera irremediablemente perdidos (es conocido por su férrea oposición a la misa tradicional y por ser uno de los instigadores de Traditionis custodes). Su habilidad le ha valido que, a pesar de la tendencia del Papa Francisco a desprenderse de sus colaboradores más cercanos con cierta frecuencia, Parolin ha permanecido doce años en su cargo. Sin embargo, lo dio por muerto antes de tiempo y comenzó a comportarse como Papa suplente. Habría sido esta actitud la que precipitó el alta del Gemelli: no es lo mismo un Papa enfermo en un hospital que en el Vaticano.

Todos en los Sacros Palacios saben que Bergoglio no quiere a Parolin, y que Parolin no quiere a Bergoglio. Dos ambiciosos el poder lógicamente deben repelerse mutuamente. Y es por eso que el Papa está haciendo todo lo posible para dificultarle su carrera al solio petrino. Ya relatamos aquí la extensión que le concedió el Papa al cardenal Giovanni Battista Re como decano del colegio cardenalicio, puesto al que sin dudas iba a acceder Parolin; y sabemos también que el primer rosario en la Plaza de San Pedro fue dirigido por Parolin y no por Re, que tiene precedencia sobre él. Danzas de palacio para imponerse en el imaginario de los purpurados de todo el mundo. Y será Parolin también quien, el 2 de abril, presidirá la misa por los 20 años de la muerte de Juan Pablo II; un gesto cargado del cinismo propio del Vaticano: el Papa que abandonó la ostpolitik y protagonizó la caída del comunismo en Rusia y Europa del Este, será celebrado por el cardenal que renovó esta fracasa política de acercamiento a los gobiernos comunistas a través del acuerdo con el gobierno chino, por el cual entregó a la Iglesia y a sus mártires, a las decisiones del Partido. Y Francisco respondió no recibiéndolo sólo a él en sus habitaciones del Gemelli sino acompañado del Sustituto Edgar Peña Parra, a quien prefiere. Una suerte de humillación para el Secretario de Estado: en el lenguaje Vaticano, es un signo claro de que el pontífice no confía en él y por eso quiere testigos en los encuentros.

Por otro lado, es probable que sea justamente esta acelerada de Parolin en su carrera la que le desgracie la elección. En mi opinión, si es cierto que existía la posibilidad de que se cambiaran algunas reglas del cónclave —se hablaba de la posibilidad de que la elección fuera por mayoría absoluta y no por los dos tercios, y que no se admitiera a las congregaciones generales previas a los cardenales que no son electores—, esa posibilidad la ha cancelado Secretario de Estado por su apresuramiento. En efecto, si la elección fuera por mayoría absoluta, al segundo día del cónclave asomaría sin duda Parolin en la loggia, y el más interesado en vetar a los purpurados mayores de ochenta años la posibilidad de hablar, es justamente él mismo. Y esto es así porque sabe que es allí, en las congregaciones generales, donde sus enemigos lo mostrarán tal cual es. Y el más importante de ellos es el anciano cardenal chino Joseph Zen. Este ha dicho: “Parolin tiene la mente envenenada. Tiene modales muy dulces, pero no confío en él”. Y también: “Parolin sabe que es un mentiroso y el Papa está siendo manipulado por él”. Nadie querría que un anciano venerable, que carga sobre sus espaldas años de persecución y cárcel, lo exponga con esa claridad frente a quienes serán sus electores. No creo, por tanto, que el Papa Francisco esté dispuesto a cambiar reglas que sólo favorecerán a su contrincante.

¿Qué es lo quiere entonces Francisco? ¿Cuál es su delfín? Difícil saberlo; como dice el adagio, nadie sabe lo que hay en la mente de un jesuita. Probablemente su preferido sea el cardenal Mateo Zuppi, a quién aupó de simple cura romano a arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y tiene como plus que se odian mutua y cordialmente con Parolin. Sin embargo, como explicaba la semana pasada Sandro Magister, y a pesar de que Zuppi es miembro de la Comunidad de San Egidio, no es el candidato de esta poderosa e influyente comunidad por esa misma razón: difícilmente los cardenales votarían por alguien que, si fuera Papa, el verdadero poder no estaría en él sino en sus confratelli, comenzando por el fundador Andrea Riccardi. El candidato en las sombras sería el portugués José Tolentino de Mendonça, prefecto del dicasterio de la cultura.

Tolentino es un candidato que tiene papeles. Nacido en Fuchal, isla de Madeira, vivió muchos años en Angola y luego en Lisboa, donde ejerció labor de docencia universitaria y actividades culturas varias, siendo autor además, de libros de poesía, una especie de Vincenzo Pecci redivivo. También, como Zuppi, fue elevado de simple cura lusitano a cardenal por capricho del Papa Francisco. Su elección aseguraría que la Iglesia terminara convirtiéndose en la garante de un cristianismo cultural que, sin despojarse de los aspectos dogmáticos o morales, los dejara más o menos de lado para dedicarse a sostener los valores culturales cristianos en diálogo con las demás religiones. Una Iglesia modosita, habitada por los bien pensantes y alejada de los extremos.

Pero, ¿tiene chances verdaderamente el cardenal Tolentino de ser elegido? Difícilmente. Dos importantes factores juegan en su contra. En primer lugar, no tiene experiencia pastoral; jamás fue párroco ni vicario parroquial; ni tampoco obispo residencial. No tiene olor a oveja sino a libros y vernissages. Y en segundo lugar, y más importante aún, tiene 59 años; es muy joven. No creo que ningún cardenal se convenza de votar a una persona que hace prever un papado de veinticinco o treinta años, porque si en vez de pato sale gallareta, estamos fritos.

En definitiva, que es una muy buena noticia para la Iglesia que el Papa Francisco haya retornado a Santa Marta y que permanezca con vida algunos meses más, los suficientes para frustrar las aspiraciones de Parolin que es la opción más tenebrosa a la que podría ser arrojada la Iglesia.

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P.S.: Alguien podría preguntar lo siguiente: Si el Papa Francisco no lo quiere a Parolin, ¿por qué no lo saca, así como sacó a Müller o a Burke? Es muy sencillo: porque Francisco decidió no enfrentar la casta.

A la Iglesia la gobierna, desde hace siglos, una casta, para hablar en términos mileístas. Para bien o para mal, es así, y sin la casta, o sin un pacto con la casta, ningún Papa puede gobernar. En el último siglo pasaron nueve papas, sin contar a Juan Pablo I. De ellos, cuatro no pertenecieron a la casta: San Pío X, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El resto —Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI— eran parte de ella. Quienes no lo fueron, se aliaron rápidamente con ella, a excepción de Ratzinger. San Pío X eligió como secretario de Estado a Rafael Merry del Val, parte de la casta desde que era seminarista y Juan Pablo II al cardenal Agostino Casaroli, flor y nata de la casta vaticana. Benedicto XVI la conocía muy bien: había convivido con la casta durante veinte años, y sabía cómo actuaba, y sabía de lo que eran capaces. Y fue el único que tuvo agallas para nombrar como su segundo al cardenal Tarcisio Bertone, extraño también al grupo. Y así le fue. Es verdad que Bertone no era el indicado, por torpe y frívolo, pero la casta le tendió al pontífice todas las trampas posibles. Y cuando éste redobló la apuesta y nombró una comisión investigadora a la curia romana, es decir a la casta, cuyo resultado fueron dos grandes cajas, tuvo que renunciar. Y la casta no lo perdonó ni siquiera después de la renuncia: eligieron a Bergoglio en vez de Scola, que era su candidato.

Francisco, que sabe cómo moverse en los círculos del poder y a pesar de sus cacareos de reforma de la curia, lo primero que hizo fue dejarle claro a la casta que trabajarían juntos: nombró a Mons. Battista Rica, vedette de la mafia rosa, en un alto puesto en el Vaticano y aceptó sin chistar la “sugerencia” de los cardenales Achille Silvestrini y Jean Turan, y trajo a Pietro Parlin como secretario de Estado, relevándolo del exilio en Caracas al que lo había enviado Benedicto XVI, que sabía muy bien quién era.

El Papa Francisco hará todo lo posible para obstaculizar la carrera del cardenal Parolin al pontificado romano, pero no lo echará de su puesto, y mucho menos en esta etapa final de su vida. ¿O justamente por eso se animará a hacerlo? No lo creo. Entre bomberos no se pisan la manguera.

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